Después de convertirse en la nueva referencia de las radios, Abel Tesfaye lanzó su segundo álbum consecutivo en el Nº 1, liberándose de algunas de sus angustias. “Siento que mis estrellas se alinearon y tuve suerte. Hubo un poco de estrategia detrás, pero eso no sirve sin la música”.

Si fueras a lanzar el álbum más grande del último cuarto de 2016, estarías nervioso de que alguien lo escuchara antes de la fecha de salida. Paranoico, incluso. Tu equipo hasta pondría una contraseña para que el periodista avise cuando llegue a la puerta de metal roja de un pequeño estudio de Hollywood.

Pero si fueras Abel Tesfaye –mejor conocido como The Weeknd, que este domingo de noviembre está preparándose para lanzar Starboy, el sucesor de su hit pop de 2015, Beauty Behind The Madness– casi ni te verías nervioso, tranquilamente aparecerías y te sentarías para la entrevista. Estamos en Conway Studios, donde los seis o siete miembros del equipo de The Weeknd están todos en pequeños cuartos, sentados, charlando y riendo discretamente. Nadie pidió ninguna contraseña y nadie da ninguna indicación del torbellino comercial que los va a levantar.

Un par de semanas después de esta entrevista, Starboy debutaría en el Nº 1 del Billboard 200, vendiendo 348.000 unidades equivalentes a álbumes en la tercera semana de apertura más importante del 2016 (también la segunda semana más importante de debut por streaming). Pero hoy es otro día normal. Cuando Tesfaye sale de la sala de control del estudio, está vestido de negro, como siempre: botas Buscemi con detalles dorados, jeans Mr. Completely y una camisa Puma bajo una campera de jean. Su corte de pelo también cambió; desde septiembre que tiene un afro bastante modesto.

Durante el tour del estudio, Tesfaye me muestra un cuarto con un par de pesas y posters de Pamela Grier y Pamela Anderson. “Este es un gimnasio que no uso –afirma–. Prefiero estar un poco menos saludable cuando estoy trabajando. Empiezo a hacer ejercicio una vez que me encuentro de gira. Pero mientras mi cara se vea bien, estoy bien”.

Cada año, la lista de estrellas pop parece hacerse cada vez más chica. La única competencia real de Tesfaye es una joven mujer que pasó del country al pop hace unos años [Taylor Swift], un amigo de Toronto que ayudó a que Tesfaye encontrara su público [Drake] y un rapero de Chicago que últimamente se encuentra de licencia médica y por tanto no puede estar de gira [Kanye West] (una mujer de Houston reina por encima de todos ellos [Beyoncé]). “Abel es un genio –dice Halsey, que lo teloneó durante su gira de 2015–. Si Adele nos robó el corazón al cantar sobre las historias de nuestra vida, Abel te canta la historia de vida que habrías querido tener”.

Tesfaye mide 1,77 metros. Es un tipo calmado al que no le interesa hablar por hablar, si bien contesta todo abiertamente y de forma extensa. Es un hitmaker profesional, radicalmente distinto al personaje egocéntrico en el centro de tantas canciones de The Weeknd. Después de salir con la modelo Bella Hadid duante casi todo 2016, hoy está de novio con Selena Gomez y viviendo en Beverly Hills. Basta con mencionar su nombre a cualquier productor de la zona de Los Ángeles, y la respuesta es “Sí, lo vi en una fiesta hace poco”.

De vuelta en la sala de control, Tesfaye se sienta y termina un bol de cereal. Por un momento, uno puede imaginarse al adolescente fumado que dormía en un colchón en Toronto hace siete años. Antes de mandarse solo, Tesfaye vivió con su madre y su abuela en un pequeño departamento en Scarborough, un suburbio de Toronto. Sus padres son emigrados de Etiopía, nunca se casaron, y de hecho, su padre no está desde que Abel era chico.

Tesfaye lanzó sus primeras canciones como The Weeknd en YouTube en 2010, regaló tres mixtapes en Tumblr en 2011 y rápidamente –si bien casi no se presentó, tenía el apoyo de Drake– se encontró en un torbellino de ofertas. A fines de 2012, Republic hizo un arreglo con el sello XO (de Tesfaye) y relanzó las mixtapes bajo el nombre de Trilogy (llegó al Nº 4 del Billboard 200).

