El año pasado, la casa de Vitico Bereciartúa se prendió fuego y él perdió todo menos su capacidad creativa. Hoy celebra el lanzamiento de su nuevo álbum, 'Equilibrio', una nueva fuente de rock and roll en estado puro.

Lo que no te mata te fortalece. Eso debe haber pensado Víctor Bereciartúa, popularmente conocido como “Vitico”, cuando las llamas que consumieron su casa en el Tigre se llevaron todo lo que tenía el 10 de marzo de 2016, fecha en la que su amigo Pappo hubiera cumplido 66 años. Pragmático como es, Vitico se abocó a la ardua tarea de comenzar otra vez a la edad en la que muchos otros hombres van pidiendo la última ronda de cafés tras la comilona de una vida. “Esta es la segunda casa que se me incendia; la otra era la de atrás, hace 12 o 13 años. Tenía que ser: fueron años muy fogosos”, dice Vitico y lanza una risotada. “Las dos eran de madera y las viví a full durante 50 años. Y también las sufrí a full. Tengo recuerdos muy divertidos, como el de intentar cruzar al Pity Álvarez con la corriente en contra; de ahí salió la idea del tema Larga distancia de Riff, que decía ‘Vengo remando contra la corriente’. Después de lo que pasó volví a una casa cercana para ver cómo había quedado todo, y cuando me iba, me caí al agua. ¡Basta! ¡La próxima voy con un brujo!”. 

No por nada el nuevo álbum de Viticus se llama Equilibrio. Un disco con una sobria tapa blanca que justo en el centro tiene el logo de la banda y ninguna otra cosa, por eso de que “menos es más”. La portada parece no decir nada, hasta que empieza a sonar el disco y un rock perfectamente equilibrado se hace presente con todos sus atributos: el rock y el roll. “Siempre me han dicho que soy un desequilibrado, y por eso busco el equilibrio –reflexiona Vitico–, lo que no quiere decir que lo haya encontrado. Pero el sonido de Viticus sí es equilibrado, lo que demuestra que algún tipo de equilibrio tengo. En lo demás… Nunca pude con la bicicleta como los otros, no me resultaba tan divertido como al resto. No soy para las dos ruedas: necesito por lo menos cuatro. Y preferentemente de metal”. Toma un sorbo de agua y prosigue: “Más allá de que tocamos temas de Riff siempre, en todos los shows tocamos Ruedas de metal como tributo a Pappo. He tenido mucha suerte de contar siempre con grandes guitarristas a mi lado, como el Carpo, Nico, Sebastián y ahora Gastón Videla”. 

Puede que perder todas sus cosas en un incendio no haya desequilibrado a Vitico tanto como la muerte de su amigo Pappo en ese infame día de febrero de 2005. O la partida de su hijo, Nicolás Bereciartúa, que fue parte de Riff y también de Viticus. “La partida de Nico sí alteró el equilibrio de Viticus, aunque hay que reconocer que la relación entre Nico y yo estaba muy deteriorada. Pero cuando escuché lo que hizo, que es muy bueno, entendí perfectamente que tenía que ser así, y que no lo podría haber hecho estando con Viticus. O sea que decía la verdad; en algún momento, hay que romper con el padre. Él lo venía diciendo, y el que avisa no traiciona. Me costó soltarlo, y lo superé cuando descubrí a Gastón Videla, que realmente toca muy bien. Desde ese momento dejé de sufrir tanto”. 

