Ante 25.000 personas, la banda liderada por Juanse regresó a los escenarios después de 6 años.

“¿Están bien? ¿Se escucha bien? ¡Viva el rock ‘n’ roll!”, dijo Juanse ante las 25.000 personas que estaban en el Hipódromo de Palermo, en el marco del Isenbeck Rock N’ Chop. Fue un grito de guerra que pareció sintetizar treinta años de eso: rock ‘n’ roll que está bien.

Y lo que está bien, es el hecho de que los Ratones Paranoicos se tomaron dos horas y media sin respiro para un set implacable. En treinta y dos canciones, una detrás de otra cayendo como fichas de dominó, Juanse, Sarcófago, Roy Quiroga y Pablo Memi demostraron que siguen gozando de una vitalidad revestida de un espíritu clasicista. Es decir, anunciado como un regreso luego de seis años, el grupo salió con un puñado de hits obligados para todas las audiencias: desde los iniciáticos Sucia estrella, Vicio, Carolina hasta los de la era más moderna, como Sigue girando, La banda de rock & roll y Para siempre.

Entre medio, también hubo lugar para pequeñas revelaciones (el nuevo Yo te amo), búsquedas para fundamentalistas (Un vodka doble) y hasta temas laterales (el proto-punk Líder algo especial). En todos ellos, la máquina paranoica se aceitó con inteligencia y destreza precursora de un género que desde 1983 sigue cultivando nuevos exponentes. Quiroga y Memi solos pueden dar pelea en el podio de las mejores bases rítmicas locales, mientras que Sarcófago sigue construyendo ese confiable escenario de riffs que Juanse necesita para desatarse en solos alternados entre tappings y fraseos estudiados en la escuela del Carpo.

Tratándose de una celebración de ellos hacia ellos, no faltaron espacios para que Quiroga mostrara su ductilidad en los parches de Boogie, como también la participación de Fabián “Zorrito” Von Quintiero en teclados (a quien el cantante presentó como aquel que “vino cuando la banda estaba por disolverse”) para La calavera, y que en tándem extendieran los finales de Isabel y La nave con una jam de caños y coros a todo vapor rolinga.

Ya sobre el final, y con la mirada puesta en los himnos, Enlace puso a sonar aquel sabor casi inadvertido punk de Londres circa 1977 que los Ratones supieron imprimirse a ellos mismos. Recién ahí, Juanse logró liberarse por completo en su ritual de lo habitual con micrófono en mano desde la altura de las torres de sonido. “Viva el rock ‘n’ roll. Viva la Argentina. Por eso estamos acá”, sentenció. De ahí al cierre triunfal con Para siempre, el humo, las luces y los papeles de colores por encima del público fueron suficiente para cimentar la idea de que el rock & roll está vivo. Y está bien.