Una música poderosa y muchas veces deforme llega desde La Plata dispuesta a revolucionar el rock argentino desde adentro. Guitarras, sintetizadores y amor por la electrónica y el stoner en iguales dosis se conjugan en la construcción de un entramado estético como pocos.

Escuchar a Peces Raros es una experiencia excitante. Suene la canción que suene, la garantía de pulso decidido y expresión a la enésima potencia no falla. Hay violines y sonidos procesados, bases psicodélicas y espíritu jazzero, partes inconexas (más bien conexiones verdaderamente únicas) y un total desapego por tradiciones duras y mandatos estilísticos. La música de Peces Raros es el vale todo puesto en práctica, pulido hasta el cansancio por un grupo de músicos que navega libremente en sus instrumentos. Sus dos discos editados hasta el momento lo certifican, y también proyectan un futuro diverso, felizmente inclasificable.

Al igual que grupos como of Montreal o King Gizzard and the Lizard Wizard, Peces Raros hace gala de su carácter impredecible. ¿Alguien imaginaba que tras un debut como No, gracias (2014), el grupo se embarcaría en un viaje sideral a través de loops electrónicos y fetichismo sintético? Parte de un mal sueño, segundo trabajo publicado en 2016, tiene tanto de Morbo y Mambo como de LCD Soundsystem (o, sin exagerar, Serú Girán). La base rítmica al frente y las canciones jugando con la rigidez del formato, creando paisajes de baile y pinturas instrumentales en las que prima el afán de psicodelia en formato pop. Un disco raro para el estándar sonoro de la tradición roquera local. Un gesto de singularidad explícita en medio de un paisaje dominado por clones involuntarios, hechos a cierta medida.

La voz de su cantante es inquietante, llamativa e hipnótica. Recuerda a esos tiempos que tan bien describe Simon Reynolds en su icónico Postpunk: romper todo y empezar de nuevo (Caja Negra, 2013). De hecho, Peces Raros continúa la senda de aquellos artistas que supieron pregonar el cambio constante como filosofía creativa. Su concepción de la música tiene mucho de Gang of Four, Talking Heads o PIL. Pero, además, la banda es el último fenómeno de la escena platense. Con un poder de convocatoria que crece fervientemente, el grupo ya es dueño de su propia fiesta y busca el control de cada vez más aspectos a la hora de pensar sus actuaciones. Poco a poco se transforma en una usina productiva que recoge el guante de las páginas más revolucionarias en la historia de la cultura rock