Luego de 45 años, condenaron a nueve exoficiales del Ejército de Chile por el asesinato del cantor, profesor y director de teatro Víctor Jara. Repaso de la causa y las reflexiones de músicos que continúan su inabarcable legado.

“Pongo en tus manos abiertas / la risa y el golpe, / la esperanza y la protesta. Surge un grito que cruza / la larga extensión del territorio”. Un músico cierra los ojos e invoca al cantor. Estos fueron los primeros versos que salieron de la garganta infinita del trovador chileno Víctor Jara. Con ellos dio inicio a su disco Pongo en tus manos, editado en el año 1969. Podrían ser las palabras, también, de aquellos que siguieron luchando para que su voz no se evapore entre la cordillera. De aquellos que ahora escuchan el veredicto que reciben algunos de los responsables de su captura ilegal, su tortura y su muerte. De asesinar en pleno canto a Víctor Jara.

El 29 de junio pasado se condenó a nueve exoficiales del Ejército a prisión efectiva por el secuestro y asesinato de Víctor Jara y Littré Quiroga. Es una sentencia de primera instancia, adjuntada en un documento de 342 páginas, que no alcanza pero que sirve de antecedente a la lucha por los derechos humanos en una sociedad donde el pacto de silencio con las fuerzas armadas, y en consonancia con la justicia, sigue tan rígido como las botas de un asesino. 45 años tardó la justicia para comenzar esta reparación histórica.

Pese a esto, y con los recaudos necesarios, la familia de Jara, a través de un comunicado, dijo: “Sin duda este fallo es una derrota importante para los que quieren negar la historia y un duro golpe a la impunidad. Pero también es cierto que un fallo condenatorio que llega después de 45 años difícilmente puede ser considerado justo”. A su vez, su esposa, Joan Jara, y sus hijas, Manuela y Amanda, aclaran que su lucha no termina allí: “Quedan varios procesos judiciales que enfrentaremos con la misma convicción de siempre para que se haga justicia, no solo por Víctor y Littré, sino también por todos quienes sufrieron el terrorismo de estado que reinó en Chile bajo la dictadura cívico-militar”, dijeron a través del sitio web de la Fundación Víctor Jara.

Nacido en el año 1932, Víctor Jara es el Yupanqui de Chile. Su aporte a la música y a la cultura es el tronco fundamental de la canción social trasandina. Junto con Violeta Parra representan el horizonte de cualquier artista, el sol que asoma para darle vida a todo lo nuevo. Jara, además, fue director de teatro, profesor y activo militante del Partido Comunista. Así de justa es esta noticia.

A desalambrar

“Víctor merece siempre lo mejor de nosotros”, dice la acordeonista, compositora y cantante Pascuala Ilabaca. En el medio de la gira europea por la presentación de su nuevo disco, El mito de la pérgola, Pascuala abre una ventana que da directo a la plaza de Lisboa y piensa en Jara: “En el canto popular está contenida la historia y la memoria de nuestro país, Víctor Jara representa plenamente la identidad sonora, poética, dramática y lúdica chilena, porque además de incorporar ritmos, instrumentos, culturas migrantes, memoria, poesía en su obra, genera, de manera únicamente comparable con Violeta Parra, lazos transversales que unen todas las disciplinas artísticas populares”.

Respecto al fallo, indica lo inevitable: “Falta el responsable de los balazos, él está en los Estados Unidos, y lo peor es que uno no sabe si será mejor la extradición o la condena en Chile”. Después de torturarlo durante cuatro días, el 16 de septiembre de 1973 Pedro Barrientos ordenó la ejecución de Jara. Lo acribillaron con 44 impactos de bala. “Veo muchos temas por resolver en forma inminente como réplicas a este remezón”, advierte Ilabaca, que explica que si el Estado ha de compensar a las víctimas debiera ser con fondos de la Armada de Chile, quien es directamente responsable de este y los demás asesinatos. “¿Se dará cierre a la cárcel Punta Peuco, cárcel de lujo, en la que cumplen su condena los torturadores y asesinos de la dictadura?”, cierra la compositora nacida en Valparaíso.

