El ex-Genesis transportó a 55.000 personas a los años 80 y 90 para brindar un show de himnos y baladas emotivas en el Campo Argentino de Polo.

“¡Hola, Buenos Aires! ¡Hola, Argentina! ¡Muchas gracias!”, gritó Phil Collins. Al igual que en Córdoba, saludó eufórico y dejó en claro que esa frase era su único conocimiento del castellano. La gira Not Dead Yet, que pasó por el Campo Argentino de Polo, significó un regreso con marca de fuego.

Casi dos horas antes, Hilda Lizarazu, una de las referentes femeninas más grandes que tiene el rock nacional, recorrió su discografía, tanto de su época como solista como de la de Man Ray y Los Twist. En sintonía con Federico Melioli, interpretó un repertorio de clásicos que sirvieron como entrada en calor para los primeros que se acercaron al predio.

Llegó el turno de The Pretenders, y el virtuosismo setentoso se hizo eco en Palermo. Crissie Hynde −fundadora, único miembro original, compositora principal y cantante del grupo− hizo honor a su pose rockera que oscila entre Suzi Quatro y Janis Joplin. Vale destacar el espectáculo protagonizado por James Walbourne −también en The Rails− que prendió fuego el escenario con solos de guitarra ostentosos. Quizás el momento clave de la hora que duró el recital liderado por Hynde fue cuando sonó el clásico “I’ll Stand by You”.

Cerca de las 21:45, un hombre calvo con anteojos redondos, vestido de negro, caminó en el escenario a paso lento, llevando un bastón rojo. Phil Collins regresó al país después de 23 años, y tras haber atravesado flagelos en la salud, enfermedades crónicas y con una reciente recuperación del alcoholismo.

Ubicado en el centro y en una silla giratoria, el maestro se paró una sola vez en casi dos horas. La gira Not Dead Yet, que lo llevó por varios puntos de Latinoamérica, tiene muchas particularidades. Una de ellas, es la inclusión de un tracklist hitero que ubicaron a Collins en la cima de los charts de los 80.

A lo largo de la noche se vieron distintas generaciones bailar al ritmo de canciones como “Paradise”, “Who Said I Would” y “Hang in Long Enough”. El pop sensible y básico, tan bien interpretado por Collins, tiene su apoyo logístico en el grupo que lo acompaña. Desde la batería, donde su hijo Nicolas de 16 años hasta el guitarrista −también ex-Genesis− Daryl Stuermer.

Por momentos, el campo estaba vestido de boliche y retrocedió a los años dorados de la música disco. Hubo lluvias de colores, papelitos y hasta fuegos artificiales, intensificados por la actuación de los vientos −Harry Kim y Daniel Fornero en trompetas, George Shelby en saxo y Luis Diego Bonilla en trombón−.

Hay dos cosas que anoche destacaron la performance de Phil Collins. Primero, su voz. A la altura de su propia leyenda, Collins demostró cómo se envejece con estilo y jerarquía. Por otro lado, su intacto sentido del humor, que en reiteradas ocasiones compartió con los coristas Amy Keys y Arnold McCuller.

El momento Genesis generó nostalgia y gran repercusión en las 55.000 personas que se acercaron. Con “Follow You, Follow Me” e “Invisible Touch”, corte del álbum más exitoso y vendido de los británicos, y la reproducción en las pantallas led de imágenes y videos de todos los integrantes que pasaron por esta icónica formación −Peter Gabriel, Mike Rutherford, Tony Banks y Steve Hackett− lograron emocionar

El cierre fue la demostración absoluta de cómo un músico de 67 años puede combatir casi 8° de temperatura, y por momentos, fuertes ráfagas de viento. Con las populares “Easy Lover” y “Sussudio” vinieron más papeles multicolores y fuegos artificiales. “Take Me Home” dio por finalizada su segunda visita a la ciudad de Buenos Aires en 23 años y dejó asentado que el viejo Phil está más vivo que nunca.