El ex Black Crowes se mostró sin ataduras en el Rock N' Drive 2017, después de haberle puesto punto final a su vieja banda, con la que vendió más de 35 millones de discos. Una lección de rock sureño en La Rural.

El calor, la humedad y las pocas ganas de alejarse del aire acondicionado no fueron suficientes excusas para no acercarse al Rock N’ Drive 2017, realizado en La Rural: una variada propuesta de música en vivo, autos, motos, tattoos y foodtrucks, entre otras atracciones.

Tras un menú rockero variado pero ameno con Las Sombras, Las Diferencias, Caballos y Sombrero, en el Red Bull Tour Bus –musicalizado en el intervalo entre banda y banda por DJ Uopa Nachi−, y Vieja Estación, Támesis, Blues Motel y el gran Jimmy Rip, llegó el main course con la Rich Robinson Band, que dio un show corto y compacto.

Robinson se siente un extraño en la Argentina; de hecho, reconoce que no conoce absolutamente nada de la música local, pero sabe muy bien quién es él y cómo quiere llevar adelante su carrera. Y para eso, no dudó ni un segundo en conseguir los servicios de Nico Bereciartua, que lo sedujo musicalmente subiendo a Twitter una versión de Baby (de Paper, 2004, primer disco solista de Rich). No sólo gustó su trabajo, sino que le valió sumarse como guitarrista de los diferentes proyectos de Robinson.

Fundador de los Black Crowes en 1986 junto a su hermano y cantante Chris, Robinson se muestra sin ataduras luego de haberle puesto punto final a su vieja banda con la que vendió más de 35 millones de discos. Hoy divide su tiempo entre su proyecto solista y su banda The Magpie Salute, en la que también tiene en sus filas al hijo de Vitico.

Con su libertad a cuestas, cerró en el escenario principal del RND su paso por la Argentina, que tuvo otras dos presentaciones en el Teatro Gran Rivadavia y Cosquín Rock. Además del virtuosismo de Bereciartua, Robinson estuvo acompañado por el bajista Sven Pipien –también ex Black Crowes–, Joe Magistro en batería, el cantante John Hogg (Hookah Brown, Moke) y Matt Slocum detrás de su teclado Hohner. Todos juntos, y escoltados por una muralla de amplificadores Fender y Vox, se sumergieron en una especie de zapada eterna, cortada en pedazos cada tres o cuatro minutos sólo para que tomen forma de canción. Sonaron temas de la etapa solista de Robinson, como Eclipse The Night e Inside,  y revisaron el enorme legado de los Black Crowes, con Good Morning Captain, Virtue and Vice o My Morning Song.

“Estamos felices de estar en la Argentina. Buenos Aires, esperamos vernos pronto”, dijo Rich poco antes de finalizar la velada de rock sureño.