Juanito Ayala fue el fundador y uno de los compositores de la reconocida banda Juana Fé. También escribió “La bala”, una canción que el pasado junio sonó en muchas radios del territorio chileno. Estos son los primeros versos del tema que mezcla ska, reggae en segunda y murga: “¿Quién tiró la bala para Víctor Jara / la que le dio en la cara?”. “La canción me recuerda que en cualquier momento pueden volver a ocurrir ese tipo de crímenes”, explica Juanito con su pequeño hijo en brazos. Advierte que además del impulso de Víctor, es una letra que menciona a cuatro compañeros que fueron asesinados por fuerzas especiales de carabineros de Chile en democracia (Matías Catrileo, Alex Lemun, Claudia López y Daniel Menco). “Yo tenía 18 años cuando mataron al primero, y con el tiempo, esa canción representó para muchos una realidad que no deja de ocurrir por todo el planeta. Describe la violencia que ejercen los Gobiernos contra los que buscan transformar esta sociedad, Víctor simboliza un poco a todas esas víctimas”, asegura. “¿Por qué no están los gallos rojos / saludando en el sol?”, dice la que podría ser la canción hermana menor de “El matador”, de Los Fabulosos Cadillacs.

Aunque Nano Stern ya cuente con siete discos de estudio, algunos en vivo, haya girado con los históricos Inti-Illimani y compartido música con Quilapayún, es el fiel reflejo de una generación joven de cantantes en Chile. Multiinstrumentista y compositor, Stern se siente cerca de Jara no solo por el canto social y la trova que desarrolla, sino porque protagoniza el testimonio de sus amigos. “Me considero muy afortunado de poder sentirlo cerca a nivel humano, porque tengo amigos que fueron sus amigos. Eso ayuda, también, a desmitificarlo. A bajarlo de ese lugar de mártir que hace mal en cuanto a la compresión de un ser humano como tal”, explica el músico desde Santiago de Chile. “Creo que es dañino y que hay alguna intencionalidad por parte del establishment de convertir a Víctor Jara, como a Violeta Parra, a Salvador Allende o a Neruda, en personajes inalcanzables”, y dice, y asegura, que al despojarlos de su humanidad también dejan de ser un modelo real por seguir, como alguien que les puede mostrar un camino. Siendo mártires pasan a ser como San Pedro, “algo así como alguien perteneciente a un mundo que va más allá de lo que los seres humanos podemos aspirar”, concluye.

La madre de la compositora y música Camila Vaccaro se cruzaba en las peñas a Víctor Jara. Abanderada de la generación más joven de la canción, dice que su vínculo con Jara viene desde pequeña. “Su música sonaba en la cocina de mi casa, pero bajito… yo nací en la dictadura. Mi mamá tenía fotos de Víctor, pero estaban guardadas. La socialización de eso no lo era tanto en la primera infancia. Había muchas sombras, y mi mamá me aconsejaba que no lo escuchara en cualquier lado. Había que tratar de contenerlo, pero ya está; apenas se pudo, la cuestión se echó a correr”, explica una de las integrantes de Ikanusi desde Buenos Aires; está en medio de una gira, dando sus primeros pasos en la tierra de Yupanqui y Charly García.

Pero el canto siguió. Brotó. “Ese material del canto consentido, del canto que debe involucrar un compromiso para con la vida y con el lugar que uno habita está muy arraigado en la cultura nacional y, sobre todo, en el canto popular. Ahí, entonces, Víctor Jara viene a ser como uno de los padres de estas generaciones”, reflexiona Vaccaro, y su colega Ilabaca se imagina desde su ciudad natal: “En Valparaíso, Víctor se escucha en el cerro; los días de viento para encumbrar un volantín, la feria, las noches de baile, las tardes de tristeza y frío, las noches de fogata y colectividad”. Cuenta que tiene los vinilos del cantor en su casa del cerro, pero que muchos días se contiene de escucharlos por la pena y la injusticia que siente. “Fue tan terrible su muerte y bellísima su obra, y tanto es el amor que quiso darnos que no sé si alguna vez podré escuchar a Víctor sin un nudo en la garganta”.

Juanito Ayala se confiesa y a la vez une las músicas de América del Sur: “Aunque no lo creas, llegué a Víctor Jara porque Los Fabulosos Cadillacs lo nombran en ʽEl matadorʼ. El ska latino fue la primera música que comencé a escuchar con atención. Ya con los años pude entender mejor la obra de Víctor, y cada vez aprendo más de su trabajo y las historias que hay detrás de sus canciones”. Y Nano Stern, que fue el responsable de ponerle música a la jornada del relanzamiento de seis vinilos de la obra de Jara hace unos meses, cuenta: “Te puedo confesar que esa fue la experiencia más fuerte de mi vida. Canté un par de canciones de Víctor con su familia presente, con Joan, con sus hijas. Fue muy estremecedor, muy bello, y siento que el camino de conocer su música y de conocer su espíritu que se plasma en esas canciones es un proceso interminable, es una obra absolutamente trascendental, temática y temporalmente, y por lo tanto seremos eternos aprendices”.