Desde Buenos Aires, pasando por los Estados Unidos y recorriendo el mundo junto a Lulacruza, Luis Maurette ha dado forma a un bagaje como productor que se evidencia en su nuevo proyecto: Uji. Un recorrido profundo a través del ritmo y la antropología musical. Y encima se baila.

Entre 2005 y 2017, el argentino Luis Maurette fue una de las mitades de Lulacruza, binomio compartido junto a la colombiana Alejandra Ortiz. Con cinco discos de estudio y un EP de remixes en ese lapso de tiempo, el dúo se convirtió en referencia global de la electrónica experimental vinculada a las raíces musicales del continente americano. A fines del año pasado, el proyecto anunció el cierre de un ciclo y el inicio de otro: la bifurcación de sus dos responsables y el consecuente nacimiento del nuevo alias de Maurette, Uji. A la espera de su primer álbum, su perfil de Soundcloud es una invitación abierta a desplazarse entre remezclas y sets que dan cuenta de una búsqueda en la que la música es la llave para ingresar en un túnel del tiempo y el espacio.

Entre el mundo digital y la evocación de tradiciones ancestrales, Uji plantea un universo sonoro marcado por el trance y la progresiva construcción de climas que remiten a diferentes culturas. Desde hace tiempo, la música de Maurette ya no se restringe a un viaje continental, autóctono, sino que mira hacia diferentes latitudes con la misma inquietud y falta de prejuicio. “Más que un estilo o sonido particular, a mí me gusta pensar que mi música busca el lugar común entre los lugares y sus culturas. Por ejemplo, tengo un track inspirado en la música gnawa del norte de África, pero cuando suena en la Argentina, la gente lo asocia con el malambo y se pone a bailar pasos típicos de acá. Hay matrices rítmicas que se encuentran en los cinco continentes, y para mí, mientras más reconozcamos esos lazos, mejor vamos a entender todo aquello que en realidad nos une”, comentaba tiempo atrás Uji en el sitio Noisey.

Eso es, en efecto, lo que puede escucharse en el remix de Sendero del monte (de Mateo Kingman), que marca el debut oficial de Uji. El arte de combinar los climas, los efectos sonoros y los elementos melódicos es la especialidad de este alumno de Berklee entregado a la pasión por mixturar lenguajes y traducir instintos. Maurette no hace canciones ni sets en vivo: crea mundos imaginarios en los que la expresión artística tiene un componente ritual que va más allá de cualquier forma relacionada al pop. Eso no significa que no puedan aparecer también tracks y reversiones en los que el productor coquetea con Fémina, Miss Bolivia o Mariana Baraj. Ese espectro amplio de colaboradoras da cuenta de una vocación integradora de Uji. Su música no responde a un paradigma u otro, juega un poco con todos. Aunque sea uno de los nombres clave de la comunidad electrónica tropical a nivel mundial, Maurette es un artista de esos que crean su propio lenguaje. Una y otra vez.