Tracks viejos, trance kraut, melancolía y rock fuerte. Solo hizo falta un escenario austero, pocas palabras y muchas notas en el aire para explicar por qué hacía falta este show en el país y por qué es probable que necesitemos otro más.

Jeff Tweedy lo hizo. Fue él quien decidió despegarse de las cenizas tradicionalistas de su anterior banda Uncle Tupelo y así redefinir el rock americano a través de Wilco. Fue él quién eligió sus mejores armas, desde los tiempos vertebrales de su sociedad con Jay Bennet, a la mutación establecida por la escudería muscular que se sostiene desde 2004. Y fue esa banda la que dio un show memorable en el BUE 2016, en su primera -y muy esperada- visita latinoamericana
 
Siendo esta la oportunidad, Wilco no se guardó nada. Desempolvó tracks viejos (Box; Full of Letters; Misunderstood), creó un trance kraut (Art of Almost; Spiders (Kidsmoke)), puso melancolía (Via Chicago; Jesus, Etc) y rockeó fuerte en I Got You, I’m Always in Love, y el casi obligado Impossible Germany. En este último, como era de esperarse, Nels Cline se despachó con un solo de licks furiosos a mitad de camino entre el free jazz y el hardcore. Pero es en la suma de las fuerzas donde el sexteto se hace mas fuerte. Las imaginación en las texturas de los teclados de Mikael Jorgensen y Pat Sansone, la adusta linea de cuatro cuerdas de John Stirrat y la muscularidad en la batería de Glenn Kotche, funcionaron como una máquina imparable.
 
A lo largo de una hora cuarenta y cinco minutos, la banda se dedicó a hacer música y nada más. Solo hizo falta un escenario austero, pocas palabras y muchas notas en el aire para explicar por qué hacía falta este show y por qué es probable que necesitemos otro más.