Rosana regresa con En la memoria de la piel, el álbum que sale a la venta hoy, 4 de noviembre. Pero antes, visitó Argentina para presentar El cielo que me das, primer single del disco.

Es una de las cantautoras de habla hispana más exitosas. Con 20 años de trayectoria, la española recorrió el mundo con El talismán, A fuego lento y Si tú no estás aquí, entre otros clásicos (muchos de los cuales fueron reunidos en su último álbum, 8 lunas!). Hoy prefiere conectarse con el presente y dar a conocer las letras que la tuvieron durante un tiempo alejada de los escenarios, por estar avocada en componer.

¿La fusión de sonidos responde a una búsqueda particular?

Rosana: Diría que es más una necesidad. Los temas me sonaron así cuando los compuse. Entonces lo que hice es responsabilizarme de eso y grabarlos de acuerdo a ese sonido que me pedían.

¿En qué momento decidís que un álbum está listo?

R: Cuando ya no tengo nada más que decir. Empecé a trabajar en este disco el año pasado cuando terminé la gira por Estados Unidos. Volví a casa y estuve componiendo desde julio hasta enero y cuando me di cuenta que ya no tenía nada más que escribir, comencé a seleccionar las canciones. Había escrito más de 50.

¿Y cómo es ese proceso de selección?

R: Eligen los amigos y la familia. Les voy cantando la primera estrofa y el estribillo, no les canto el tema entero porque no habría tiempo físico que alcance. Y así, después de varias escuchas, en diferentes días y con distinta gente, va saliendo el disco. Siempre fue así.

¿Qué cosas son las que te inspiran?

R: Nunca supe lo que es sentarse a hacer una canción pensando en lo qué voy a escribir. Por lo tanto, he llegado a la conclusión que mis canciones no pasan por mi cabeza nunca. Escribo lo que siento. Nunca hay un tema concreto. De hecho, yo soy la primera en sorprenderse con determinadas canciones. Me pregunto: “¿Pero por qué he escrito esto?”. Podría decir que una vez que he terminado un tema sé sobre qué trata, pero no antes.

¿Cómo es la relación con el público argentino?

R: Es muy especial, una ida y vuelta constante. El hecho de que grandes y niños escuchen mis canciones demuestra que la emoción no tiene límites. En realidad, no tiene mucha importancia que sea una composición propia porque cuando forma parte de tantas vidas ya deja de ser tuya.

¿Crees que en más de 20 años de carrera diste con la fórmula que te permitió ser reconocida en todo el mundo?

R: Si di con la fórmula no me di cuenta. En todo caso encontré la pócima, porque tiene que ver con la magia. Existieron músicos que murieron sin saber que en el siglo XXI los íbamos a escuchar. Hay música descolocada, ni mala ni buena, sino descolocada en el tiempo. Yo he tenido la suerte que mi música tenga una colocación bonita, mágica e inmediata.