La española desplegó su demoledor Motomami World Tour en el Movistar Arena: emoción, referencias a Mercedes Sosa, Astor Piazzolla y performances increíbles en una noche con Q de Que reinona.

Ocurre en ocasiones, encontrarnos con pensamientos o emociones que son difíciles de llevar al terreno del lenguaje, mucho más vivenciales que unos simples caracteres agrupados. Es ahí donde la palabra no transmite el poder del sentimiento y se queda corta; donde los gestos no alcanzan y los tonos son insuficientes. Eso fue precisamente lo que ocurrió ayer en la primera de las dos presentaciones de Rosalía en el Movistar Arena. La vertiginosa carrera de la catalana se encuentra en su mejor momento y el Motomami World Tour tuvo una noche cargada de energía y emociones, arriba y debajo del escenario.

El show tuvo un comienzo demoledor con Saoko (con la estética del álbum y reminiscencias al animé japonés) seguido de Candy y Bizcochito que lograron en apenas 10 minutos hipnotizar a un estadio que quedó rendido a sus pies. Ese golpe de efecto permitió el desarrollo conceptual de un show tan cargado de significados como de música y pasión. Porque si bien la puesta en escena es minimalista en extremo, el Motomami Tour está cargado de sentido y es un evento en constante acción y transformación. Es una desmaterialización de la idea en el lienzo blanco a favor del concepto, que es la transformación en vivo. Una performance en la que el cuerpo es el instrumento principal: No los videos, los artificios o las exageraciones: es el cuerpo de Rosalía al servicio del arte. Son los cuerpos de los 8 bailarines al servicio de la catalana. Son los que forman una moto humana a la que Rosalía se sube, y esa energía en constante transformación es la que muta en el escenario. En una época donde los shows se crean y piensan para distraer, Motomami está construido para atraer.

ROSALÍA – SAOKO 

Como en la mitología, todo acto magnificente requiere de un sacrificio humano, y es Rosalía la que se expone y deja todo en el escenario: Su pelo, maquillaje, sus lágrimas, su transpiración y su canto. Porque el éxito de Rosalía no radica ni en los hits ni en su performance, sino en su autenticidad. Es conocida y repetida hasta el cansancio la frase “Para ser exitoso hay que ser auténtico” pero aun así muchos siguen buscando (o quizás encuentran más sencillo) ocultarse en un personaje: una cara llena de tatuajes, una personalidad inventada, una cadena, un discurso ilusorio, un autotune, un falso ideal. Rosalía no es ni más ni menos de lo que vemos: Una performer imponente, una chica sensible que llora, una mujer sexy que disfruta, una artista que se emociona ante la abrumadora ola de cariño que recibe; es una persona que está viviendo su sueño, sin necesidad de fingir nada: Se emociona leyendo carteles, recibiendo regalos, cantando “Alfonsina y el mar” de Mercedes Sosa a pedido de un fan, y sin solución de continuidad canta, baila, juega, ríe y llora, sin que sea una confusión.

No hay falsas humildades, se sabe diva pero no pierde su esencia: En tiempos de filtros coloreados y superficialidad en cada foto, mientras canta Diablo se sienta y se desmaquilla, mostrando que todo ese tuneado es divertido, pero no esencial. Vuelve con Hentai, Pienso en tu Mirá y De Plata luciendo con cola de 12 metros. Abcdefg y el abecedario (que parece un chiste interno en el álbum) en el show cumple una función conectora generando engagement en vivo. Porque el Motomami es centennial y old school a la vez: es el show más tiktokeable de la historia, con una cámara siguiendo a Rosalía para reproducir en dos pantallas verticales simulando celulares, pero también es un lienzo blanco en el centro listo para ser escrito y reescrito a mano con una birome. Esa es otra de sus virtudes: Usamos mucho (quizás demasiado) el celular, pero también hay cosas que necesitamos escribir a mano y tenerlas de puño y letra, y ahí están en el centro del escenario.

Antes de La Combi Versace, alguien del publico lanzó un pañuelo verde al escenario en manifestación del derecho al aborto legal seguro y gratuito, y lejos de esquivar el compromiso Rosalía lo lució en el cuello por algunas canciones. Luego llegó el turno de los fans en el escenario bailando el nuevo lanzamiento “Despechá”; porque Rosalía es la única artista que puede crear el hit del verano europeo aún antes de lanzarlo: Con anuncios y pequeños spoilers en sus redes sociales fue suficiente para que todos canten la canción desde su estreno en vivo. Es el movimiento y la transformación en su máxima expresión, todo fluye y ninguna canción parece ajena al concepto abarcador.

En el cierre, la cohesión no se rompe y Malamente convive con Chicken Teriyaki y Sakura como si fueran parte de un mismo ciclo. Porque lo son, en el ciclo de Rosalia. Así fue el primero de los shows de Rosalía en el movistar arena, y dejó su huella, como aquel del 2019 en el lollapalooza, y como seguramente volverá a dejar hoy por la noche.

ROSALÍA – CHICKEN TERIYAKI