El británico se presentó en el Luna Park para complacer la demanda del público: los clásicos. Sin embargo, salió de su zona de confort y ofreció versiones alternativas de sus temas.

Tom Jones, que fue declarado Huésped de Honor de la Ciudad de Buenos Aires, se presentó el domingo 11 de septiembre en el Luna Park ante cientos de fanáticos, casi todos de mayor edad: repasó los éxitos más importantes de su carrera y demostró que a pesar de tener sangre británica, en su corazón laten beats norteamericanos.

Las puertas abrieron a las 20:30 para dar lugar al precalentamiento: Iván Noble y su guitarra acústica, un dúo que retrató temas de Abrázame (2016) y desempolvó algunos hits de Caballeros de la Quema. Una hora después, el estadio se llenó de aplausos cuando bajaron las luces y los músicos comenzaron, de a poco, a entrar en escena. Tras un mar de ovaciones, Tom Jones apareció. El show abrió con un trinomio poderoso: guitarra eléctrica, batería y una impecable voz dieron vida a Burning Hell, de Praise & Blame (2010).

“¿Se sienten bien? Vamos a pasar un buen momento”, dijo el protagonista tras esbozar una amplia sonrisa. Acto seguido, recalcó la grandeza de Elvis Presley, uno de sus más grandes ídolos, y explicó: “Allá por los años 70, tuve la suerte de compartir algunos momentos con Elvis en Las Vegas. Me pasé una noche entera escuchándolo tocar y componer, aprendí muchísimo. Pero lo que más recuerdo es lo siguiente…”. Ese fue el pie para los primeros acordes del cover Run On. Más adelante, interpretó la canción que le escribió y dedicó a su amigo: Elvis Presley Blues, de Long Lost Suitcase (2015).

A lo largo de las casi dos horas, pudimos ver que a sus 76 años, Jones no se estanca en lo seguro y apuesta a versiones alternativas de sus temas. Cada canción contó con diferentes y arriesgados arreglos que le dieron un tinte especial y una pincelada rockera al espectáculo.

Durante la primera hora, predominó el rhythm & blues, que se mezcló con el sonido sureño del country. A medida que pasaron los temas, fueron entrando cada vez más músicos en escena: lo que inicialmente fue un trío, terminó con una multitudinaria banda formada por dos guitarras, un bajo, una batería, cuatro instrumentos de viento (saxo, trombón, trompeta y sousafón) y dos teclados.

El momento más conmovedor estuvo a cargo de la mención a Linda Trenchard, la mujer con la que se casó a los 17 años y que falleció de cáncer en abril. “Esta noche voy a recordar a mi esposa con ustedes. Cada vez que yo tenía listo un disco, iba corriendo a mostráselo a Linda, ella escuchaba las canciones y me decía cuáles le gustaban más. En mi nuevo álbum hay una canción que ella amaba, que está escrita por Lonnie Johnson, y dice así…”. Entonces, comenzó a sonar Tomorrow Night.

Cuando tocó canciones de sus últimos discos, Long Lost Suitcase (2015), Spirit In The Room (2012) y Praise & Blame (2010), se lo notó más concentrado que en el resto del recital, en un intento de trasmitir toda su sensibilidad. No obstante, los destacados fueron sus hits. El público estalló con It’s Not Unusual, Kiss, Delilah, What’s New Pussycat, You Can Leave Your Hat On y Sexbomb —que empezó con un lowtempo “cuasiacústico” y terminó a todo ritmo. Hacia el final, la gente, que se encontraba sentada, se puso de pie, e incluso cayeron algunas lágrimas.