El quinteto dio un show en el que la clave fue la nostalgia, en el marco de una gira que celebra sus 15 años. Crónica y fotos.

El martes pasado, los alrededores del Teatro Vorterix se vieron invadidos por una marea de adolescentes. Simple Plan estaba de vuelta en Buenos Aires, y esta vez con una nostálgica gira en la que interpretaron de principio a fin su clásico álbum “No Pads, No Helmets… Just Balls” −del que se desprenden varios de sus más grandes hits como “Addicted”, “Perfect”y “I’m Just A Kid” −.

El quinteto canadiense liderado por Pierre Bouvier es un ejemplo de fraternidad: son los mismos integrantes desde hace casi 20 años. De hecho, la remera del frontman coincidía con la del baterista Chuck Comeau: en ambas se leía la inscripción “Role Model”. Y Comeau le hizo honor a la frase en su momento de protagonismo, cuando pasó al frente en “Grow Up”. “Siempre quise ser vocalista y esta noche haré realidad mi sueño”, dijo antes de cantar parte del tema. Terminó lanzándose al público sin temor alguno, mientras Bouvier tocaba la batería en su lugar.

Los chistes e interacciones –incluso le cantó “Happy Birthday” a una fan e invitó a varios al escenario– con el público fueron la norma durante las dos horas en las que, además de repasar en pleno el conmemorado disco, se pudieron escuchar varios de los temas más populares de la agrupación de pop-punk, como “Shut Up”, “Summer Paradise” y el infaltable “Welcome To My Life”, con el que le dieron cierre a la velada.

“Hola Argentina, yo soy Pedrito” dijo en español el carismático vocalista cuando introdujo a la banda. “Quiero presentarles al mejor guitarrista del mundo”, agregó en referencia a Jeff Stinco. “Ustedes dirán: “Pffff, pero si Simple Plan son tres acordes, y sí, puede ser”.

Además de la presencia juvenil que abarrotó el teatro, era de esperar encontrarse con adultos fieles a la banda con la que crecieron; incluso, la mayoría estaba saltando en el pogo entre los más chicos, con remeras de punk que revivían una época en la que muchos querían quedarse para siempre. Es que después de todo, ¿quién quiere crecer?

bg