La legendaria agrupación de rock metálico celebró su 30º aniversario con un show de casi 3 horas y media, acompañada de una orquesta.

Remeras negras, camperas de cuero, botas y pelos largos −sin distinguir género, edad, ni clase social− inundaron las inmediaciones de la Av. Madero el pasado 9 de agosto. Para quienes pasaban por la zona, era fácil suponer que adentro del Luna Park estaba por empezar un concierto de rock n’ roll, y uno muy bueno a juzgar por la cantidad de personas que esperaban para ingresar.

Rata Blanca convocó a su fiel fanaticada para celebrar sus 30 años: la legendaria banda se reunió con una orquesta de cuerdas, algo que no ocurría desde hace 26 años.

“Bienvenidos a este antro del rock n’ roll”, fue lo primero que dijo el vocalista Adrián Barilari. “Estábamos muy nerviosos de hacer esto, pero ya está, aquí estamos y ustedes también. Gracias por venir”. Sin conversar demasiado, la banda liderada por el guitarrista Walter Giardino desplegó un poderoso setlist que se extendió durante 3 horas y 20 minutos, con tan solo un pequeño break que sirvió para dividir el show en dos etapas: con y sin orquesta.

El arranque con “Los chicos quieren rock”, entre humo y efectos especiales, repasó temas de casi toda su discografía, entre los que destacaron sus clásicos como “Volviendo a casa”, “Aún estás en mis sueños”, “Ella”, “El reino olvidado”, “Guerrero del arcoíris” y una versión acústica de “Mujer amante”, donde estuvieron acompañados por dos miembros de la orquesta.

“Este no es cualquier Luna Park”, dijo Giardino en medio del show. “Es el primero que hacemos sin el Negro; todavía no cierra esa herida y nunca va a cerrar. Tenemos a un gran músico con nosotros (Pablo Motyczak) y el Negro está aquí”, terminó mientras señalaba su corazón. Acto seguido, el público coreó el nombre del fallecido bajista al ritmo del “Olé, olé, olé”.

La muerte de Guillermo Sánchez, en 2017, dejó a la banda sin un miembro y muy golpeada anímicamente. Barilari, Giardino, Scarcella, Moschen y Motyczak son los 5 integrantes actuales.

“Agord, la bruja” marcó el final del primer set y la gigantesca pantalla del fondo se dividió en dos, dejando ver a quienes estaban detrás de ella: la orquesta. Con “La llave de la puerta secreta”, inició la segunda etapa del show (de una hora), con la banda ahora acompañada de un grupo de violines y violonchelos, bajo la dirección de Patricio Villarejo. Después siguieron “El guardián de la luz” y “La leyenda del hada y el mago”.

El volumen de la orquesta nunca fue lo suficientemente alto como para destacar por encima de la distorsión. El arreglo orquestal se perdió en la mezcla, al punto que la audiencia ubicada en la platea se unió en una sola voz para exigir que subieran el volumen. Por desgracia, eso no ocurrió.

Uno de los momentos más emotivos llegó con el tema “Noche sin sueños”, quizás el único instante en el que se pudo apreciar el sonido de la orquesta de forma nítida. Mientras que Rata Blanca ejecutaba la canción, las pantallas mostraban imágenes de Guillermo. Sin duda un merecido homenaje para quien, a pesar de no haber sido fundador, fue -junto a Giardino- el que más tiempo permaneció en las filas de Rata Blanca.

La voz de Adrián fue tomando más fuerza y confianza a medida que transcurría el show, inmune al cansancio, mientras que Giardino, una vez más, demostró que es virtuoso como pocos. La banda se encuentra en un nivel físico excepcional y continúa dando conciertos de talla mundial.