Aunque sigue de gira y grabando nuevo disco con Los Espíritus (“Será más selvático y psicodélico”), Maxi Prietto no delimita su territorio creativo: junto a Natalia Politano, la voz de Sr. Tomate, sorprendió en junio con el lanzamiento de Boleros y canciones, que van a presentar formalmente el 7 de diciembre en el teatro Xirgu. “La música latinoamericana tiene una carga dramática”.

La cita es a las 13, y Maxi Prietto llega puntual. Saca la llave y abre la reja de entrada a la sala de ensayo de Los Espíritus en la calle Uriarte de Villa Crespo. Sube por una escalera hasta llegar a la cocina, donde hay platos y vasos usados. Se pone a lavarlos. “No, estresado no, pero como tocamos los fines de semana y ensayamos casi todos los días… –Hace un silencio largo mientras enjuaga un vaso–. Hace falta un poquito de tiempo para estar ahí, en la casa, y qué se yo. –De nuevo otro silencio largo–. El año que viene me gustaría dedicarme un poco más a eso”. Se refiere a la música para relajación, una idea que está macerando en donde la música forma parte de una experiencia de acompañamiento. “Que la gente pueda hacer yoga o lo que sea, y después escuchar durante la relajación”, explica.

Tiene sentido que, después de otro año intenso, Prietto esté buscando el descanso. Al menos, desde lo musical. En lo que va de 2018, Los Espíritus giraron por España, Alemania, Sudamérica y el interior de la Argentina. En Madrid y Berlín, la banda aprovechó para grabar temas de su próximo disco, que según Prietto estará listo a principios del año que viene y que también tendrá la participación de Bombino. El guitarrista y compositor nigeriano, además de compartir con ellos dos fechas en Niceto Club, participó en algunas canciones que registraron en los estudios ION. Además, durante noviembre, la banda estará de gira por México y Cuba, donde van a grabar las últimas canciones de un disco que, según Prietto, será “más selvático y tendrá mucha psicodelia” y contará con un nuevo integrante en percusión: Francisco Paz.

Desde el lanzamiento de Agua ardiente el año pasado, Los Espíritus acumularon elogios (Andrés Calamaro, Gustavo Santaolalla, Simon Reynolds, etc.) y nuevas oportunidades de expansión. La clave, en su caso, fue absorber toda esa información y sintetizarla para que se ajuste a sus pretensiones como grupo. “Todo este último año escuchamos un montón de música: latina, salsera, africana… mucha música de Malí, de Somalia. Todo eso se fue metiendo en las canciones. Nosotros antes grabábamos las bases y sobregrabábamos las percusiones. Ahora tenemos la batería, las congas y los accesorios, todo en vivo. Va a ser más loco que Agua ardiente”, cuenta Prietto. Algo de esto se vio en el show ante 5000 personas que Los Espíritus dieron en el estadio Malvinas en diciembre de 2017, durante ese pasaje percusivo donde subieron al escenario Walter Broide [Poseidótica], Tomás Vilche [Los Bluyines] y Tulio Simeoni [La Patrulla Espacial]. “Ahí teníamos el bombo legüero, percusiones extras, otra guitarra haciendo efectos. Eso tiene el gen de lo que estoy diciendo. Tiene la parte percusiva que le da esa cosa de tribu de raíz y, por otro lado, más guitarras con más efectos onda rock espacial. Esa combinación nos copa”.

Prietto termina de lavar los platos, se sienta a la mesa del comedor y juega con la gata. Recibe una edición de BillboardARy la hojea. “Ah, acá íbamos a tocar nosotros”, dice al ver el line-up del Lollapalooza 2018. Habla de la última fecha, que fue cancelada después de un temporal que sacudió a Buenos Aires. 


¿Se quedaron con ganas de tocar?

[Hace una mueca].

Aprovecharon para descansar…

[Se ríe] Un día lluvioso, encima. Nos dio paja por la gente que nos escribía, más que nada. Gente que iba a ir al festival. Había una intención de armar un festival paralelo. Pero como que no, ya está, se canceló.

 

Sigue hojeando la revista hasta que llega a la nota sobre el proceso de grabación de Alta suciedad, de Andrés Calamaro. “Discazo. [Andrés Calamaro] me dijo que fue una locura esa grabación. Fueron meses de estar en el estudio. Nosotros somos todo lo contrario. Ensayamos, grabamos y chau. Agua ardiente lo hicimos en cinco días. Pero leo que hay discos que tardaron meses. No entiendo cuánta variación de cosas se puede hacer”.

