La primera línea del jazz argentino y algunos músicos del extranjero le dieron inicio al evento que se realizó en el Valle de Uco, rodeado por la Cordillera de Los Ándes y sonrisas violetas.

Se realizó el primer festival de Jazz en la Provincia de Mendoza. El Uco Jazz Festival es un evento pensado para un dúo letal: el mejor vino del país y la música infinita, con la Cordillera de Los Andes como escenario visual de contexto. Fueron dos jornadas para disfrutar desde su inicio con artistas nacionales e internacionales de primer nivel. El lugar que contuvo a la propuesta se llama Finca Alegría y se encuentra en el corazón de los pagos del Malbec, en el valle de Uco, en un pequeño terruño llamado Paraje Altamira, cerca del pueblo de La Consulta en el departamento de San Carlos. “Bienvenidos a mi casa”, dijo Sonia Ruseler, dueña de la finca y una de las responsables del evento.

El line-up del debut de este nuevo evento estuvo compuesto por integrantes de la primera línea del jazz argentino como Bernardo Baraj, Juan Bayón, Ernesto Jodos y Mariano Loiácono. Pero también tuvo músicos internacionales como Jacques Morelenbaum, Chris Cain y el Quinteto de ensueño comandado por Loiácono con nombres como Anthony Wonsey, Antonio Hart, Ron McClure y el tornado Rudy Royston.  

Aunque los responsables de la programación estuvieron atentos y abiertos, para este género de musical el cupo femenino también es un problema. Aun así, la presencia femenina se hizo sentir en las dos noches. El inicio del festival, por ejemplo, quedó a cargo de la intérprete Julia Moscardini. Con Stablemates (2019) a punto de llegar a las bateas, el repertorio estuvo enfocado en ese nuevo trabajo. Una propuesta exquisita y con un equipo de lujo: Sebastián Loiácono, Ernesto Jodos, Jerónimo Carmona, Maxi Kirszner y Carto Brandan. Durante esa misma jornada, también se presentaron la histórica Déborah Dixon seguida por el piano de Ángel Sucheras y Paula Morelenbaum. Para el segundo día, la representación –y también  la apertura- quedó en manos de Nina Sessions, un proyecto blusero con canciones de Nina Simone desarrollado por un dúo de piano y voz a cargo de Anita Fabiani y An Díaz. Uno de los elementos importantes de la propuesta es que las canciones elegidas representan las problemáticas de las mujeres afroamericanas. “Problemas que actualmente también sufren las mujeres latinoamericanas”, dijo Díaz.

Luego de una calurosa prueba de sonido, Jaques y Paula Morelenbaum se acomodaron en el living de la casa donde se proyectaba la finca. Ambos son una parte importante del desarrollo histórico de la bossa en Brasil. “No hacemos jazz”, dice Jaques mientras reflexiona sobre la mixtura en la música popular brasilera. Junto a Paula, están entusiasmados con el contexto del festival. “El ambiente tiene mucho que ver con la sintonía del vivo”, dice Paula, y luego de enumerar algunas fincas y vinos, habla con devoción de Jobim y de la centralidad de su repertorio en la actualidad. Así es que su show arrancó con “Samba de uma nota só” (Jobim-Mendoça) y, sin dudas, fue el camino alternativo de un evento dedicado a la tradición del jazz. Tan particular y alegre fue el show que Paula, una vez establecida en el escenario, le pidió al público que se acerque y termine con esa solemne distancia. Sobre el final, esa dureza terminó hecha trencito de carnaval al ritmo de “Ela é carioca”.

Cuando el histórico Bernardo Baraj se lanzó a cantar “Los ejes de mi carreta” de Yupanqui, el valle se suspendió y filtró una escena. Es posible, parece decir el saxofonista, amontonar un par de elementos de la música popular argentina y construirlo en la distracción del oyente. De repente, esa densa base que propone la milonga se transformó en el viaje free de un trío suelto y exquisito. Ahí estuvo una pieza fundamental del jazz argentino, convocando a un referente folklórico en el ensueño y permitiéndose la mixtura de dos mundos a priori imposibles. Fue, sin dudas, la secuencia más arriesgada y conmovedora de la primera edición del Uco Jazz Festival.

Y cuando el Quinteto neoyorquino comandado por Mariano Loiácono empezó a tocar “Bluescycle”, un golpe de calidad quedó planteado justo en el cierre de las dos noches. La canción que también es la apertura de Vibrations (2018), el disco que el trompetista argentino grabó en Tedesco Studio (New Jersey), marcó la diferencia con el resto. Fue una conclusión, y un lujo, ver la transformación del predio en un club de jazz. Loiácono, dicen, toca como si fuera la última vez aunque parece tener ganas de volver a pisar esta hermosa finca. Desde la voz de la dueña de casa se escucha el último sólo de algo que quizás se convierta en un standart: “Nos vemos en la edición 2020 del Uco Festival”.