El espectáculo basado en las canciones de Soda Stereo regresa a la Argentina después de recorrer todo el continente durante un año y medio. Y todo indica que la gira terminará para siempre.

A fines del mes pasado, el espectáculo del Cirque du Soleil con música de Soda Stereo regresó al país. Ya estuvo en Córdoba, Mar del Plata y Rosario, para culminar en Buenos Aires, la ciudad de la furia, donde también terminó El último concierto, de 1997, y Me verás volver, en 2007.

Una gira de un año y medio encierra muchas historias, anécdotas y datos que revela Diego Sáenz, productor ejecutivo del show y CEO de PopArt. “La primera vez que fuimos a la sede del Cirque en 2013 –cuenta– dijimos que podíamos vender un millón de tickets en la gira, basándonos en lo que fue la reunión de Soda Stereo en 2007. Nos miraron como diciendo que era imposible, pero estamos terminando la gira habiendo vendido un millón y medio, lo que nos da la sensación de haber hecho lo correcto”.

¿Se imaginaban semejante éxito?

-Al principio no teníamos el objetivo de vender esa cantidad de tickets, porque a esa altura solamente queríamos hacer la obra y que se concretara. Se trataba de hacerlo y construir una gira lo mejor que pudiéramos, con un formato que no sabíamos cómo iba a ser.

En la página oficial del Cirque lo llaman “The Arena Tour”.

-Sí, pero de entrecasa la llaman “La gira híbrida”, porque vamos a ciudades donde no hay estadios cerrados tipo arena. El desafío era montar un show en centros de convenciones o lugares de deportes como el Luna Park.

Muchos no entienden por qué termina…

-No es posible seguir porque esto se lleva a cabo con los artistas que hacen los números. Son artistas únicos, y cuando uno para, ellos necesitan seguir trabajando, incluso por el hecho de ser como deportistas de alto rendimiento que tienen un límite de edad, así que van a otros proyectos. A nivel de producción habría que armar otra obra, directamente. Me acuerdo de que al comenzar queríamos que durara diez años, pero no entendíamos cómo se hacía eso y realmente no sabíamos qué iba a pasar con el show. Soda Stereo tiene un público muy particular y no se puede ir a Europa o China, porque lo cierto es que Sép7imo día es una celebración a lo que fue Soda Stereo, y si no sabés lo que es Soda, te perdés la mitad de la obra. No es un show donde simplemente se presentan números acrobáticos, sino que hay una conexión emocional.

¿Qué anécdotas recordás de la gira?

-En Lima, por ejemplo, tuvimos que cambiar fechas y lugares porque los 23 camiones quedaron varados sin poder cruzar la Cordillera por una tormenta muy grande de nieve. Aparte, fue la primera ciudad donde usamos una estructura muy grande que es como un Luna Park portátil, que mide 90 metros por 60, con 23 de alto, como un hangar gigante. En Colombia, la gente cantaba los temas tan fuerte que teníamos que subir el nivel del sonido. Cada público era distinto. A México llegamos poco después del terremoto y aún había una percepción muy fuerte de la tragedia, así que en el video “Cuando pase el temblor” pusimos “Fuerza México” y fue muy emocionante. Y a Costa Rica fuimos cuando se supone que no hay lluvias y viento, pero nos tocaron vientos de 80 km/h. ¡Tuvimos que construir una pared de viento enorme, agarrada a los contenedores, una locura!

¿Cómo viste el entusiasmo de Charly Alberti, Zeta y Laura Cerati?

-Charly, Zeta, Laura y el resto de la familia Cerati, igual que el mánager Daniel Kon, fueron fundamentales. Por un lado, Zeta y Charly volvieron a trabajar juntos y pasaron un año y medio con el audio. Creo que al principio no tenían idea de la dimensión y todo lo que iba a tomar de ellos. Lo mismo pasó con la familia de Gustavo, porque tanto Laura como los hijos [Benito y Lisa], la otra hermana [Estela] y la madre [Lilian Clark] estaban muy al tanto del proyecto y opinaron a medida que se iba haciendo todo. Estamos muy orgullosos de que haya ocurrido así, porque eso después se traslada al que lo ve.

Si tuvieras que hacer todo nuevamente, ¿qué cambiarías?

-Creo que hubiéramos planeado la gira entera, de una vez y no en dos partes. Pero nunca habíamos hecho esto y el Cirque no tenía ninguna experiencia similar. Para los dos fue un poco de prueba y error. Pero no nos arrepentimos de nada.