Equilibrio es un disco de disfrute, de entrega y de poner la vista al frente remando contra la corriente de la adversidad. En Hay que seguir adelante, uno de los temas de Equilibrio, la letra alude directamente al asunto del incendio: “Cuando desperté entre los gritos y el humo / supe que iba a perder todo lo que una vez tuve. / No me quedó nada de mi vida pasada, / se la llevó el fuego y la dejó incinerada. / Llamas importantes por atrás y adelante. / Pero no hay que aflojar, / el que abandona no tiene premio”. “¿Ves? Ese tema me cuesta hacerlo –reconoce–. Por suerte, mi cerebro funciona de tal forma que pone las cosas que no le gustan en un archivo y no las piensa más. Te aseguro que fue tan grande la alegría de descubrir que tanta gente me quería y colaboraba conmigo que una pérdida material no me afecta. Lo material va y viene. Y lo que pasó, pasó y listo. Estoy filosófico; siento que he evolucionado y mejorado como persona”.  

Tras el accidente, la oleada de solidaridad en torno a la figura de Vitico fue como un bálsamo reparador, y a la vez abrió una ventana de oportunidad. “Fueron varios, pero entre ellos, me llamó Patricio Claypole, y me dijo que tenía su estudio a mi disposición. Nos alquilamos una casita en General Rodríguez y en tres días metimos las bases. Y grabamos todo en cinta de dos pulgadas; ese es el secreto del sonido. Después de lo que pasó, dije ‘Es ahora o nunca’. El incendio de mi casa me impulsó. Lo hicimos, y estoy contento con el resultado”. 

Vitico, que hoy tiene 69 años, nunca le sacó lustre a la chapa que lo acreditaría como auténtico pionero del rock argentino. La gente lo conoció como bajista de Riff en los 80, pero ya a mediados de los años 60, comandaba su bajo al ritmo del beat en el grupo Los Mods, con el que hacía covers de The Kinks y The Animals. Luego pasó por los Vips, por Alta Tensión, por La Pesada del Rock and Roll y por La Joven Guardia. Dio cursos de historia de rock en el célebre Instituto Di Tella y después se fue a curtir el rock en Europa. Recién cuando regresó, volvió a juntarse con Pappo para modelar junto con Michel Peyronel y Boff la poderosa maquinaria de Riff.  

“Los tiempos cambiaron tanto que ahora ponés un celular a grabar un ensayo y te sirve. Me acuerdo de que antes teníamos que ir con una parafernalia de cosas. Para grabar en lo de Pappo, transportábamos una consola TEAC de cuatro canales. Que sea rock lo maquinamos en una de mis casas que se quemó, con otra consola muy grande y un grabador de casetes que manejaba el joven Boff. Los otros días volví a ver esa consola y me pareció un aparato antediluviano”.  

Con la experiencia que le da el haber sobrevivido a medio siglo de rock and roll, Vitico ha incursionado recientemente en el papel de jurado del programa televisivo Rock del país, tarea con la que dice sentirse muy cómodo. “Me llevo bien con todos; Marcelo Moura es un tipo muy gracioso. Si me hubieran preguntado dos años atrás qué pasaba con el rock aquí, tendría que haber dicho que no sé, pero ahora he visto bandas de pibes de 20 años que tocan y que cantan muy bien, y componen sus propios temas. Esto no es fácil, al comienzo cuesta conseguir cuatro que quieran hacer lo mismo. El año anterior ganó una banda de hip hop que son como diez mil sobre el escenario, pero en esta edición ganó una banda de rock: Perros de Presa. Son mis perros, más que mis pollos”.  

Hoy, Vitico está listo para salir a la ruta una vez más. Como canta en otro de los temas de Equilibrio: “Muchos años sobre un escenario, / no hay nada mejor que esto”. Ahora, frente a Billboard, lo ratifica una vez más. “Sí, el escenario sigue siendo lo mejor. Tomando todas las precauciones: que esté bien el sonido, que los guitarristas no suenen demasiado fuerte y que la base se escuche bien. De eso se trata: de que la gente reciba algo bueno. Yo viví un par de años en Inglaterra y todos los fines de semana iba a ver grupos: Uriah Heep, Deep Purple, Led Zeppelin… y salía siempre feliz, alegre y contento de cada show. Con Viticus trato de lograr eso: que la gente se vaya mejor de lo que vino”.