Dos hermanos cordobeses arman una nave de house autóctono con melodías adhesivas, existencialismo trasnochado y vestigios del Spinetta más espacial.

Las 11 canciones del debut homónimo de este dúo de hermanos tienen desparpajo e inventiva, y guardan en ellas el secreto poder liberador del pop. Son confesiones de amor nocturnas hechas con la franqueza de la desesperación y la lucidez de la última esperanza.

Si el nuevo lugar común del indie pop es el tecno kitsch, con su minimalismo ascético y su desnudez vocal como versión pop del do it yourself (y en tu casa), Edu y Pancho Valdes no se quedan en la monotonía del canon. Sus canciones son simples pero buenas, y su música tiene profundidad y clima; no se trata solo de trabajar por capas, sino de dar dinámica a los elementos. Hay un paisaje colorido de secuenciadores y teclados, máquinas de ritmo y cámaras, pero también pulso humano en la voz prolija de Pancho y la guitarra encendida de Eduardo. En Brillar, un colchón de teclas ahogadas va surgiendo entre destellos de guitarras mientras Pancho le canta a una chica qué es lo que de verdad le conviene: “Yo sé que él para vos es lo más, yo sé que vos para él, una más”. En Ven hacia mí, donde trazan hermandad con el dúo Hipnótica, repiten el recurso con igual puntería hasta construir un perfecto hit midtempo de amor platónico. El tiempo, junto a Tomás Ferrero, trae recuerdos del Cerati de Bocanada, mientras que el instrumental Luz se despega del formato canción para homenajear con espíritu libre al Spinetta de Los ojos Silver Sorgo.

Valdes (Discos del Bosque, 2016) cambió las coordenadas de los hermanos. Pancho había estado dos años en México como vocalista de Cintia Scotch y, a su regreso, se encontró con que su hermano Eduardo –guitarrista de proyectos que unían y mezclaban jazz y rock– buscaba algo de aire propio después de tocar como sesionista en Buenos Aires y Córdoba. Algunas zapadas en la casa paterna activaron los circuitos de undiálogo fructífero: el yin académico e ilustrado de Eduardo, y el yang enérgico y autodidacta de Pancho. El disco fue grabado en Desdémona (Córdoba) y La Siesta del Fauno (Buenos Aires) con participaciones de Florencia Lucena, Santiago Beltramo y Tomás Ferrero, además de los Hipnótica Nahuel Barbero y Hernán Ortiz. La frecuencia pop retumbó hasta llevarlos al Cosquín Rock 2017. El pop electrónico de su primer disco, que los Valdes definen como “house pop con tintes retrofuturistas, arreglos finos y noventeros”, está cambiando la percepción musical de los hermanos. Dice Eduardo: “Me hizo definir y entender un poco cuáles son los valores universales de la música, desprenderme de un montón de prejuicios y entender que, hagas lo que hagas, si es honesto, está mortal”.