En 2017 metió cuatro singles en el Hot 100, lanzó un show de Netflix y tuvo un trasplante de riñón. ¿Cómo es entonces que la estrella, que ha batallado la ansiedad, de golpe parece tan zen? (Ayuda: no es solo su nuevo cachorrito).

Hay un osito Teddy de un metro y medio despatarrado en la cocina del hogar de Selena Gomez, al norte de Hollywood. “Ya sé, ya sé –dice Gomez revoleando los ojos, como reconociendo que el animalito de peluche no hace juego con el trío de sillones en el bello rincón marmolado–. Fue un regalo, y al principio pensé ‘Esto es tan ridículo, ni bien pueda se lo encajo a otra persona’”.

Pero Gomez, de 25 años, no se lo encajó a nadie; todavía. Durante los últimos años, cuando la estrella pop nacida en Texas reveló la ansiedad y la depresión que vinieron de la mano del lupus –la enfermedad autoinmune que le diagnosticaron en 2013–, empezó a aplicar el método Kondo a su propia vida: borrar todo exceso superficial para que solo queden las personas y las cosas que, en sus palabras, “importan realmente”.

En ese tiempo, Gomez se separó de amigos y parejas (su relación de diez meses con The Weeknd acabó en noviembre). Incluso esta casa de estilo campestre, sin las escaleras remolino ni las vistas palaciegas de su anterior morada en Calabasas, forma parte de la ecuación. Totalmente oculta de la calle por una gruesa pared de setos, está envuelta en la clase de silencio que va a tono con Gomez, que proyecta calma y confianza pacífica. “No necesito demasiadas cosas –dice en este viernes nublado–. Me gusta estar aislada, y quería un lugar en donde pudiera sentirme a solas”.

La soledad ha sido una constante para Gomez desde su primera actuación a los siete años, en un show de Barney y sus amigos, y se intensificó en los cinco años que duró su participación en Wizards of Waverly Place, la sitcom de Disney que catalizó su ascenso a superestrella del teen pop (Gomez vendió 3,4 millones de discos y ganó 2,8 miles de millones por escuchas on-demand, según Nielsen Music).

Por estos días, sin embargo, ella cambió la soledad por una suerte de liberación. Sin maquillaje tras una sesión de pilates, esta mañana Gomez brilla mientras intenta articular lo que siente: “No encuentro otro modo de expresar mi ánimo más que decir que me siento plena”.

Un sentimiento de confort similar puede oírse en las cuatro nuevas canciones que lanzó en 2017. La dispersa Bad Liar, estilo Talking Heads, que alcanzó el número 20 en el Billboard Hot 100 en julio, fue efusivamente recibida por la crítica; y Wolves, su single con Marshmello –el DJ del momento– debe ser el track bailable más sutil y emotivo de la actualidad. Incluso el video de Fetish, inspirado en films de horror, que tuvo 119 millones de vistas en YouTube, refleja el completo desinterés de Gomez sobre cómo es percibida por la gente.

Solo he estado apenas 15 minutos con Gomez cuando empieza a hablar sobre decisiones de ella que la mayoría nunca tendrá que tomar –sus internaciones en instituciones de rehabilitación en 2014 y 2015, y el trasplante de riñón al que debió someterse este verano, debido a complicaciones derivadas del lupus (la intérprete aportó más de 500.000 dólares para encontrar una cura)–. No hay vueltas, no hay dudas ni búsqueda de miradas cuando habla –solo una apertura mental que hace fácil olvidar que Gomez apenas cruza la veintena–.

Incluso el presidente del sello de Gomez, John Janick, CEO del conglomerado Interscope Geffen A&M, se maravilla de que “ha sido muy equilibrada en su vida, no está absorbida por una sola cosa”. La artista Petra Collins, una amiga de Gomez que dirigió el video de Fetish y su performance en los American Music Awards de noviembre, dice que la importancia que Gomez “les da a las cosas y a la gente es tan profunda que asusta, en el buen sentido”.

