20 mil personas asistieron al Hipódromo de Palermo y legitimaron una escena que se llegó a creer una moda y hoy insertó a la Argentina en la escena urbana mundial.

A estas horas, Bad Bunny ya está en Chile para medirse en el Festival de Viña del Mar. Pocos días atrás, fue la espuma en la cresta de la ola. El puertorriqueño puso el broche, como un lacrado de calidad al (primer) festival Buenos Aires Trap que se realizó en el Hipódromo Palermo. Si su poder de convocatoria y magnetismo ya han sido testeados en sus shows en el Luna Park, aquí quedó demostrado que el diálogo artístico está abierto.

Poniendo a un lado a Benito, las 20.000 personas presentes fueron copando el campo desde temprano y se bancaron la lluvia incesante, a veces intensa. Cuando el sol caía, ya se había conformado un público bien heterogéneo, que habla de la omnipresencia del trap latino: pre adolescentes, niñas y niños con sus padres, grupos de amigos rondando los veinte.

El festival fue la coronación para la escena local del género que creció de forma vertiginosa en visibilidad y popularidad, en apenas dos años, desde que la trilogía “Loca”, “B.U.H.O.” y “Hello Cotto”. Esos primeros tracks fueron tan solo la punta de un iceberg que rápidamente se expandió horizontalmente.

Este  puñado de jóvenes artistas viene produciendo canciones, videoclips, recitales y un movimiento potente en las redes sociales. Y aunque hay un público que les responde en los lugares por dónde se presentan, generalmente en discotecas, hubo otro público sub 18, que el sábado tuvo su debut en festivales.

Para el desprevenido y los negadores, al principio todo habrá sonado igual. Pero al poco tiempo se notó como cada quien aportó su sello: Bardero$ se movió en los parámetros del hip hop más clásico, Malajunta trajo la esencia del barrio y su jerga tan personal. Ecko se lució con esa destreza que lo hizo uno de los competidores destacados en las batallas de freestyle. Al igual que Lit Killah, otro de los aclamados. Faltó un poco más de presencia central femenina, solo Cazzu y DJ MAMI, que puso esos reggaetones entre show y show, el festival fue copado por los muchachos.

Sobre el cierre y tras Khea, llegó Duki, un peso pesado del trap ya a nivel latinoamericano. Su show, compacto, fue como un tractor y las producciones de los beats del Duki se destacan por la potencia y épica (“Rockstar” o “Quavo”, con el trío #ModoDiablo). Pero también su vuelo hacia Atlanta (“LeBron” y “Chain de Roque”).

Finalmente y para destacar, se dieron en vivo muchos de los featurings: Cazzu con Khea hicieron “Mi Cubana Remix”, Ecko y Papichamp cantaron “Árabe”, Khea con Duki hicieron “She Don’t Give a FO” y Duki con el chileno DrefQuila se unieron en “Sin Culpa”, por mencionar algunos. Porque más allá de que el rap y las batallas de freestyle siempre alentaron cierta competencia y hasta enemistad (a veces fogoneada en las redes sociales), todos los cantantes se dieron cuenta de que hasta aquí llegaron como una fuerza colectiva. La ola ya rompió, y cuando la marea y la espuma bajen, parece haber todo un terreno fértil para continuar apostando al trap latino. Y argentino.