Con su nuevo disco, Joya, Javier Zuker, Fabián Picciano y Leandro Lopatín apuestan por bajar el tempo e incursionar en nuestro idioma. “Queremos que el próximo disco sea completamente en castellano”.

En un jueves de rutina, el sonido de los teclados domina la sala de ensayo de Poncho. La casa de la infancia de Fabián Picciano se reinventó para alojar a aquellos tres amigos que fueron pioneros de la electrónica nacional y que hoy editan su tercer disco de estudio. Allí donde tan cómodamente prueban una nueva mezcla mágica entre un piano clásico y un ritmo acelerado cruzado con samples de voces, se crearon dos discos, galardonados en los premios Gardel, con la singularidad de ser cantados en inglés. Pero ahora, Javier Zucker asegura que con el dueño de casa y el ex-Turf –Leandro Lopatín– desean volver a las raíces y llevar su castellano autóctono al mundo. “En este disco tratamos de incluir más temas en castellano. Obvio que sigue habiendo en inglés, pero hasta los sampleos fueron en español. Queremos que el próximo sea completamente en español”.

En Joya, los temas son más lentos que en Carnaval (2013). ¿Bajar el tempo fue una decisión predeterminada al momento de crear el disco?

– Leandro Lopatín: Este disco es más “housero”, más tranquilo. De hecho, hay un tema que tiene una guitarra acústica estilo brasileño, que antes era impensado. Pero Poncho también es un grupo muy abierto y vale todo: esa es nuestra premisa. Imaginate que el nombre de la banda ya es un delirio.

– Fabián Picciano: Yo creo que también tiene que ver con el momento. Quizás, antes, nuestras cabezas estaban más aceleradas.

¿Hace cuánto tiempo vienen preparándolo?

– LL: Dos años, y nunca está terminado. Es como una pintura, siempre se puede seguir retocando.

Entonces, ¿en qué punto dicen: “Basta, hasta acá llegamos”?

– LL: Cuando te das cuenta de que tampoco es algo tan importante y que es solo un disco.

– FP: Lo que pasa, también, es que la tecnología te da la posibilidad de seguir editando infinitamente. Si quisieras, todos los días podrías hacer una versión diferente de cada canción.

– LL: Lo que quise decir es que es música. No es que es un cohete que tiene que viajar a la Luna.

Pero si estás muy metido en eso, hay un punto en donde creés que es lo más importante del mundo. ¿O no?

– Javier Zucker: [a Leandro Lopatín] ¿Ya empezaste a ir al psicólogo? [Risas].

– LL: Parece que acá estoy.

Esta vez invitaron a cantar a Anita Álvarez de Toledo, a Mimi Maura y a Joaquín Vitola (Indios), entre muchos otros. Además de las voces, ¿implementan también samples antiguos?

– JZ: Sí, hemos utilizado desde Sui Generis hasta Betty Elizalde en el primer disco (Ponchototal). Ahora metimos un blusero de 1920, increíble.

– FP: Lo que hacemos es laburar sobre esa base. Por ejemplo, en Ice, si lo escuchás sin todo el pesto que le fuimos poniendo, las voces son totalmente normales.

En el tema Mi plantita, hablan de que “no se puede prohibir”. ¿Son activistas de la ley de autocultivo?

– LL: No somos activistas, pero apoyamos en todo lo que podamos. Me parece ridículo que esté prohibida una planta; una planta nace. Es la diferencia de la evolución de una sociedad en contraste con sus leyes. El tema, igual, nació de una flasheada.

– JZ: Salió de un sample que pensamos que necesitaba un cuerpo. Todo el tiempo volvíamos sobre la frase y después llamamos a Daniel Melingo para que cantara, y se copó. Lo queríamos regalar con la THC.

Ya pasaron seis años del suceso de Please Me. ¿Qué sensación les quedó?

– JZ: Para mí es un orgullo, un tema que nos traspasó y va a quedar para siempre como ícono de la música nacional. Marcó un camino, y a partir de eso, pasaron muchas cosas. Y no porque la hayamos hecho nosotros, sino porque fue un suceso que se puede comparar con lo que pasó antes con cualquier tema de Virus o Soda, que se convirtieron en hitos. Gracias a Please Me, mucha gente que no tenía que ver con la electrónica se nos acercó y decidió indagar en el género. Es algo que le sucedió a nuestro país con relación a la incursión en la electrónica. Y tuvimos la suerte de que el tema nos salió a nosotros.

– LL: Abrió una puerta. A partir de eso surgió la carrera de Maxi Trusso y muchas bandas pudieron mechar la electrónica con otros estilos. Antes era muy fijo, o hacías rock o te ibas al pop, nada de mezclas. Quedará como un clásico.

– JZ: Los Encargados, Virus, Soda Stereo… son grupos que en su momento eran un poco detestados por el público, no estaba todo bien.

¿A ustedes les parece que la gente los detesta?

– JZ: [Risas] No, no. Lo que quiero decir es que al principio no se pensaba que iban a tener tal magnitud.

– FP: Como todas las nuevas tendencias, generan irrupción. No sabés si te gustan o no, y, con el tiempo, se van afianzando y son lo que son hoy.

– LL: Pensá que hasta Paul Oakenfold hizo un remix, y nosotros habíamos escuchado mil veces el disco de Happy Mondays mezclado por él. ¡Increíble!

– JZ: Obvio que nos gusta tocarlo y lo seguiremos haciendo siempre. Es como Blue Monday para New Order, un himno.

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¿PROHIBIR NO ES LA SOLUCIÓN?

Poncho es uno de los artistas confirmados en la Creamfields de este año. Pero hay una pequeña gran diferencia con las tradicionales ediciones: esta vez, el festival se hará en Asunción, Paraguay. A causa de la tragedia ocurrida en marzo dentro de la fiesta Time Warp, la organización internacional no confirmó la realización del festival en el autódromo porteño y trasladó la fecha pautada para Buenos Aires a la capital paraguaya. “Ninguno de nosotros estuvo en la Time Warp, pero prohibir las fiestas electrónicas no es una solución. Falta una política clara de drogas, concientización y mucha educación”, comentó Lopatín. “Hay mucha desinformación sobre todo lo que está pasando, y lo que le llega a la gente es un mundo totalmente irreal. No son ciertas muchas de las barbaridades que se dicen. Y a partir de ahí se hace muy difícil opinar”, explicó Picciano, a lo que su compañero y ex-Turf agregó: “Todos los chicos que consumen drogas lo van a seguir haciendo aun cuando lo prohíbas. Entonces, ¿no es mejor que les expliquen al respecto, que les controlen la droga?”. Una pregunta abierta para una solución inexistente hasta el momento.