El grupo dio su segunda presentación en el Estadio Único de La Plata y reafirmó en dos horas y media por qué es la banda más grande del mundo.

“Al fin nos vemos, diez años es mucho tiempo”, dice Mick Jagger antes de que Ron Wood pase al frente del escenario y comience a puntear con su guitarra el inicio de Tumbling Dice. Jagger tiene razón, diez años es mucho tiempo, pero no lo suficiente como para que los 53 mil fanáticos que hoy llenan de punta a punta el Estadio Único de La Plata hayan olvidado lo que provoca tener enfrente a estos cuatro ingleses que promedian los setenta años. La idea de verlos una vez más en suelo argentino —algo que parecía una utopía con constantes amagues de concretarse, pero que siempre terminaba disolviéndose como humo—, empezó a tomar forma a principios de noviembre del año pasado con el anuncio de su gira sudamericana, y el domingo se volvió realidad con su primera presentación.

Sin embargo, un show no es suficiente para que los seguidores argentinos de los Stones estén satisfechos, y ellos lo saben. Por eso, cuando a las 21 las pantallas se encienden, Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts aparecen en el escenario con una versión de Jumping Jack Flash tan potente y enérgica, que parece que el recital del domingo no hubiera existido y que esta noche es su primer reencuentro con el público local. “Muchas gracias”, dice Jagger al final del tema, las luces se apagan y, sin palabras previas, suenan Let’s Spend The Night Together e It´s Only Rock ‘n’ Roll (But I Like It).

La fórmula del éxito es igual a las presentaciones de 1995, 1998 y 2006, y logran llevarla a la práctica con la misma eficacia que en esos años. Jagger se pasea por todo el escenario con su campera floreada, la abre con un golpe leve, levanta los brazos, los agita y señala a sus fans, esos movimientos tan característicos que todos terminaron imitando alguna vez. Richards camina por la pasarela siguiendo a Jagger con su sonrisa socarrona, mientras que Wood se queda en el fondo improvisando un punteo y Watts marca el ritmo con una elegancia y un temple propios de alguien de la realeza.

“1, 2, 1, 2, 3, 4”, cuenta Jagger y el bajo de Darryl Jones —que toca con los Stones desde 1993— da pie a Out of Control. El ambiente se pone más íntimo hasta que explota el estribillo de la canción y Jagger agarra la armónica para enfrentar a Richards en una competencia de solos, en la que un instrumento le va contestando al otro. Llega el momento de la canción elegida por los fans, y la pantalla que se encuentra detrás de los músicos se ilumina dejando ver el nombre de Angie. Richards se calza la acústica y el grupo lo acompaña en la ejecución de una de las baladas más famosas en la historia del rock and roll.

A medida que pasan Paint It Black, Can´t You Hear Me Knocking y Honky Tonk Woman, a uno se le pasa por la cabeza cómo hace Jagger para mantener su voz y su cuerpo en tan buen estado a los 72 años. El carisma y los movimientos del cantante son irresistibles, y funcionan como un imán que capta la mirada de todos los espectadores. “Supimos lo de los dos equipos de La Plata”, dice con un sonrisa, y agrega enseguida: “espero que esto sea un verdadero amistoso, porque hoy somos locales nosotros”.

El show va por la mitad y Jagger presenta a todos los músicos que van pasando al frente del escenario cuando escuchan su nombre. Al final, viene el turno de Richards, y Jagger le cede su lugar delante del micrófono. El guitarrista agradece los aplausos que vienen del público y se calza su guitarra para hacer Slipping Away y Before They Make Me Run. Al terminar, y como una forma de agradecimiento ante las constantes ovaciones, se pone en cuclillas y remata con un “Buenos Aires I love you”.

Con una versión de casi 10 minutos de Midnight Rambler —que concluyó en una gran zapada entre las guitarras de Wood, Richards y la armónica de Jagger—, los Stones dejan en claro que a su edad todavía pueden improvisar y sorprender. Sigue Miss You, tema en el que Jagger agarra su Fender Stratocaster por primera vez, y en la mitad de la canción la deja para mandarse un pique a toda velocidad por la pasarela.

Sasha Allen
, la hermosa corista de los Stones, tiene su momento de fama en Gimme Shelter, cuando Jagger la lleva con él para realizar un dueto, en el que la cantante descoloca al público con su gran talento. Después de ese calentamiento, el Estadio Único se convierte en un verdadero infierno cuando Jagger aparece con una capa de terciopelo rojo para cantar Sympathy for The Devil y Brown Sugar.

Las luces se apagan una vez más, los Stones se van del escenario y dos lenguas doradas aparecen en las pantallas. El final está cerca, pero nadie quiere que esto se acabe. Una vez más, Sus Majestades Satánicas le dan el gusto a su público y vuelven con You Can´t Always Get What You Want. Para terminar, y como no podía ser de otra forma, (I Can´t Get No) Satisfaction, el himno stone por excelencia.

Los fuegos artificiales marcan el cierre del show y la misma pregunta que hasta hace unos meses acechaba a los fans argentinos vuelve a aparecer. ¿Volveremos a tenerlos en nuestro país? No lo sabemos. A todos les gustaría que sigan tocando por siempre y que regresen una vez más, pero si algo es seguro aunque sea por esta noche, es que 53 mil personas se van a ir a dormir satisfechos por haber visto a la mejor banda del mundo.

Fotos: Anabella Reggiani