 

En varios casos, los discos más espontáneos tienen mejor resultado…

Lo que hicimos fue un trabajo previo. Es como hacer una foto con Photoshop en la que ponés distintos elementos, como una silla, una mesa, un cuadro. Armás un collage con un árbol… podés ir haciendo y deshaciendo con la compu lo que se te antoja. Otra cosa muy distinta sería armar un boceto y poner realmente el árbol, poner todo, y le sacás la foto. El proceso ahí te toma un clic, nada más. Eso fue lo que hicimos. Ensayamos todos los arreglos para tocarlo en vivo. Entonces el proceso fue durante todo enero ensayando todos los días.

¿Con Gratitud [2015] fue diferente?

Había cosas que resolvíamos editando. Cortábamos el tema, poníamos un efecto, y después seguía. Medio DJ. Estuvo rebueno el proceso, pero después, cuando teníamos que ensayar, era como sacar la versión editada en el tema. En Agua ardiente nos pareció mejor hacer ese proceso directamente en los ensayos.

Como hizo Dylan en John Wesley Harding o en sus últimos discos…

Bueno, Dylan es así como nuestro…

¿… gurú?

Gurú, claro. Nos gusta eso. Cuando hay una buena banda tocando en vivo, lo sentís. En la época en que fuimos a verlo al Gran Rex [2012], Migue [Mactas] todavía tocaba un sintetizador con efectos de guitarra. Ahí vimos que Dylan tenía tres guitarras y dijimos: “Dejémonos de joder con ese moog de porquería”. Esa misma noche tocábamos en Plasma. Migue pasó a buscar la guitarra y salimos a tocar directamente así. Fletamos el moog. Santi [Moraes] tocaba la guitarra eléctrica y se pasó a la acústica. Ahí se armó la formación.

¿Fue difícil el cambio?

Tuvimos que aprender a tocar en conjunto. Con Migue aprendimos a hacer silencio, también, y arreglos de a dos.

¿Te interesa la idea de que Los Espíritus tiene potencial para ocupar un lugar aún más masivo en la escena?  

Desde que empezamos, nosotros fuimos a lo inmediato. Si tenemos que tocar este fin de semana, pensamos en eso. Vamos paso a paso, si no, te mareás. Nosotros tocábamos en lugares más chicos, de pronto se llenaban y empezábamos a buscar otro lugar un poco más grande. Fue muy sorpresivo que la cosa no parara de crecer. Y sigue creciendo, de hecho. La meta no es que venga cada vez más gente, sino poder desarrollarnos como grupo. Y es lo que estamos haciendo. Poder grabar de la manera que queremos, con los instrumentos que queremos… el eje está puesto ahí. Pero si nadie nos viene a ver, no podemos hacer eso. Es necesario.

¿Hubo un quiebre para ustedes a partir del show que dieron en el Malvinas el año pasado?

Durante el recital de Nick Cave entendí dónde habíamos tocado. En el momento se te pasa volando. Eso es lo que tiene de mágico: dura dos horas. Capaz algunos te preguntan por esa experiencia, que duró solamente eso. No es que al otro día me levanté y seguía viendo cinco mil personas saltando. Fue ese momento, qué se yo. Al otro día te vas a comprar el pan. Eso no te puede llevar a ningún lugar. Pasa que está todo el mundo muy contaminado por las ideas del fracaso y el éxito. Entonces están todos tratando de evitar el fracaso. Cuando lo planteás en esos términos, no hay forma de que no sufras. Todo lo que tenés es pérdida. Si tenés miedo de fracasar, estás fracasando todo el tiempo. Y si todo el tiempo querés conseguir el éxito, estás siempre angustiado porque no lo tenés. De hecho, lo tenés cuando vos decidís, porque no existe un lugar al que llegás y te dicen “Bienvenido, este es el éxito”. Solo existe cuando te realizás. Por eso hicimos Gratitud en su momento, porque la gratitud es el éxito. Cuando estás agradecido, es cuando no necesitás más.

 

Apenas Prietto termina de hablar, suena el timbre. “Llegó el éxito”, dice él, mientras baja a abrir improvisando un canto alegórico. Del otro lado de la puerta está Natalia “Poli” Politano. “Estamos cerrando”, le dice Prietto. “Uh, llegué tarde”, responde ella.

