La francesa Isabelle Geffroy, mejor conocida como Zaz, se subió al escenario del Luna Park frente a casi 8 mil personas de todas las edades para presentar su tercer disco, Paris (2014), que homenajea a la ciudad de la luz con algunos tintes de tango.

Esta es su segunda visita a la Argentina, luego de agotar dos fechas en Niceto Club el año pasado. La revelación francesa se encuentra en el apogeo de su carrera, después de que su primer álbum homónimo le regalara una lluvia de buenas críticas en 2010, y que su segundo álbum, Recto Verso (2013) fuera certificado como doble platino en Francia. 

“Como no es posible que todos vengan a París, yo vengo acá”, dijo Zaz, a sus 35 años, leyendo de un papel que tenía apoyado en el piso, apenas comenzó el show. Son siete músicos quienes la acompañan en escena: bandoneón, saxo, guitarra eléctrica, acústica, trompeta/clarinete, batería y teclado. 

Su propia voz suena como un saxo, con el que logra jugar en una simbiosis de densidad, profundidad y variación de tonos y timbres. Incluso, se pone la mano en la boca y hace un beat-box de una perfecta trompeta que sorprende y decora sus chansons de jazz, R&B, swing, soul, gypsy jazz y algunas influencias latinas, como la salsa. 

A pesar de la diferencia de idiomas, el público cantó cada uno de sus hits como Eblouie par la nuit, Les Pessants, On Ira o Gamine, apelando a la fonética si hacía falta.

“Un regalo para ti.. para vosotros, ustedes”, se corrigió Geffroy, mostrando una agigantada sonrisa y levantando los hombros antes de entonar una canción en un español bien pulido y estudiado. “¡Trompetaaa!”, gritó para introducir el solo del trompetista.

Todos tuvieron su momento de exclusividad, ya que –a juzgar por los gestos que le hacía Zaz al sonidista– la intención era que se escuchara cada instrumento tanto como su propia voz. Zaz se cambió de vestido tres veces, un poco por coquetería y otro poco por los 30 grados que se alzaban en el estadio. Sin embargo, su energía y conmoción le permitió agitar al público durante las dos horas de recital. En una de las pausas de sus cambios de vestuario, la banda se puso a tocar Minor Swing, el hit del fundador del gypsy jazz, el belga Django Reinhardt, como para terminar de dejar en claro por qué los catalogan como una banda jazzera. 

La versatilidad de la cantante se puede apreciar cuando su sonrisa resplandeciente se transforma en dos segundos en una angustia a lo Edith Piaf (con quien la comparan constantemente). 

El estadio entero terminó de pie bailando Je Veux, antes de que la banda regresara por dos canciones más para el bis y Zaz finalizara el recital pidiendo donaciones para los más necesitados, cosa que terminó de enamorar al público argentino, una vez más.

Fotografía: Gigriders