La cosecha de méritos –no solo hits– hace del canadiense un nuevo prototipo de galán maduro. Con Illuminate, busca sostener el lugar que se ganó a imagen y semejanza de Justin Bieber, y sin creérsela demasiado. "No puedo ser mejor que todo el mundo, no puedo enamorarme de todas las mujeres, no puedo ser una figura paterna o de hermano mayor para cada persona".

Pasaron casi diez minutos desde que Shawn Mendes se escapó por la puerta de atrás del Saltair Pavilion, un estadio para 4500 personas en las afueras de Salt Lake City, con su fotógrafo, su asistente y su tour mánager para sacar fotos del cauce del Gran Lago Salado, que se secó por el sol.

Estamos siguiendo a Mendes, un tipo de 18 años y 1,87 metros de altura que se levanta a las 9:30 cada mañana para ejercitarse; hasta que el handy del tour mánager hace un ruido.

“Ahí vienen”, dice la voz, que pertenece a Jake, el guardia de seguridad de Mendes, que también sigue al grupo. Está dando una advertencia sobre las chicas. Más o menos, unas cien de ellas se congregaron en la cima de la colina detrás del estadio para ver al artista, mientras él se agacha para posar para su fotógrafo. Algunas de las fans más intrépidas bajaron, pasaron por debajo de la cinta amarilla de precaución y empezaron a caminar en nuestra dirección. Jake les advierte que tienen una opción –acercarse a Mendes ahora, o quedarse y verlo en el show a la noche–, y retroceden. No son groupies del Sunset Strip del 87. Estas chicas vinieron con sus mamás.

“La gente me conoce, pero no tiene idea. No puedo ser mejor que todo el mundo, no puedo enamorarme de todas las mujeres, no puedo ser una figura paterna o de hermano mayor para cada persona. Pero odio estar solo. Quiero a alguien ahí, para salir de mi cabeza por un minuto”.

¿No se cansa de esto en algún momento? “Todos los días”, responde. La escena es una metáfora obvia para la distancia que Mendes hoy busca de su llegada a la celebridad, como objeto de la obsesión de las preadolescentes. Cuando Island Records lo firmó en mayo de 2014, la apariencia lampiña de Mendes y las actuaciones cálidas y de fogón con su guitarra acústica ya le habían ganado 200.000 seguidores (y su propio hashtag, #shirtlessshawn) en Vine. Gracias a sus 2,7 millones de seguidores en la plataforma, Life of the Party, su primer single, vendió casi 150.000 copias en la primera semana, según Nielsen Music, y sin promoción radial. Sus fans también fueron los que ayudaron a levantar su álbum debut, Handwritten, al Nº 1 en el Billboard 200 en abril de 2015. Stitches juntó 204 millones de streams y llegó al Nº 4 en el Billboard Hot 100; Treat You Better está en el Nº 14 y trepando en el Hot 100. “Tiene el dedo en el pulso de las chicas”, dice el cantante de R&B JoJo, que recientemente hizo un cover de Treat You Better.

No debería ser una sorpresa que con Illuminate, el álbum que lanzó el 23 de septiembre, Mendes espere deshacerse de su pasado de “selfie sin camisa” y abrazar su futuro como cantante pop, sin el rol adjunto de estrella de las redes sociales.

¿Su estrategia? Hacer el salto de guitarrero a trovador adult-friendly completo a la Taylor Swift o Ed Sheeran. Es un rol rarificado para cualquiera, pero especialmente para un chico que salió de las redes sociales… y lo toma muy en serio.

“Hace una semana, perdí mi voz completamente y no podía parar de llorar”, recuerda Mendes, sereno ahora que su entrenador vocal se reúne con él en sus grandes shows. “Estaba al teléfono con mis padres y gritándole a mi mánager, diciéndole ‘¿Cómo podemos hacer esto?’. Y después, estaba en el escenario pensando ‘Soy una estrella de rock’. Nunca estuve tan contento y entusiasmado, y en la cima de lo que sea, en la luna. Pero tampoco estuve tan enterrado pensando ‘No puedo respirar’ en toda mi vida. […] Los grandes artistas son almas torturadas –dice Mendes–. No estoy diciendo que sea grande. Estoy torturado porque me importa. Siempre estoy triste por no hacer las cosas tan bien como podría haberlas hecho”.

“¿Para la gente era importante cómo sonaba un cantante en vivo antes? No todo estaba siendo filmado. Hoy, un gran error y millones lo están viendo. Hay mucho más en juego. Somos muy cuidadosos y estamos muy preocupados por no equivocarnos. Le agrega mucho estrés a la carrera”.

Tres horas antes, Mendes descansa en su camarín, comiendo Tums de menta, el gusto más calmante para él. Al lado de una heladera y unas botellas de kombucha, un vaporizador y un humidificador soplan aire cálido al cuarto. “Soy muy extremista respecto a cuidar mi voz”, sostiene, tirando su cabeza hacia atrás para masajear su garganta. “¿Para la gente era importante cómo sonaba un cantante en vivo antes? No todo estaba siendo filmado. Hoy, un gran error y millones lo están viendo. Hay mucho más en juego. Somos muy cuidadosos y estamos muy preocupados por no equivocarnos. Le agrega mucho estrés a la carrera”.

