El pop de Córdoba tiene en este joven grupo a una de sus mayores promesas. Su primer disco sorprendió por su madurez y sus canciones. El sonido y la frescura de 'Adolescente' elevan la vara de una escena marcada por la ambición y la exigencia.

 

Detrás de Hipnótica, Telescopios, Juan Ingaramo, Francisca y Los Exploradores o Valdes, una nueva camada de músicos dice presente en una escena cordobesa que mantiene su peso propio y no deja de recibir influjos de modernización gracias a un circuito de conciertos variado y cada vez más permanente. Una segunda avanzada artística que creció como público junto al desarrollo de grupos más afianzados y también tiene un vínculo más cercano con la música que hacen sus contemporáneos. Rinco, por caso, es una de esas bandas cuyos integrantes dicen presente cuando Bandalos Chinos vuelve a la ciudad y han sido impactados por la locura escénica de Louta.

Además, el grupo acaba de editar uno de los discos más importantes de 2017 de la mano del sello independiente cordobés So High Records. Adolescente, su primer larga duración, muestra de entrada un magnetismo tan fuerte como indescriptible. Las canciones hacen su camino y se suceden con gran fluidez. Los estribillos, los arreglos de guitarra y la preciosa base rítmica flechan como Cupido. El amor es, de hecho, uno de los temas fundamentales de un disco que muestra una personalidad artística en pleno desarrollo, pero da cuenta de una inquietud innata. Un dejo al pop mexicano tan bien asimilado por Indios y el reflejo mayor de artistas como Babasónicos o Café Tacvba manifiestan una vocación por contar buenas historias en forma de canciones provocativas. Rinco lo consigue y sienta las bases de una carrera ambiciosa.

Buena parte de esto tiene que ver con Bernardo Ferrón, guitarrista de Telescopios, que se encargó de producir artísticamente el disco y puso al servicio su vocación experimental en términos de audio. Cada instrumento (voz, guitarra, bajo, batería y programaciones) está pulido como un diamante en bruto que consigue su máximo brillo. El registro y la presencia del cantante Marcos Saavedra-Bascary irrumpen como una de esas buenas noticias que son capaces de cambiar el panorama de un día funesto. Su parsimonia transmite una tranquilidad que refuerza el lenguaje sonoro planteado desde la interpretación instrumental y desde la mezcla. En definitiva, las canciones parecen diseñadas a la medida de una voz que tiene algo nuevo para decir. Por lo pronto, es un primer disco que invita a esperar sin prisa la llegada de una nueva aventura musical.