En el que fue uno de los shows más importantes del año, John Lydon volvió a la Argentina con Public Image Ltd (PiL), la banda que le costó sangre, sudor y lágrimas. Un recital de casi dos horas fue suficiente para ratificar que el grupo es la insignia del post-punk.

La tercera visita de John Lydon a la Argentina y la segunda al mando de Public Image Ltd. (PiL) tuvo desde el principio visos de legendaria. La edición de libros que revén toda la movida del post-punk, desde biografías como Anger Is an Energy hasta el rescate emotivo de Simon Reynolds en su libro Postpunk: Romper todo y empezar de nuevo, sumado al auge del vinilo, hicieron que el público local elevara a niveles épicos a ese hombre otrora delgado y peligroso y ahora grueso y siempre pelirrojo: el regreso de Lydon, entonces, está cubierto del aura de ser una leyenda viva, tal como Iggy Pop, Brian Eno, Paul Mc Cartney, Kraftwerk o Brian Wilson.

John Lydon es el vocalista que no sabe leer música, que no le interesa ser músico, pero que la música es él: PiL es él y su grupo es el post-punk encarnado.

Toda su vida buscó poner en relieve su figura como fundamental en la historia del rock (a mediados de los años ’90, cuando trajo el Filthy Lucre Tour de los Sex Pistols al país, escupía a la prensa que ellos habían sido los inventores del punk). John Lydon es el vocalista que no sabe leer música, que no le interesa ser músico, pero que la música es él: PiL es él y su grupo es el post-punk encarnado. El resto de la banda está a la altura: Lu Edmonds, exguitarrista de The Damned, Bruce Smith, exbaterista de The Pop Group y The Slits, y Scott Firth, bajista que colaboró con músicos como John Martyn o Elvis Costello.

La ansiedad apelotonada estalló en un rugido a las 21 h, en el momento en la PiL salió a escena con una puntualidad inglesa exquisita. El ex enfant terrible era ahora un señor con anteojos para leer lo escrito en un atril.

El inicio no pudo ser más prometedor; comenzaron con Albatross, la primera canción de su disco Metal Box (o Second Edition en ediciones subsiguientes). Una línea dub de bajo que amortiguaba la batería, una guitarra que se metía como cuchillo en ese colchón de graves y la voz inconsistente de Lydon que se ufanaba en reinventar el tema desde la letra, desde la destrucción de la armonía en la voz, desde el plantarse frente a su banda en una sucesión de intervenciones terroristas a su propia obra.

Siguió Double Trouble, de su reciente disco What The World Needs Now…, la atestación de la dinámica de la noche: versiones dub de sus composiciones, loopeos y sampleos que tenían el fin de hipnotizar y de hacer sentir el vértigo ante las canciones infinitas —que por momentos parecían dadaístas y sin forma final.

[…] La dinámica de la noche: versiones dub de sus composiciones, loopeos y sampleos que tenían el fin de hipnotizar y de hacer sentir el vértigo ante las canciones infinitas —que por momentos parecían dadaístas y sin forma final.

Lydon coqueteó con la idea de no dejarse atrapar por el convencionalismo de presentar lo que el público quiere, pero al mismo tiempo les dio a todos lo que esperaban: una actitud desfachatada y aggiornada al dub para repasar los hits más importantes de sus más de 30 años de trayectoria. A lo largo de las casi dos horas de show, se destacaron This is not a Love Song, Death Disco, Rise. En Religion, Lydon preguntó al público cómo andaba con el catolicismo, antes de hacer vibrar el Vorterix con unos bajos y un volumen que nada tenía que envidiarle al recital que Swans dio la semana pasada.

Tras un breve descanso —que llegó después de una hora y media de concierto —, los músicos salieron nuevamente para terminar con el manifiesto Public Image y el más reciente Open Up / Shoom, en el que su sonido trasladó a la gente a The Factory en la movida de Madchester en los años ’80. Terminado el tema, pocos minutos antes de las 23 h, un conmovido Lydon agradeció el agite y sentenció: “Esto es PiL”. Lucía un rostro transfigurado por la emoción de haber vuelto a reclamar lo que por herencia le pertenece, ser el abanderado principal del apogeo del post-punk que nació de la explosión que generó su ahora muerto álter ego Johnny Rotten. Dejemos descansar a los Sex Pistols, larga vida a PiL.