El resto del día de Gomez será exhaustivamente documentado por los diarios: cena en un restaurante con Justin Bieber, con quien se ha reencontrado recientemente, y una parada con él en la conferencia anual de la Hillsong Church. Horas después de mi visita a Gomez, Jennifer Lawrence, ocupando el lugar de anfitriona en el Jimmy Kimmel Live, le preguntará a Kim Kardashian qué piensa de Gomez y Bieber “volviendo a salir juntos”. “Me encanta”, responderá Kardashian. (Cuando le pregunto a Gomez sobre Bieber, simplemente dice “Yo quiero a la gente que tuvo un impacto en mi vida”).

Es la clase de atención que concita Gomez en sus escapadas, “yendo a Alaska para volver solo cuando hay trabajo”. Pero ella explica que quiere “una vida digna de ser vivida”, elegir a aquellos que mejor se ajustan a su estilo, sin importar lo que opinen los de afuera. Incluso si eso toma la forma de un gigante osito de peluche, al que hasta su perro Charlie salta para jugarle.

¿Cómo elegiste a Charlie?

– Es realmente divertido, fue obra de mi exnovio [The Weeknd]. Íbamos caminando por la calle en Nueva York, cuando vio a un precioso cachorrito en la esquina de un negocio. Tenía la cabecita gacha, parecía realmente triste, y me enamoré. Tengo ese tipo de situaciones en mi vida. Encuentro a una persona, o a un perro, y soy como: “Sííí, quiero eso”.

¿El lugar donde creciste tenía algún parecido con esta casa de campo?

– No sé si “casa de campo” es la expresión apropiada. En la casa de Texas había un montón de paneles de madera y alfombras en todos lados, excepto en la cocina. Puedo recordarlo todo, incluso los olores. La extraño un montón. La canción de Miranda Lambert –The House That Built Me– describe lo que siento respecto a aquel hogar. Mi mamá tenía 16 años cuando nací, así que mi cuarto estaba al lado del de ella y de mis abuelos. Era muy singular, dar la vuelta alrededor de la casa no tomaba más de cinco segundos. Cada vez que viajo a Texas paso por ahí, pero no me animo a golpear la puerta.

Dijiste que no querías a la gente triste por tu lucha contra el lupus y el trasplante de riñón, que esas experiencias abrieron un nuevo camino en tu vida. ¿Cuál fue la revelación más sorprendente de todo esto?

– Me hizo reflexionar acerca de cuánto es mío mi cuerpo. Desde los siete años siempre pensé que se lo estaba dando a otros. Me sentí siempre sola, aun cuando estaba muy rodeada de gente. Pero cuando tomaba decisiones, ¿lo hacía para mí? Después de la cirugía sentí una enorme gratitud por mí misma. Creo que nunca me detuve a pensar y decir “Estoy realmente agradecida por lo que soy”.

¿No te molesta la cicatriz?

– No. Antes sí, pero ahora no. Fue duro al comienzo. Recuerdo que me paraba desnuda frente al espejo y pensaba en todas las cosas que solía hacer y preguntaba “¿Por qué?”. Hubo alguien en mi vida que solía señalarme todas las cosas por las que me quejaba. Cuando miro mi cuerpo ahora, veo vida. Puedo hacer un montón de cosas con la cicatriz, desde aplicar cremas hasta cirugía láser, pero estoy bien así. Y a propósito, no tengo nada contra la cirugía plástica. Últimamente, Cardi B ha sido mi inspiración. Se mata con eso y está orgullosa de todo lo que hizo. Así que, de mi parte, cero juicio. Podría hacerlo con mis ojos, mi cara redonda, mis orejas, mis piernas, mi cicatriz. No tengo abdominales perfectos, pero siento que estoy muy bien constituida.

Suena como que vas a llevar tus arrugas con dignidad algún día.

– Ah, sí, pero todavía tengo que cruzar ese puente. Quizá diga “¿Sabés qué? Es tiempo de hacer un retoque”. Pero quisiera estar segura de que lo hago porque estoy bien conmigo misma.

Sin escuchar lo que dicen alrededor.

