Tras encabezar junto a Ricky Martin, Bad Bunny, Nicky Jam y otros artistas una multitudinaria marcha popular en Puerto Rico, que culminó con la renuncia del gobernador de la isla a partir de la filtración de un chat privado discriminatorio, el ex Calle 13 visitó la Argentina para promocionar “Bellacoso”, su nuevo tema, dar algunas señales del álbum que se viene y dejar su opinión sobre el estado actual de la industria musical.

Son días de intensa y febril actividad para René Pérez Joglar, más conocido como Residente. Su visita a la Argentina llega después de aparecer en las portadas de los principales diarios, portales de Internet y canales de noticias del mundo encabezando una histórica marcha de protesta en Puerto Rico junto a Ricky Martin, Bad Bunny y Nicky Jam, entre otros, que generó la renuncia de Ricardo Rosselló, ex gobernador de la isla envuelto en un escándalo por la filtración de un chat privado en el que descalificó a mujeres, integrantes de la comunidad LGBT, miembros de la oposición y personas con discapacidad. El ex Calle 13 estuvo fugazmente Buenos Aires no sólo para promocionar “Bellacoso”, su flamante tema en colaboración con Bad Bunny, sino para dar su visión sobre la actualidad del panorama musical, además de algunas pistas en torno a su próximo álbum como solista que, se espera, verá la luz hacia fines de este año.

En plena etapa de desarrollo, Residente define a su inminente trabajo discográfico como una obra “conceptual, accesible y distinta”, donde habla de todo lo que tiene en su cabeza. Y en base a esa idea, le contó a Billboard AR que empezó a estudiar el cerebro de los seres humanos y de los animales y a experimentar con ondas cerebrales y música.

“En el álbum anterior el concepto fue trabajar con mi ADN, viajando alrededor del mundo por los países que tengo en mi sangre. Acá, literalmente, estoy usando el cerebro como una herramienta de composición, como un instrumento musical. Estoy trabajando con gente pero a la vez con gusanos y moscas. Pero el proyecto no se va a quedar ahí, voy a seguir investigando sobre todo tipo de ondas, ya sea cerebrales y electromagnéticas”, detalla René. 

– En “Bellacoso”, tu nuevo tema, trabajaste con hormigas. ¿Qué encontraste de similar entre ellas y el ser humano?

– Tenemos muchas cosas en común. Nosotros construimos una realidad en la que vivimos y en base a eso se da lo que creemos y esa es la inteligencia. Estuve trabajando también con gusanos, que tienen trescientos cuatro neuronas, y lo que ellos hacen con ellas es increíble. Eso puede llevar a pensar que ellos son más inteligentes que nosotros, que sólo usamos el tres por ciento de nuestro cerebro. Ahí es donde digo que la inteligencia es relativa. De todos modos, el proyecto no trata sobre la inteligencia sino que, a pesar de que todos somos distintos, podemos conectar a nivel cerebral. Es decir, tu puedes tener tus ideales, puedes pertenecer a un partido político y yo a otro pero siempre vamos a estar conectados cerebralmente. Esa es una parte del concepto del disco, la otra es buscar una manera creativa de hacer música, que sea divertida. Porque si el proceso no es divertido yo me quito (se ríe).

– ¿Cómo te llevás con esto de hacer canciones rápidas, tan en boga hoy en día, considerando que vos te tomás tu tiempo para componer y definir un concepto para tus discos?

– Una cosa es hacer canciones rápidas para vender, que salgan al mercado y hacer algunos números. Y otra muy distinta es el free style, que tiene mis respetos y se relaciona más con ser creativo y veloz a la hora de responderle a otro MC. Pero cuando la idea es componer canciones rápidas como si fuera una fábrica de hacer chorizos, como dicen ustedes en Argentina, y con el solo objetivo de alcanzar algunos números y ganar más seguidores o viewers, ahí la cosa es más complicada. De todos modos, creo que la gente se está dando cuenta que no es creíble que en sólo una semana un video puede tener millones de visitas. Una cosa es el marketing, que está muy bien, y otra es la obscenidad. El arte es mucho más importante que la cantidad de seguidores que un artista pueda tener. Tenemos que terminar con la automatización y esa cosa de los algoritmos que te dicen lo que tienes que escuchar. De esa manera, las nuevas generaciones se están perdiendo de lo que pasaba en la música hace diez, quince o veinte años atrás. 

– ¿Hay escapatoria ante esa realidad? ¿Sos optimista al respecto?

– Sí que la hay. Tienes que jugarla, entrar y salir. Lo que ocurre es que, en mi caso, yo entro al juego y salgo, y cuando salgo aparecen los que no entienden mi plan y empiezan a decirme que me vendí y ese tipo de cosas. Yo no me vendo, sólo trato de adaptarme a las reglas del juego y usar sus herramientas porque sino te quedas apartado en un esquina y fuera de todo. Soy consciente de ello, de cómo y cuándo utilizarlas para lograr lo mejor y llegar más lejos con mi mensaje. 

– ¿Cuánta responsabilidad le atribuís a “Bellacoso” a la luz de lo que ocurrió en Puerto Rico con la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló?

– Más que “Bellacoso” yo pienso que la que refleja mejor toda la situación es “Afilando los cuchillos”. Esta canción la hicimos con mi hermana y Bad Bunny muy rápido, en un día, pero demuestra la molestia que había con todo lo que estaba pasando en mi país y que sirve también como una motivación para otros jóvenes en otros países. 

– ¿A qué atribuís que la música latina se haya convertido en un fenómeno global logrando algunas colaboraciones impensadas hasta hace poco tiempo atrás?

– Yo creo que la tecnología tiene mucho que ver. Los que empezaron abriendo puertas fueron Ricky Martin, luego Shakira y desde lo urbano Daddy Yankee e incluso nosotros con Calle 13. Al principio, la música urbana era poco escuchada pero cuando empezamos a mezclarnos con el rock en festivales como el Vive Latino, por ejemplo, ahí la cosa fue cambiando. Esa fue una batalla ganada y una vez que la puerta se abrió entraron todos los que están ahora. Yo no les quito mérito a los artistas nuevos pero este fenómeno lo atribuyo a que hubo una historia, con muchos artistas que la pelearon durante años y son los que, precisamente, no figuran en los algoritmos.