 

Poli: Estuve con Eli, te manda saludos

Prietto: Qué grande. Quiero verlo para que me cuente de su viaje.

Poli: Qué flashero eso. Fueron a Rusia, Mongolia y China. De Rusia se tomaron el transiberiano que pasa por Mongolia. Se quedaron ahí, le escribieron a una familia y se fueron a vivir a esas carpas con chivos.  

Prietto: Una vida de campo en el desierto.

Poli: Después volvieron a tomar ese tren y llegaron a China. Cuando volvieron, hicimos una cena en casa y mostraron fotos y videos. Ahí fue la primera vez que conocimos a estos viejos que dibujan en la plaza.

Prietto: ¿Los de la caligrafía?

Poli: Claro. Viste que la caligrafía para ellos es un arte que toca la subjetividad, la espiritualidad. Algo religioso. Toca otra fibra. Entonces hay una especie de ritual, que es como una práctica milenaria, en que la gente más vieja en años se junta en una plaza con una especie de escoba con un balde con agua. Mojan y hacen caligrafías que se evaporan. No tiene que ver con mostrarte algo. Es solamente el acto de hacerlo. Es divino, ¿o no?

Prietto: Es como mejorar en algo que después nadie va a ver.

Poli: Es buenísimo. Porque si estás con esa conexión con vos, después todo vibra de otra manera. Es alucinante. Hay que aprender muchas cosas de ahí, ¿no?

 

Tiempo de boleros

Todo comenzó en México, en una noche de bar con copas alzadas y voces al unísono interpretando boleros. Esta imagen interpeló a Maxi Prietto y dio a luz a La última noche, un disco de 21 tracks que en 2013 el cantante y guitarrista de Los Espíritus subió a su Bandcamp. Pero el autor quedó insatisfecho con el resultado final, así que el año pasado decidió sacarse la espina: recordó una charla que años atrás había tenido con Poli, la razón de ser de Sr. Tomate, en donde ella le contó al pasar su deseo de grabar boleros, y así, entre ensayos improvisados y músicos amigos que se fueron sumando, le dieron forma a Boleros y canciones, un nuevo y exquisito capítulo en la intención de Prietto por buscarle nuevas formas a la canción latinoamericana de raíz popular.

Además de la incorporación de Poli, el álbum cuenta con los arreglos de cuerdas de Charly Pacini, integrante de la Orquesta Típica Fernández Fierro, y con Andrés Calamaro y Gustavo Santaolalla de invitados en distintas canciones. Si bien lanzaron el disco en junio pasado, lo van a presentar formalmente el próximo 7 de diciembre en el teatro Xirgu.    

En Boleros y canciones la mayoría son clásicos del género. ¿Por qué decidieron hacer un disco principalmente de versiones?

Prietto: Me crucé con el bolero y quise interpretarlo, como en otro momento me pasó con el blues, por ejemplo. La diferencia es que con el bolero no quise hacer mi canción. En el blues hay mucha gente que se conforma con interpretar los grandes éxitos lo más parecido a como son. A mí eso no me encajaba. Me agarraban más ganas de hacer mi versión. Con el bolero, no. El disco que hice en casa quedó medio abandonado. Cuando quisimos hacer la grabación de banda con el cuarteto, me acordé de una charla que había tenido con Poli como diez años atrás, que quería hacer un disco de boleros. La invité a cantar una canción, y desde el primer ensayo decidimos que íbamos a hacer el disco juntos. Empezaron a salir canciones, y cuando llegamos a grabar, en la casa de Migue, todo era muy armonioso.

Poli, ¿cuándo escribiste las dos canciones que firmás en el disco?

Poli: “Témpanos lejanos” la escribí hace como diez años. Cuando la terminé dije: “Acabo de hacer un bolero, mirá qué loco”. Y lo dejé ahí. Cuando nos pusimos con Maxi a pasarnos temas, me acordé de ese. Lo grabé en el WhatsApp y se lo mandé. Me encantó cómo quedó. “Cigarrillos” también es una canción vieja. En un asado en la casa de Miguel [Tennina, pianista], lo llevé y les dije “Tengo un tema medio hawaiano”. Nada que ver [risas].