– Hay que tener cuidado con las opiniones ajenas. La sociedad te enseña a honrar y respetar a los otros, pero la lealtad y la honestidad significan cosas distintas. Y yo creo que toda la vida estuve actuando para satisfacer a los demás. Tengo que aceptar mi lugar. Me llevó cinco años y momentos en los que necesité aislarme para estar a solas con mis conflictos. Ese tiempo fue para mí muy doloroso, duro y muy solitario. Pero creo que eso fue necesario para encontrarme adonde estoy, satisfecha conmigo misma.

Leí que hiciste equinoterapia. ¿En qué consiste?

– La primera vez que la hice fue en una clínica de rehabilitación en Tennessee, y resultó muy divertida. Recuerdo que me sentí como Winona Ryder en Girl, Interrupted. Estaba toda vestida de negro, tipo emo, muy dramática. Había que elegir un caballo y yo naturalmente elegí el que más me emocionó.

Como Charlie en el negocio de mascotas.

– Exactamente [risas]. Así que estaba enojada, tenía un montón de estrés en el cuerpo y el caballo se alejó, completamente. Y eso me hizo sentir aún más frustrada y enojada. Los caballos realmente pueden percibir tu energía. Después de múltiples intentos, el terapista me miró y me dijo “¿Sabés qué? Necesito que tomes al más dulce de los caballos disponibles. Quiero que aceptes lo que tenés enfrente”. Respiré profundo varias veces, di una vuelta al establo y al volver me sentí relajada, tipo “Ya pasó”. Soy la clase de persona que al llegar a casa piensa “Tal vez no hice lo suficiente”, y esas son las cosas que no te permiten focalizarte. Todo se relaciona con vivir el presente. Y eso pasó hace cuatro años. Cambiaron un montón de cosas. Me siento más centrada, acepto lo que me pasa.

¿Pensás que con todas las exigencias que tenés y lo que puede producir el estrés en tu salud quedarte en Los Ángeles es viable?

– No, no voy a estar aquí mucho tiempo. Y no tengo nada contra este lugar que me recibió y me hizo consciente de todas las decisiones que estoy tomando. Este año pasé bastante tiempo filmando [la próxima película de Woody Allen] en Nueva York. Pienso que estar en esa película y en Nueva York (la cultura de la ciudad, pasear y relacionarte con gente, que no es muy común aquí) me hizo sentirme presente, cada día un poco más.

¿Cómo fue tu audición con Woody Allen?

– Hice cinco audiciones. En muchas ocasiones no me tuve confianza, pero ellos no encontraban a nadie, así que audicioné una vez más y lo di todo. Sentí que había ganado el puesto. Y fue una gran experiencia para mí. Actuando, y en un film, tenés alrededor a una comunidad mucho más estable. Lo digo delicadamente, porque todos tenemos nuestras cosas, pero la gente conmigo fue muy contenedora. Fue algo que realmente me abrió, y yo necesitaba eso después de la cirugía. Puede haber mucho ruido y caos alrededor de nuestras vidas, pero una vez que entrás al set, es liberador. Quiero dar un paso en esa dirección [con la actuación]. También estuve un tiempo con los hermanos Safdie [cineastas independientes], que son increíbles.

¿Pensaste en el pasado de Woody antes de firmar para la película?

– Honestamente, no sé cómo responderte, no porque prefiera ignorar los hechos. Los alegatos [contra Harvey Weinstein] empezaron justo cuando me sumé al rodaje. Aparecieron en el medio de todo. Y es algo, claro, que hay que encarar y discutir. Recuerdo que pensé “Guau, el universo funciona de un modo muy loco”.

Las voces de muchas mujeres finalmente se están oyendo y sujetos abusadores están siendo señalados. ¿Cómo reaccionás a todo esto? ¿Te descorazona, te hace sentir esperanzada?

– Siento todas esas cosas. He llorado, pero me siento definitivamente esperanzada. Mientras la gente habla, eso las empodera, y merecen sentirse así. Tengo la suerte de no haber atravesado ninguno de los traumas que pasaron esas mujeres. Conozco gente en mi familia que sufrió cosas así. Trato de que la gente venga a mí y se abra, que sienta que está en un lugar seguro para contarme sus cosas.

