Con su tercer disco, Arcos, la banda santafesina se afirma en su sonido stoner. “Esta ciudad es la olla donde todo se cocina”, dicen respecto de Buenos Aires. El 22 de octubre presentan el álbum en The Roxy Live.

PartePlaneta acaba de lanzar Arcos, su tercer álbum, que continúa en la misma línea que sus anteriores, combinando los géneros del stoner, el grunge, el industrial y el noise. La banda compuesta por Luciano Farelli (Voz y guitarras), Fernando Romero Bucca (bajo y coros), y Manuel Cena (batería), nació en Santa Fe pero se instaló en Buenos Aires, desde donde apuntalaron su crecimiento junto a otras bandas del interior como Eruca Sativa y Sig Ragga, entre otras. En diálogo con Billboard, Luciano Farelli habla del proceso de grabación, de las influencias de un género en crecimiento y de la importancia de la llegada a la Capital Federal para su consolidación.

¿Por qué mezclaron el disco en Los Ángeles?

Fue medio accidental. Íbamos a producir todo con Guillermo Porro, pero le surgió un viaje para allá, y entonces sólo pudo trabajar en la mezcla, porque no era necesaria nuestra presencia. Vimos la posibilidad y lo hicimos, así que por eso le quedó una pincelada californiana. 

¿En qué lugar los pone como banda este nuevo álbum?

A cada disco lo vamos sintiendo como un paso firme y de crecimiento fuertísimo. En este caso hicimos lo mejor que podíamos hacer ahora. Es un disco muy espontáneo y que se hizo de manera muy fluida, lo que le da un plus que los anteriores no tienen. Conserva la frescura de cada tema. A veces pasa mucho tiempo entre que se graba, se produce y se mezcla. En este caso el proceso fue bastante rápido porque salió de forma natural. Tiene mucho recorrido por delante, y eso nos carga de energía para seguir laburando de manera más fuerte todavía.

¿A quiénes tienen como referencia en el stoner o el grunge argentinos? Es un género que no tiene tanto lugar en la industria.

La primera banda que conocí de acá que fusionaba bien esos estilos, incluidos el industrial y el noise, fueron los Santos Inocentes. Venían de la escuela de Soda Stereo, que siempre estaban con el oído puesto en lo que pasaba afuera. Ahora la escena está más predispuesta a entender el rock alternativo como algo más normal, pero la raíz viene desde los noventa, aunque muy sutilmente. No es que haya tantas bandas, pero está creciendo y eso es lo que importa.

¿Por qué le agradecen a Eruca Sativa en el disco?

Ellos son la punta de flecha de una nueva generación de bandas. Nos conocimos en un momento muy virgen para nosotros, que teníamos menos de un año como banda y tocábamos en bares muy chicos. También conocimos a otros grupos como Sig Ragga, Octafonic o Guauchos. Cada una fue creciendo a su ritmo, pero somos una generación compartida, y entre todos siempre hubo predisposición para ayudarnos mutuamente y nutrirnos desde lo artístico. Además, todas hacemos cosas diferentes aunque estemos dentro del rock. Esta nueva generación está llegando a los diez años y se empieza a sentir. 

Con Eruca Sativa tienen en común que son bandas del interior radicadas en Buenos Aires. ¿Eso fortaleció el vínculo entre ustedes?

Sin duda. El hecho de mudarnos a Buenos Aires tuvo que ver con el crecimiento. Buenos Aires siempre tuvo más acceso a la difusión y a la prensa. Cualquier cosa que uno hace acá, repercute en el país. Allá, en Santa Fe, a lo mejor salíamos en la tapa del diario local más importante, pero generaba un impacto regional, no trascendía las provincias. Vinimos acá porque creímos que era lo mejor para que la agrupación creciera. Somos una banda que gira mucho por el interior, a pesar de que estemos instalados acá. De hecho, nos iba mejor en el interior antes que acá en Buenos Aires. Pero esta ciudad es la olla donde todo viene a cocinarse.

¿Se valora más a las bandas en el interior?

Es diferente la forma como uno crece en el interior. Cómo se desenvuelve en una ciudad chica, cómo son sus relaciones con las personas, conocés a todos… no significa que sea mejor o peor, pero es distinto.