No es solo el postpunk lo que define su sonido. Entre los estilos de referencia se asoman el dream pop y el noise.

Facundo Romeo se dio cuenta de algo: la música que quería escuchar no estaba siendo producida, entonces tenía que hacerla él. Y así empezó a componer y a grabar, sin parar, a lo largo de dos años. Primero de forma personal, encerrado en una habitación de su casa, después con una banda. Primero con el lanzamiento de un EP que maquetó desde la soledad, y después, finalmente, con un disco que inauguraría la nueva era de Pyramides como grupo.

Armado entre 2012 y 2014, el primer material fue compuesto, grabado y mezclado por Romeo en su casa de Avellaneda. El EP, que lleva el nombre EP, como dato anecdótico, salió en formato de cassette, editado por Poco Proporcional Records, y cuenta con 12 canciones. Una vez lanzado, comenzaría la búsqueda de compañeros; era inevitable: Pyramides tenía que sonar en vivo.

Incorporados el bajo y otra voz (Alonso Romeo), la batería (Andrés Centrone) y la guitarra (Jonathan Chendo), junto a Facundo Romeo (guitarra y voz) empezaron las presentaciones, y con ellas la inevitable transformación en el sonido. Si alguna vez había sido introspectivo, íntimo y compacto, y buscaba lo mejor del postpunk, con la retroalimentación que resulta de la asociación creativa entre cuatro personas, se convertiría en algo más grande, muchísimo más maduro y, sobre todo, versátil.

Vacíos y variables salió en marzo de 2017 a través del sello independiente Fuego Amigo Discos, y sostiene la línea de trabajo que Facundo Romeo había sembrado en sus comienzos. Pero reducir Pyramides (o la música, en su defecto) a una categoría, por ejemplo el postpunk, suena injusto. En su sonido de hoy se escuchan la variedad de estilos y las diferentes influencias que coquetean también con el dream pop, especialmente gracias a la incorporación de los sintetizadores (Hernán Molinari) y el noise pop.

Este cóctel diverso de (diez) melodías construidas con guitarras que ya no aparecen de forma disruptiva y buscan integrarse a las bases rítmicas bailables propuestas, sino que suenan más experimentales, distorsionadas y melancólicas; teclados justos que acompañan y ponen el sello diferencial; hacen que Vacíos y variables traiga una fórmula poco común al frente de la escena local. En definitiva, aquello que Facundo Romeo inició es lo que hace que Pyramides siga diferenciándose: mostrar un sonido como no había otro.