Después de Kiss Land, su primer álbum nuevo para Republic, Tesfaye fue a la montaña: Max Martin. Beauty Behind The Madness trajo consigo todos los hits radiales. The Hills se ubicó en la cima del Hot 100 por seis semanas. I Can’t Feel My Face, por tres. Este año, estuvo nominado para un Óscar (por Earned It, del soundtrack de Cincuenta sombras de Grey) y se alzó con dos Grammy. Desde entonces, bajó la intensidad de la locura y la oscuridad en su música. La voz en el centro de Starboy tiene mucho menos de alma perdida. Con Daft Punk y Martin uniéndose a miembros más antiguos de su equipo como Doc McKinney, Tesfaye se sumió en la luz y más adentro de la pista de baile. Su conocida obsesión con Michael Jackson ya no es solo de palabra: está acercándose a su héroe, al menos en sonido y en forma de trabajar. Después de la entrevista, Tesfaye y su equipo inmediatamente empiezan a discutir nueva música. “Luego de hacer este álbum –me dice–, vamos a seguir trabajando. Tengo ideas y canciones que me quiero sacar de la cabeza”.

¿Te sentís más confiado de lo que solías estar cuando arrancaste?

– Solía estar muy nervioso, especialmente al tocar en la televisión. Normalmente, cuando alguien suena mal, son solo nervios. La gente que se hace famosa por firmar con discográficas, por lo general es buena cantando. Creo que ser conocido ayuda a los nervios. Ahora, cuando me paro en los American Music Awards o en Saturday Night Live, tengo fans. Antes era un cantante indie de R&B y debía demostrar mi valor. Podías escuchar todo en algunos de esos canales de televisión. Ahora, la gente viene y compra entradas. Quieren que me vaya bien.

¿Cuándo te diste cuenta de cómo cambiar?

– Supe después de mi primer Coachella [en 2012]. Miré el video y dije “Tengo que hacerlo mejor. Esta es mi vida”. No estaba satisfecho. Era mi primer show en los Estados Unidos, tocando el segundo escenario principal al anochecer. Una movida enorme. El resto estaba tocando en carpas. Trilogy era un fenómeno, no por la radio, sino por el boca a boca. En mi primer show en el Mod Club de Toronto estaba aterrorizado. Podías verlo en mi cara. Nunca pensé que iba a disfrutar estar arriba del escenario, pero sí. Es una adicción. Mis agentes van a estar felices de haberme oído decir eso. El sello preferiría que no me fuera de gira, pero mis agentes sí. Mi trato con el sello es como una sociedad, como un acuerdo de distribución. Pero son mis socios, van conmigo. Me respetan como artista. Mi material es mío. Soy dueño de mi música.

¿Hace cuánto que estás trabajando en el álbum?

– Empezamos hace seis meses, y después cerramos el estudio entero por cuatro meses.

¿Estabas buscando conscientemente algo más pop?

– Bueno, ahora mucha gente cree que The Hills es pop, pero cuando salió, la reacción fue más de “¿Qué es esto?”. La definición de pop de la gente gira en torno a lo que está sonando en la radio todos los días. Yo quería sacar Starboy lo antes posible solo para demostrar que esto es lo que amo hacer: música. Es muy natural, muy real. Hubo mucha reflexión detrás de eso, pero lo hice frenéticamente, muy rápido, detrás de Beauty Behind The Madness.

¿Entonces, qué hay de diferente?

– Traté de encontrar distintos registros en los que no había cantado antes. Canté muchas cosas graves en canciones como Secrets y Rockin’, casi como Toni Braxton. En Secrets soy alguien diferente. Se lo mostré a algunas personas y no tenían idea de que era yo. Incluso quise hacer un álbum entero que estuviera inspirado en Vogue, música como Frankie Knuckles y el house de Chicago. Esa era la idea inicial para Rockin’, que fue una de las primeras canciones que hice para el álbum.

Cuando escuchás las canciones de The Weeknd, podés encontrar tres personajes: el egoísta (Often), un romántico cuidadoso (Love Me Harder) y un tipo más empático (In The Night). Starboy puede que incluso presente un cuarto personaje. ¿Es así?

A quién retrato en mi música es algo casi esquizofrénico. La vibra representa cómo me siento, por qué relación y qué amistades estoy pasando, el éxito en mi vida y mis fracasos. Es solo documentación. No me voy a sentar ahí y cantar sobre hacer el amor, si bien es lo único de lo que cantan mis artistas favoritos.
Cuando estaba haciendo las primeras cosas, no esperaba que se hicieran tan grandes. Era como estar en mi propia burbuja. No quería salir de gira, solo deseaba componer música y hacer un diario que pudiera lanzar al mundo. Y a veces me convertía en los personajes. Me gusta verlo como una película: cada director hace un film diferente, con actores y emociones diferentes, y con tramas diferentes. Los otros álbumes tenían un tema. En este, cada canción posee una temática. Es casi como su propia pieza. La vibra en Starboy viene del braggadocio, la cultura del hip hop, de Wu-Tang y 50 Cent, el tipo de música que escuchaba de chico. Fanfarronear suena bien, hermano. Cuando era adolescente vi Scarface, y si bien era increíble, era genial cómo Tony Montana podía sobrevivir todos esos balazos y no sentirlos. Y hay más de una manera de meterse en la cultura del hip hop. Para el estribillo de Secrets, usamos Talking In Your Sleep, de The Romantics, y Pale Shelter, de Tears For Fears. Es como el hip hop: lo agarrás. Podríamos haber hecho una interpolación, pero samplear el original trae el feeling que necesita.

