Desde Mar del Plata, Leo Ferro apuesta por la canción etérea y de piel electrónica. Luego de años batallando solo, amplió el formato de su proyecto y lidera un trío capaz de hacer pie en diversas latitudes, siempre con el ritmo como anzuelo y estímulo.

Sería más fácil hacer una música más directa, concreta y explícitamente estimulante. Más allá de los prejuicios, los gustos y las experiencias personales, es probable que esa sea una de las primeras ideas que surjan luego de escuchar a SLNT en cualquier momento de su discografía (tres LP y un EP desde 2012 a esta parte). Fina y fantasmal, la obra de Leo Ferro carga con esa cruz. O, al menos, la lleva con hidalguía en un espectro musical muchas veces plagado de fórmulas seguras. Porque, en realidad, Ferro se desentiende de todo eso. Su música juega a otra cosa, se expresa en un plano de realidad que desconoce de números y especulaciones. Es efectivamente libre.

Gustavo Cerati o Brian Eno pueden ser nombres atinados para mencionar en una conversación que intente analizar la estética desarrollada por SLNT. El gusto por el sonido en estado puro, incómodo pero adictivo, es un patrón que atraviesa todo el recorrido del proyecto marplatense. Al igual que sus coterráneos de Altocamet, Zoot o Luzparís, Ferro utiliza una paleta de colores atravesada por el ambient y la electrónica, aunque agrega un vínculo más directo con el dubstep y el trip hop. El linaje británico se respira en un clima general gris y opresivo, que no resigna groove y se hace fuerte también desde lo rítmico. “Savna”, la canción central del EP Cardinal (2017), es un fiel ejemplo de ese andar bailable pero igualmente misterioso y onírico.

En paralelo, desde hace un par de años Ferro ha empezado a desarrollar un costado más colectivo para su alter ego. La foto con la que el proyecto comunicó su actual gira por España muestra al cerebro musical de SLNT secundado por Martin Castelletta y Juan Hoy, a esta altura dos tercios más del grupo desde su rol como integrantes de la banda en vivo. Creativamente, además, ellos formaron parte de la producción de Cardinal junto a Ferro y Milton Von Vivant, marcando un salto respecto a los otros trabajos del proyecto, siempre pergeñados en solitario. Esa mutación desde un formato individual a una banda funciona como la manifestación de intereses renovados. Puede verse como un nuevo comienzo para SLNT como entidad, pero es –antes que cualquier otra cosa– una consecuencia del proceso de descubrimiento artístico que Ferro viene desarrollando desde hace casi una década.