La banda encabezada por Facu Tobogán sigue construyendo uno de los proyectos más interesantes dentro del indie y deleitando con sus grandes canciones de melancolía, existencialismo herido y agite punk e independiente.

La poesía de Facu Tobogán posa sus ojos en las calles de la ciudad y los edificios como en el cosmos y las rocas que viajan sin rumbo aparente. Naves, planetas, estrellas y luces, pero también veredas, muelles y cocinas. Por cualquiera de estos lugares se pasea perplejo un personaje que piensa el amor y la vida con cierto sabor a final en la boca, o bien a urgencia juvenil. Siempre la madrugada, siempre el peregrinaje interior y los rescoldos de pensamiento, y la lírica y el collage de imágenes oníricas a la manera de algún Dylan.

La música de Tobogán Andaluz (Facu Tobogán en guitarra y voz, Federico Dopazo en bajo, Manuel Larisgoitia en guitarra e Ignacio Kater Tossounian en batería) ofrece baladas crepusculares que explotan intempestivamente y vuelven a bajar, como también temas de admirable velocidad crucero con una cantidad considerable de riffs melódica y tímbricamente cautivantes. Por momentos se asoman el noise y el punk, el indie norteamericano de los 90 de Pavement, Built to Spill y también del garage revival de los 2000. Todo ello con un sentido pop acertado y entrador en el que tal vez sonrían detrás, sentados en el césped, Kurt Cobain y John Winston Lennon.

Los recitales de Tobogán Andaluz son enérgicas muestras de rock a sala llena desde hace años, y sus temas, que relatan penas anhelantes, son coreados y pogueados con alegría.

Desde 2011, Tobogán Andaluz viene mostrando una serie de trabajos –cuatro hasta el momento– con una fuerte impronta personal y un público que no dejó de crecer fecha a fecha y disco a disco. Viaje de luz (una de las joyas que dio la escena under de la última década) fue remasterizado este año.

Ya giraron por muchos puntos del país y por Chile y Uruguay, entre otros lugares. Tobogán Andaluz es un verdadero secreto a voces cada vez peor guardado, felizmente.