Mendes no tuvo tanto tiempo para procesar ese estrés. Hace unos tres años era “el chico más promedio del mundo” y estaba aburrido en Pickering, un suburbio de Toronto. Recuerda hacer varitas de ramas de árboles y escribir hechizos, porque durante años pensó que era un mago. “Sigo un poco seguro de que lo soy”, afirma, con un tono semiserio. Jugó al fútbol y al hockey, y audicionó para Disney Channel en Toronto. Su mamá, que creció en Londres, es agente de bienes raíces; y su papá, portugués, fue dueño de un restorán y de una compañía de abastecimiento de bares, y ambos siempre apoyaron los intereses de Shawn y se llevaron muy bien con él. Mendes planea mudarse a Brooklyn o a Los Ángeles en enero, y dice que va a pedirle ayuda a su mamá para diseñar el hogar, para que se sienta tan cómodo como en la casa que comparte con ellos y su hermana menor actualmente.

El primer disco que Mendes compró con su propia plata fue Come On Over, de Shania Twain, y cuando cumplió los 13, empezó a postear en Vine y en YouTube videos de sí mismo cantando y tocando la guitarra, para ese entonces un hobby de hacía unos seis meses. “El canto medio que salió de la nada”, cuenta. “Y era una cagada. Yo diría que no empezó a mejorar hasta el año pasado. Hay mucho más en el éxito que solo el canto. Para mí fue como ‘Hagamos el resto y después vemos cómo cantar’”.

“Estoy torturado porque me importa. Siempre estoy triste por no hacer las cosas tan bien como podría haberlas hecho”.

Aun así, Andrew Gertler, ex Warner Music Group y actualmente mánager de Mendes, escuchó algo en la voz del chico. Después de ver a A Great Big World tocar en The Voice en 2014, googleó el tema y el cover de Mendes fue el primer resultado. “Ves un montón de artistas de YouTube que se preocupan demasiado por editarlo bien, y como resultado queda algo que se siente falso o manufacturado”, recuerda Gertler. “Pero su voz era tan buena… diferente de las demás personas que postean covers. Otra cosa increíble era lo rápido que estaba ganando vistos y seguidores. Él tuiteaba ‘quiero pizza’ y de repente era favorito de 30.000 personas. Tenía muchos menos seguidores que otros artistas, pero conectaba”.

Pero incluso Ed Sheeran necesitó revelar un poco de agudeza en el camino al superestrellato, y Mayer, otro de los héroes de Mendes (“Puede hacer cualquier cosa”), hizo tanto del vividor como del roquero relajado. Ruin, el segundo single de Illuminate, es un track lento y blusero, con letras de habitación y una guitarra eléctrica seductora que no desencajaría en un bar de Beale Street. Aun así, no es particularmente ruda, y ciertamente no es algo que bailarías en el boliche.

Simplemente puede que Mendes no tenga un “chico malo interno” al cual acceder. Admite que él y su grupo estuvieron “de fiesta” mientras grababan Illuminate en Nueva York, pero dentro de todo, prefiere actividades más tranquilas, como jugar torneos de ping-pong de seis horas con sus amigos. En el medio han pasado varias chicas. “En el momento en que yo pienso en una mujer de la manera en que pienso en la música, ahí es cuando sé”, dice, inocentemente. “Ser un sex symbol no es algo genial a menos que estés enamorado de una chica y ella te diga que sos un sex symbol, agrega. En cuanto al sexo en sí, ahora que es famoso, sostiene que es “imposible”. “La canción Patience es sobre una chica más grande que yo con la que me enganché, pero que al día siguiente se sintió mal por lo joven que era yo. Me jode la gente más grande que se pone rara ante los más jóvenes”.

“En el momento en que yo pienso en una mujer de la manera en que pienso en la música, ahí es cuando sé. Ser un sex symbol no es algo genial a menos que estés enamorado de una chica y ella te diga que sos un sex symbol”.

La relación más difícil de Mendes puede que sea con la música en sí. “Tenés que tener mucho cuidado de no hacer que la música sea algo que no querés hacer –afirma–. Lo cual pasa, terminé la gira y fue como ‘Lo odio. Odio cantar. Odio tocar la guitarra’. A los seis días estoy en mi cuarto cantando a todo pulmón porque lo amo tanto”. O por ahí es su relación con los fans: “Sos una persona –sostiene–. No podés permitir que se lleven todo de vos. Porque lo van a hacer (no de forma maliciosa). Te aman. Pero debés tener cuidado”.

“No quiero traer a Justin al tema”, afirma, preparándose para defender a Bieber como un ejemplo de la injusticia que es congelar a estrellas del pop en sus moldes adolescentes cuando debería permitírseles cometer errores en su camino a la adultez, como lo hacen los chicos normales. “La gente lo consideró un tipo de persona. Pero puede que haya sido la misma persona todo el tiempo y ustedes nunca le dieron la oportunidad de que él se muestre como realmente es. Dejen de mirarlo de una forma tan negativa y acéptenlo como es. No nos enojamos con las bandas de punk rock por hacer las mismas boludeces que él, porque esa es su personalidad. Es muy confuso para mí”.

Mendes se va para su camarín. Está sentado ahí cuando meto la cabeza para despedirme, pero rápidamente se levanta y me abraza, y me acuerdo de algo que me había dicho antes: “La gente me conoce, pero no tiene idea. No puedo ser mejor que todo el mundo, no puedo enamorarme de todas las mujeres, no puedo ser una figura paterna o de hermano mayor para cada persona. Pero odio estar solo. Quiero a alguien ahí, para salir de mi cabeza por un minuto”.

[…]

**Podés encontrar la nota completa en la versión impresa de Billboard Argentina (Mario Pergolini en tapa)**