Durante sus dos presentaciones gratuitas en la Sala Sinfónica, la artista ofreció un tributo inolvidable a la canción y a la poesía, y una clase maestra sobre el arte comprometido.

Hay que reconocerlo: el punk ahora es pieza de museo. Lo que en algún momento fue grito de furia, terminó por convertirse en mera nostalgia. Pero las dos presentaciones de Patti Smith en la Sala Sinfónica del CCK no fueron un homenaje al género que la cobijó durante sus años mozos; más bien, un tributo que ella le ofreció a las artes: puntualmente, a la música y a la literatura.

El miércoles, Alberto Manguel −director de la Biblioteca Nacional− orquestó la noche con sus preguntas a Smith, que subió al escenario acompañada por Tony Shanahan, su ladero en guitarra y piano; mientras, a un costado, el artista y curador del evento, Guillermo Kuitca, proyectaba visuales en la pantalla.

Manguel guió la conversación con lecturas breves de autores argentinos como Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Silvina Ocampo y la emergente Cecilia Romana. Pero lo que más impactó a Patti Smith fue la lectura de Canción de cuna para un gobernante, de María Elena Walsh. “La semana que viene voy a leer este poema en un encuentro en Nueva York contra la posesión de armas”, dijo.

Esas lecturas fueron el preludio para que Smith se pusiera al micrófono e interpretara algunas canciones.La primera fue Wing, de su álbum Gone Again (1996). El canto de la artista −casi oculta entre sus largos pelos grises− fue conmovedor desde el comienzo. A los 71 años, su fuerza no se percibe desde la voz, sino desde la sabiduría para economizarla.

Las siguientes intervenciones musicales fueron homenajes a grandes popes del rock, como Neil Young (It’s a Dream), John Lennon (Grow Old With Me), Elvis Presley (Can’t Help Falling in Love) y Bob Dylan (A Hard Rain’s A-Gonna Fall). Sobre este último, recordó la anécdota de la entrega de los premios Nobel en 2016, cuando fue la encargada de homenajear a Dylan interpetando esa misma canción. “Fue el momento más humillante de mi carrera”, reconoció Smith, avergonzada, al rememorar el momento en que se olvidó la letra.

El tránsito de Patti Smith por la Argentina se dio en medio del debate social por la legalización del aborto. Ella ya había manifestado su postura en la conferencia de prensa del martes: “Las mujeres tienen derecho a decidir sobre su propio cuerpo”. Y el miércoles, cuando una chica le ofreció el pañuelo que identifica a la causa, Smith lo agarró y lo alzó en alto, invitando a la ovación.

Pero el punto álgido de la primera noche fue Pissing in a River. La artista guardó una reserva grande de energía para la canción que más lo merecía y dejó llorando a más de uno.

La noche del jueves fue dedicada exclusivamente a la canción. A Tony Shanahan se sumaron Jimmy Rip en guitarra, Matías Sagreras en órgano y Patricio Villarejo en chelo. Con la parsimonia de siempre, Smith entró al escenario con una taza de té en la mano.

La sospecha se confirmó con el correr de la noche: su voz acusaba el trajín de la noche anterior. Se la vio menos consistente desde el canto, pero igual de emocionada e impactada por el intercambio con el público argentino. Incluso se permitió agradecer a todas las personas que hicieron horas de cola para conseguir las entradas, y a aquellos que vieron el recital desde las pantallas que el CCK dispuso afuera, de cara a la explanada de la calle Sarmiento.

En total fueron doce canciones. Repitió Wing, Pissing in a River y A Hard’s Rain…, y sumó algunas infaltables como Dancing Barefoot, Ghost Dance (terminó invitando al público a sacudir las manos para librarse de los fantasmas), Because the Night y el cierre en clave preacher con People Have the Power.

Entre los covers estuvieron For What It’s Worth, el himno pacifista de Buffalo Springfield que Smith intepretó con pocos ensayos encima y un pequeño furcio en la letra (“Estoy nerviosa”, confesó tímidamente en el medio de la canción); y también el debido homenaje a Lou Reed con la bellísima Perfect Day.

“Fueron cinco días muy lindos. Todos fueron muy amables conmigo”, dijo Smith. La despedida dejó lágrimas y aplausos, y un mensaje claro entre líneas: el punk no se explica desde el sonido, sino desde la importancia de tener una postura frente al mundo. Patti Smith la tiene, y le gustó compartirla.