Pocas bandas pueden conjurar elegancia y poder en un mismo show, en una misma canción. Two Door Cinema Club demostró que es una de ellas. Los detalles del concierto que dio antes de su presentación en el segundo día del Lolla.

 

 

En vivo, ellos son más potentes que muchas bandas que se jactan de serlo. Es que al pensar en Two Door Cinema Club es obligatorio imaginar su delicadeza y su marcha a veces alborotada. Pero en la noche del Teatro Vorterix, todo se volvió frenético, un caos maquillado.

Media hora después de las nueve de la noche y luego de la correcta presentación de Barco, los irlandeses pisaron el escenario con la timidez del debutante. Y atacaron los primeros acordes con la seguridad del virtuoso. Cigarettes in the Theatre, el primer track del disco debut, inauguró la lista. Y esos globos de colores que el público había preparado para recibir a la banda casi explotaron por la fuerza de un estribillo que atacó con la fuerza de mil agujas. En ese tema se fundamenta su sonido: una base locomotora obsesionada con el hi hat abierto a contratiempo, la utilización medida de los recursos electrónicos, el estribillo como objetivo primordial y la guitarra jugando detrás. Esa guitarra, ese sonido que Sam Halliday ha construido, se vuelve mente en los discos y corazón en los shows. Ahí está él, saltando, bailando chiquito, trepando a la batería. Sintiendo todo.

Cinco temas de Tourist History pasaron hasta que llegó el primero de Gameshow, su reciente trabajo. Alex Trimble abandonó la seguridad de su guitarra y, como desde hace algún tiempo practica, se arrojó a cantar a micrófono en mano. Dos cosas quedaron claras: el disco debut de la banda se ha revalorizado, ha ganado vigor a partir de lanzamiento del último trabajo, no tan satisfactorio. La otra: después su paso por el país en 2013, han ganado en personalidad y se han despojado de los prejuicios de ser la banda nueva.

Es cierto, a partir de ahí el show cayó por una leve pendiente de intensidad. Pero, como dibujando una V, los momentos finales volvieron a ser musculosos. Siempre escoltados por cinco pantallas rectangulares que desde la retaguardia acompañaban el clima, volvieron a aquellos recuerdos del debut, esos clásicos personales: I Can Talk y Eat That Up, It’s Good For You prepararon todo para el gran final de Sun. Se marcharon, una vez más, con esa timidez de banda novel.

Luego de unos minutos de silencio, What You Know, el hit radial que sí fue entre tantos otros que podrían haber sido, cerró un set de hora y cuarto entre luces de video y un pogo urgente. Pocas bandas pueden conjurar elegancia y poder en un mismo show, en una misma canción. Two Door Cinema Club demostró que es una de ellas.