Electroclash denso con impronta dance-punk. Casi desnuda, la canadiense brindó un espectáculo con coreografías y letras porno, derramó champagne sobre el público y se refregó el micrófono por el culo.

A Merrill Beth Nisker —o Peaches— simplemente no le importa nada. A sus cuarenta y siete años decidió que todavía es momento de provocar, como si fuese una GG Allin con freno de mano puesto. Ya sea en su andar belicoso por el escenario casi desnuda, como traer a dos bailarines a hacer coreografías porno-trash, empapar de champagne a su audiencia, refregarae el micrófono por el culo o simplemente escupir una diatriba de alto contenido no apto para menores. Pero hay algo detrás de toda la parafernalia y es la sintonía en la que se desarrollan sus beats. En un set continuo, la canadiense combina el electroclash más denso con pinceladas de dance-punk, beats industriales y una lectura verbal de un inframundo que pocas veces sale a la luz en un festival sponsoreado. Fue ese ánimo y el bombo noqueando el pecho lo que hizo de este uno de los shows revelación del BUE.