Empezaste a oscurecer deliberadamente quien sos. Creaste confianza con la gente al darle música gratis y apareciste después de un largo tiempo.

La música vende música. SoundCloud es lo que era YouTube. Las carreras de la gente como Bryson Tiller y Lil Uzi Vert se están haciendo en este momento. Las personas miran los números, cuántas vistas tienen las canciones.

¿Cómo vas a presentar el álbum de gira?

– Actualmente, en la música en vivo, estás yendo contra DJ y raperos que cantan sobre dos tracks que la rompen. Así que cuando salís como una banda, tenés que conocer tu sonido y tu frente, y asegurarte de romperla. El ambiente es fundamental. A veces debo tocar durante el día en los festivales, y mi música no funciona durante el día. Es música nocturna. Cuando venís a mi show, quiero que se sienta como estar en la ópera, en el teatro. La oscuridad es muy importante. Hoy, el diseño del escenario lo hace Es Devlin. Hizo los de Kanye, Beyoncé, Adele, U2. Su pasión real es el teatro y la ópera. Tiene una mirada distinta a la de los demás escenógrafos. Para ella es arte, no solo iluminación y efectos locos. Se trata de lo que ves, y el público es parte de eso. Es muy tridimensional. Basta con observar los shows de Kanye [sobre Saint Pablo Tour]: cambió las reglas del juego. Estamos viendo los asientos de forma diferente ahora. Quiero animar ese espacio de esa manera en esta gira.

¿Quiénes son los compositores que admirás?

– Para mí, Bill Withers está en el top cinco de compositores. Su álbum [Live at Carnegie Hall] está muy por encima de los de estudio. Es todo pasión. También amo a The Chromatics, fueron una gran inspiración para Party Monster.

Estás representando distintos lugares –Toronto, Etiopía–. ¿Cómo encarás eso?

– Le hice saber al mundo que soy etíope. Lo puse en mi música. Mi forma de cantar está muy basada en lo etíope. Nunca fui. Me encantaría ir a casa y conocer mis raíces.

¿Cómo dirigirías a un fan de The Weeknd a buscar música etíope?

– Que arranque con Aster Aweke. Podés escuchar su voz al final de False Alarm, en el álbum. Su voz es lo mejor que vas a escuchar. Hay un gran compositor que se llama Mulatu Astatke, hoy probablemente el músico etíope más famoso. Jim Jarmusch usó su música. Me encantaría conocerlo y trabajar de alguna forma con él. Mahmoud Ahmed también es un gran cantante, junto con Tilahun Gessesse. Teddy Afro es más un cantante pop, con una gran voz. Eso es lo que escuchaba mientras crecía. Me levantaba a la mañana y mi madre escuchaba todo esto mientras hacía el café. Estoy trabajando con la universidad de Toronto para que tenga su propia clase de estudios lingüísticos etíopes.

¿Qué se siente vivir en Los Ángeles y tener que lidiar con cosas como los paparazzi?

– Creo que si siempre tenés paparazzi, hay algo raro. Salgo y a veces están ahí, pero no le digo a todo el mundo que salgo. A veces me agarran. Me compré un par de autos nuevos y los quise sacar para manejar. Eso fue un error. Me siguieron desde Beverly Hills hasta Hollywood. Si tenía un gran auto, con mi pelo anterior, era difícil. ¿Ahora? Nada. Simplemente me pongo un sombrero. Mi vida está cien veces mejor. Respeto a los paparazzi, es su trabajo, no tengo problemas con ellos. Por suerte, para mí, mi carrera se trata de sacar hits e interactuar con los fans. No necesito que estén sacándome fotos constantemente.

¿Te gusta estar acá?

– Sí, pero estoy siempre moviéndome. Quiero comprarme una propiedad grande, más bien un estudio o algo así. No tengo hijos ni esposa. No puedo comprarme una casa grande y vivir solo. Me voy a asustar. Traté de hacer eso en las colinas, pero terminé saliendo de ahí bastante rápido.