El fanatismo de estos cinco jóvenes por bandas de folk como Fleet Foxes, Mumford & Sons y Tallest Man on Earth llevó al combo de músicos a embarcarse, en el verano de 2011, en la producción de largos arpegios de guitarra eléctrica, viajes armoniosos de un banjo y plumones de sintetizadores para lograr una música suave y solemne. Voces como la de Devendra Banhart o la de Justin Vernon de Bon Iver se asemejan a la de Justo Fernández Madero, el cantante, quien compuso el 90 por ciento de las letras de los dos EP de la banda: Silvestre y la Naranja (2012) y Like a Dog (2014), este último grabado en un estudio en Pacheco y masterizado por el sello Step Ahead Sounds.

“Naranja” fue el primer nombre de la banda, que nació en un verano en Villa La Angostura, pero ya para sus primeras fechas –en pequeñas sedes en Zona Norte, como el festival de música Jalea, en Kite Beach, para luego pasar a bares como Makena o El Emergente, en Capital Federal– ya eran Silvestre y La Naranja, y habían mutado su estilo: “De un primer EP bien folk pasamos a componer canciones con tres teclados. Y estamos encaminados a madurar este nuevo sonido”, explica el guitarrista, Francisco Nicholson. A mediados de 2014 hicieron una gira de 20 días por Inglaterra, con 11 fechas por todo el país. “Fue un sueño cumplido, y un punto de quiebre muy positivo para la banda”, recuerda Mateo Mórtola, el tecladista. “Desde Arctic Monkeys hasta Mac DeMarco, pasando por Juana Molina y Pond: nos nutrimos de todo y lo metemos en una licuadora junto con nuestras personalidades para encontrar nuestras propias melodías”, explica el cantante. La banda se completa con la base rítmica de Salvador Colombo en la batería y Pampa Louzao en el bajo, uniendo la sinergia de sonidos con un broche que anima al bienestar.

Foto: Malu Boruchowicz