¿La incorporación del resto de los músicos invitados se fue improvisando?

Prietto: Se fue dando. Ni siquiera estábamos todos en todos los ensayos. Era algo que no tenía forma. No sabíamos bien.

Poli: No había una bajada de “Vamos a hacer esto”. A mí me escribió Maxi el año pasado y me dijo “Che, ¿grabamos unos boleros?”. No lo tenía pensado. Yo tenía planeadas otras cosas con respecto a la música. De repente dije: “Ah, mirá qué piola. Sí, obvio”. A mí se me vino a la cabeza porque es la música que escuché de chica, y como dice Maxi, a veces te dan ganas de cantar canciones que son tremendas. Qué te vas a poner a hacer otras, mirá lo que son estos temazos. Era una planta que iba creciendo con cada ensayo. Se sumaba más gente, siempre para bien, con alegría. Grabamos todo en dos días, en una sola toma. Parece mentira. Como nos metimos en un universo, había que grabar en ese momento. Por eso salió así. Ya estábamos en eso.

¿Con Sr. Tomate trabajás de la misma forma?

Poli: Al principio hacíamos eso, pero después empezamos a pensar más, para hacer cosas diferentes y no aburrirnos. Está bueno ir incursionando en otras formas. Pero esto de grabar todos juntos, con todos los arreglos en una sola toma, nunca lo había hecho. Me encantó. Me va a costar ahora grabar de otra manera.

¿Hubo un ejercicio de parte de ustedes de entrar en el estado de lamentación y sufrimiento que proponen los boleros?  

Prietto: A mí, en todo caso, me cuesta más vincularme con otros estados que con el sufrimiento. Es como la terna más fácil. Pero el bolero tiene otras caras también.

Poli: Hay una carga dramática en la música latinoamericana en general, por más que tenga a veces un ritmo que te hace vibrar el cuerpo. Hay una cosa que se lleva. Nos sale medio natural, no sé si lo pensamos mucho. Interpretamos esa cuestión, tratamos de adueñarnos de esa versión, porque me parece que es más fácil para poder tocarlo. Darle un alma.

¿Por qué decidieron convocar a Gavin Lurssen para masterizar el disco?

Prietto: Se me ocurrió a mí, pero no teníamos ningún contacto. Le escribimos así, como tirando la botellita. Me metí en la página y vi que había hecho discos de Tom Waits. Hace de todo, hasta películas de Pixar. Empecé a ver sus trabajos recientes y me pareció que tenían una dinámica parecida al disco de boleros. Música sin batería, con estos matices que estamos manejando. El mastering es decisivo. Te puede sumar mucho o te puede arruinar todo. En la página de él vi que había una promoción para proyectos independientes. Llené un formulario, me respondieron al toque y lo hicimos de una.

¿Y la invitación a Andrés Calamaro en “Guitarras, lloren guitarras” cómo se dio? Él ya había elogiado públicamente a Los Espíritus…

Prietto: Se armó una conexión cuando escuchó Agua ardiente y nos pusimos en contacto. Empezamos a charlar de música, y cuando le conté que estábamos haciendo el disco de boleros, le empecé a mandar por WhatsApp algunos temas y se recopó. Se armó una energía de mucho intercambio. Nos invitó a grabar al miniestudio de su casa. Además, armó ese colchón de voces en “Perfidia” que quedó increíble, y en “Si no te vas”.

Poli: Siempre viene alguien a acercarse. Nosotros nunca fuimos a buscar a nadie. Es muy loco, ¿no? Muy lindo. Salen cosas buenas.

 

Hay un mensaje implícito detrás de la comunión entre Poli y Prietto. Su vínculo artístico se percibe más auténtico y con un resultado más sólido si lo comparamos con otras colaboraciones que se dan en el mainstream. “Tiene que fluir. Si no es como en los equipos de fútbol, que juntan muchas estrellas y nadie sabe quién tiene que meter el gol”, explica Prietto. Para Poli, el gesto entra en contradicción con la propia letra de “Témpanos lejanos”: “Y para qué, discutimos/ hoy si cuando amamos/ no llegamos/ ni a un acuerdo/ tu mundo y el mío”. Su mundo, esa suerte de folk desenfocado que propone Sr. Tomate, encajó sin fisuras en el collage artesanal que armó Prietto. A él le alcanzó con un clic, otra vez, para revelar una nueva foto de colección.