El reconocido músico, compositor y productor presentó en el Coliseo Podestá de La Plata su show “Desandando el camino”.

Gustavo Santaolalla realizó la que será su única fecha en Argentina hasta, por lo menos, el año que viene. Fue en el Coliseo Podestá de La Plata con entradas agotadas. “Estoy muy contento de volver a esta ciudad donde la potencia y la magia musical siguen intactas”, declaró a Billboard. “La noche es muy especial, además, porque se conmemora el aniversario por La noche de los Lápices”, dijo en referencia a una de las fechas históricas más importantes de la lucha estudiantil en Argentina.
Entra el sol en el Teatro que se apoya contra la calle 10 de la Ciudad Capital de Buenos Aires. El público aplaude aunque el telón todavía no se corrió. Las miradas se dirigen hacia uno de los palcos. Ahí está Estela de Carlotto devolviendo el aplauso con una radiante sonrisa y la entereza que siempre la definió. Pasadas las 20:30 aparece el multipremiado músico y compositor, de ajustado traje mientras su banda ya está desarrollando el primer clima musical. Santaolalla tiene una mesa ratona con sales, algunos Budas, una lámpara enigmática y piedras.

No hay desarrollo multimedial como en shows de Bajofondo, acá las canciones son el hilo conductor. Con Raconto (2017) es la primera vez que el músico nacido en El Palomar levanta el freno de mano y mira en perspectiva. El disco que le valió un Premio Gardel y que fue el principal motivo de esta gira llamada “Desandando el camino” es el núcleo del show. En su revisión, Santaolalla encontró composiciones atemporales. Es una cita de canciones que el público no conoce. Hay en la lista temas de sus cuatro discos solistas que nunca llegó a presentar en vivo. Santaolalla (1982), el grunge GAS (1995), el instrumental Ronroco (1998) -que habilitó la importante faceta de compositor de música para películas- y Camino (2014), también instrumental.

Más allá de la inmensidad que representa su mundo, el recorrido de la noche del domingo cumplió funciones cronológicas. Durante la primera parte del show, Arco Iris –su banda inicial, línea fundadora del rock argentino– fue el eje. “¿Quién es esa chica?”, “Y una flor (el pastito)”, y “Camino” formaron parte del primer bloque. Primero cuarteto y luego sexteto como formación final, la banda de Gustavo está hermanada con las texturas que el músico desarrolló durante su carrera. Tiene, además, un tinte actual. En “Compañero del sendero”, por ejemplo, la madera es protagonista de la base sonora y la voz de Gustavo crece entre una multitud onírica.

Conformada por Barbarita Palacios (cantante, compositora, percusionista), Javier Casalla (multi-instrumentista), Nicolás Rainone (contrabajo, intérprete, productor), Juan Manuel Ramírez (baterista de Los Guauchos) y Andrés Beeuwsaert (tecladista, pianista y cantante), la banda es el equilibrio justo para un nuevo mundo de viejas canciones. Tienen foco en lo coral, se destacan dentro de la atmósfera compuesta por cada una de las canciones y están conectados a las venas de Santaolalla. El grupo sanguíneo se evidenció en “Secreto en la montaña”, el track que le otorgó cierta nostalgia y algunos galardones al compositor instalado en Los Ángeles.

Luego de un descanso de veinte minutos, la segunda parte del show trajo una mayor diversidad de acuerdo a la versatilidad del productor. Allí hubo lugar para sus creaciones en películas como “Diarios de motocicletas” y hasta para la atracción de niños y niñas con la canción del videojuego “The last of us”. “Es tremendo poder llegar a interpelar a gente tan diversa y de tantas generaciones”, dijo el músico. Luego de un in crescendo final, la canción se ganó el mayor reconocimiento eufórico de la noche.

“Aunque usaba barba y el pelo largo, nunca fui Hippie”, dijo Santaolalla bordeando las canciones de Arco Iris. Vivía en comunidad, no consumía drogas y alcohol y se guiaban bajo una conducta estricta de meditación, pero el autor de “Mañana campestre” lo reafirma. O desafía los conceptos. El asunto es que en el contexto de los bises, y después de más de dos horas de show, Gustavo salió con una caja y copleó “No sé que tienen mis penas” el canto popular de Leda Vadallares. Y cerró con un tango electrónico; “Pa´bailar” de Bajofondo. De aquí para allá, en todas partes. Santaolalla, uno de los artistas más importantes de la música popular argentina, fue una aurora boreal.