¿Estás haciendo nuevas canciones?

– Sí, y lo digo de un modo muy amoroso, porque tuve a mi sello siempre atrás para las últimas cosas que hice y se siente cierto poder en decir “no”. Me gusta cómo se presentó la nueva música este año, porque no se hizo de un modo agresivo; fue algo genuino. Cancelé los últimos dos conciertos, y esa es otra cosa para considerar. ¿Cómo voy a pisar un escenario y dominarlo con orgullo? Antes solo me preocupaba una cosa: “La ropa no es suficientemente brillante, ¿cómo vamos a volverla atractiva? Todos se la pasan mirándome y yo soy tan solo una pendeja”.

¿Te imaginás viendo tu nombre en la prensa distinto a como lo hacías cinco años atrás?

– Definitivamente. Por un tiempo, a lo único que aspiraba era a defenderme. Quería gritar y decir “¡No tenés idea! ¡A mí solo me permiten hacer esto, y tengo estas opciones!”. Amaba ser parte de un proyecto, amaba lo que hacía y siento que la atención se fue desvaneciendo. Recuerdo que sentía que no me definía por mi trabajo, sino por quién era. Creo que hubo un cambio cuando saqué The Heart Wants What It Wants (en 2014), cuando compartí un montón de cosas de mi vida privada. ¿Me debería importar que la gente se interese por las cosas del mundo? ¿Cosas que deberían discutirse más? Sí, pero no puedo controlar eso. Ni tampoco quiero.

Con 129 millones de followers, sos la persona más seguida en Instagram, pero al mismo tiempo manifestaste que era necesario sacarles tiempo a las aplicaciones.

– Amo a Kevin [Systrom], el creador de Instagram, y él se enojó conmigo cuando dije que iba a tomarme un respiro. Pero aislarme un poco me permitió pasar tiempo con las cosas que realmente importan. Estuve viéndome con un viejo amigo y fuimos muy cuidadosos con cada conversación. Las charlas profundas te recuerdan cuáles son las cosas verdaderamente importantes. No se trata de hablar sobre los demás.

¿Qué fue lo mejor de estar soltera?

– ¿Lo mejor? Es realmente… ¿sabés qué? Algo de lo que me enorgullezco es de la bella amistad que tengo [con The Weeknd]. Nunca había experimentado algo así en mi vida. Terminamos como los mejores amigos y hay algo genuino acerca de animar y cuidar al otro. Eso fue muy importante para mí.

¿Qué trajo a Justin de vuelta a tu vida?

– Tengo 25 años, no 18, 19 ni 20. Yo adoro a la gente que tuvo un impacto en mi vida. Antes, quizá, hubiera forzado algo que no era correcto. Pero eso no significa que el amor por alguien desaparezca. Y eso va para la gente en general. O sea, yo crecí con Demi [Lovato], Nick y Joe [Jonas], y Miley [Cyrus]; pasamos por muchas cosas en la vida. No es algo tan serio como piensa la gente la mitad de las veces. Es solo mi vida, yo crecí con ellos, y está buenísimo saber dónde está cada uno. Es algo que se conecta con esta idea de sentirme plena. Pienso que una buena representación del amor va más allá de vos. Está en ir a la cafetería como me sucedió esta mañana y hablar con una mujer que celebraba su cumpleaños y estaba a punto de ir a Disneylandia por primera vez. Yo le hablé de mis cosas favoritas y ella se entusiasmó, y yo luego me entusiasmé por verla entusiasmada. Las cosas más pequeñas tienen su impacto.

¿Hoy qué es lo que más te enorgullece?

– Estoy orgullosa del lugar que ocupo. Hago las cosas de un modo sano. Puedo disfrutar de donde estoy. Amo ser capaz de decir que no. Me gusta ser parte del mundo. La gente tiene terror de la gente, lo veo en mi generación un montón. Hay mucha angustia y ansiedad, y la presión para que las cosas no empeoren. Pero me alegra no sentirme hastiada. Tengo todas las razones para decir “A la mierda con todo”. Y no lo hago. Voy a tener días malos cuando no quiera dejar la cama, pero estoy lista para eso.