System of a Down creó un sonido característico a mediados de los noventa y anoche lo trajo al escenario porteño, donde defendió su obra a capa y espada.

Hasta quien ignora que los System of a Down tienen una fuerte ascendencia armenia se daría cuenta de que es una banda que lleva la guerra en las venas. Se sostienen con un doble bombo constante y un bajo más que veloz, único y personal, que no solo plasman en sus discos, sino también en escena. Dar batalla es su sello más característico, y quisieron demostrarlo en Buenos Aires, donde tuvieron de aliadas a más de diez mil personas. El arma preferida de Soad es la voz de Serj Tankian siempre punzante, enérgica y sin interrupciones, nada para envidiarles a las grabaciones que llegaron a vender millones de discos en la década del noventa. 

Como único estandarte en el estadio de Geba, portaron un cartel por detrás de la batería, con su nombre y amplios juegos de luces, casi simulando un bombardeo, donde los impecables golpes de parche de John Dolmayan cayeron como anillo al dedo. Los Soad hablaron poco con el público, pero las escasas palabras que regalaron fueron seguras y en un perfecto español, para que todos las entendieran. 

Entre coros y bajos incisivos, Shavo Odadjian se llevó el protagonismo de la noche. Su mirada fija, penetrante y oscura se robó las enormes pantallas más de una vez. Los ojos de los Soad no mienten y sus letras los acompañan: “¿Padre, en tus manos por qué me has desamparado? En tus ojos me desamparaste”, solo una parte de uno de sus hits, Chop Suey, que movilizó el campo con un pogo unánime.

De un perfil combativo, las líricas de la banda fueron motivo de censura en varias radios de Estados Unidos. Siempre controversiales, incluso en la estética, aunque el excéntrico look de Daron Malakian transmutó por un estilo más sobrio, con un sombrero a lo Dylan. Pero sus punteos y solos en la fría noche del miércoles les hizo recordar a todos por qué fue elegido por Guitar Hero como uno de los 100 mejores guitarristas de la historia del metal. 

La impronta de las letras protestantes fue acompañada por melodías que sonaron en vivo, casi mejor que en sus propios discos. Cada instrumento fue explotado al máximo, tomaron vida propia y se entrelazaron para dejar marca de fuego. Para las últimas canciones se sumaron Abe Cunningham (en Cigaro) y Chino Moreno (en Toxicity), ambos integrantes de la banda Deftones, que fueron los encargados de telonear la jornada.

No hubo nada que distrajera al show, ni siquiera la demora pare el inicio, el desborde lateral del campo –con rupturas de baños químicos– y algunos disturbios a la salida. Con 30 temas que finalizaron con Sugar, uno de los primeros single de su carrera, System of a Down hizo honor a esa vieja frase de combate “Haz lo que puedas, con lo que tengas, en donde estés”.

Fotos: Gigriders