Anoche los inmortales Jagger, Richards, Watts y Wood dieron el primero de los tres recitales en suelo argentino. Crónica de un show histórico.

El carnaval stone comenzó temprano en La Plata. A medida que la caravana de autos se acercaba al Estadio Único, se veían banderas, remeras y bandas agitando. Un par de autos ploteados para la ocasión ponían algún hit de los Rolling Stones y se desataba la locura. Chori, patys y cerveza fueron el combustible indispensable antes del ingreso al estadio. Un ingreso que se adelantó, quizás, por la lluvia.

Se habló mucho de los grupos soportes en las redes sociales. Tal fue la controversia que el propio cantante de La Beriso, Rolo Sartorio, salió a bancar los trapos: “Muchos de los que nos critican ni van a ir a ver a los Stones”, había afirmado en la previa. Lo cierto que el show de La Beriso fue escuchado con bastante respeto por el público. El de Ciro y Los Persas, en cambio, fue vivido por momentos como una verdadera fiesta. Otro que fue ovacionado ni bien se sentó en la platea fue Charly García. “Olé, olé, olé, Charly, Charly”, bajó desde las cuatro tribunas. SNM levantó los dos puños y agradeció las muestras de cariño. Una lluvia persistente potenciaba la ansiedad de las 50 mil personas que colmaron el estadio. Estaba todo listo para la vuelta de los Rolling Stones a la Argentina.

Una película que recorre los momentos de gloria de la banda, un cartel que dice “bienvenidos a la Argentina”, fuego artificiales y sonaron los acordes de Start me up. Aquel sueño que se prolongó por diez años se materializó en la figura de Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ron Wood.

Hay un romance intenso entre los Rolling Stones y la Argentina y no es un lugar común. Solo hay que ver la versión en vivo en Paris de It’s only rock and roll (but I like it) que la banda subió a su canal oficial de Youtube y compararla con la locura que desató ese mismo clásico en el público argentino. “Es nuestra primera vez en la Plata. Tardamos tanto en llegar que pensábamos que íbamos a Montevideo”, afirmó Jagger. Inexplicablemente un silbido bajó del público cuando se nombró a la capital uruguaya y próxima parada del América Latina Olé Tour, que fue acompañado por un “Argentina, Argentina”.

Luego de madura y contundente versión de Tumbling Dice, la banda bajó un cambio con Out of control, uno de los singles de Bridges to Babylon. Ni bien Jagger hizo su solo de armónica, el estadio se volvió loco.  

Y llegó la sorpresa de la noche: el tema elegido por Argentina fue Street Fighting Man, pese a que todo indicaba que Let It Bleed sería el ganador de la votación que los fans hicieron en las redes sociales de la banda. A esta altura de la noche, la entrega de los Stones estaba en su mejor momento: Jagger se movía por el escenario como un 10 con experiencia que no necesita hacer una jugada de más; Charlie Watts siempre elegante, incluso pese a vestir una remera blanca. Solo unos calcos con la lengua Stone que adornaban su redoblante rompían con la sobriedad de su batería Gretsch. Ronnie Wood con su mirada gélida y mandíbula de acero, disparaba solos con actitud asesina. Y qué decir de Keith, el stone más aplaudido, un veterano que estuvo varias veces tomando un whisky en el bar del infierno y que ahora regala una sonrisa generosa entre riffs y riffs. “I love you Buenos Aires”, dijo visiblemente emocionado.

El punto más flojo fue Anybody seen my baby. El comienzo fue muy irregular, la banda se mostró perdida y eso perturbó a Jagger, que tardó en encontrarle la vuelta a la canción. El final sucio y desprolijo a cargo de Ronnie salvó las papas del fuego.

Luego llegaron tres imbatibles: Wild Horses, Paint it black y Honky Tonk Woman. Canciones que fueron celebradas por todo el estadio. El solo que introduce Paint it black, ahora más pausado y acentuado, tiene una leve reminiscencia flamenca y se aleja del original, interpretado en sitar por el inolvidable Brian Jones, allá en los no tan lejanos 60s. Es muy particular el enganche de los argentinos con este clásico. A la salida del show, este cronista se cruzó con varias personas que recordaban que Paint in black era el tema de apertura de la serie NAM, primer pelotón, que Telefe transmitía en los 90s.

Jagger reveló algunas “intimidades” de la banda en sus primeras horas en el país. A las obvias “fuimos a bailar tango a Caminito” se le sumó una peculiar “Charlie comió un choripán con chimichurri” y una inexplicable “fuimos al Parque de la Costa”. Luego de presentar a la banda, Jagger se retiró a boxes y Keith Richards tomó la voz de mando en Can’t be seen with you baby y Happy.

Ya con Mick al frente, la banda interpretó Midnight Rambler, el típico blues rock stone de armónica y guitarras, que en nuestro país fundó una vertiente dentro del rock nacional (Ratones Paranoicos, Los Piojos, Viejas Locas, para citar solo unos ejemplos).

En Miss You, Jagger metió un pique y varios de sus movimientos característicos, dejando en claro que la juventud es un estado en la mente. Y lo que vino fue el momento clímax de la noche: Gimme Shelter, con su letra que narra un mundo en caos, a punto de colapsar. La Guerra en Medio Oriente, y la represión policial ocurrida en las afueras del Estadio Único reflejan que los versos que escribió Mick a fines de los 60 están más vigentes que nunca, como los Rolling Stones.

Una capa de plumas rojas, un juego de luces que simulaban el infierno, fue el marco para Sympathy for the Devil, otro punto alto de la noche, junto con Jumpin Jack Flash. Los Stones entraban a la recta final de un show inolvidable con clásicos del mejor período de la banda: el de finales de los 60 y principios de los 70.

En tiempos donde la lista de temas de un show se actualiza al instante en Setlist.fm, en que un recital se sube a Youtube minutos después de haber finalizado, es notable el mérito de los Stones para emocionar con dos bises que todo el mundo sabía de antemano que irían a tocar. You Can’t Always Get What You Want, con el apoyo de un coro local como en toda la gira, (I Can’t get no) Satisfaction, ese himno que Jagger juró no cantar después de los 30 y que hoy, a los 72 años, disfruta de tocarlo con la misma energía de siempre.

Fue el primero de tres shows que pasarán a la historia, y el inicio de una semana bien stone. Sería imprudente decir que esta es la última visita de la banda. Con Sus Majestades Satánicas, nunca se sabe.  

Imágenes: Facundo Gaisler