El auge de la música colombiana lo tiene como uno de los referentes, a la vez que reafirma cada año su compromiso con las causas sociales. “No estoy interesado en ser político, pero el poder del arte es algo transformador”.El 4 de octubre presentará su último trabajo discográfico, 'Mis planes son amarte', en el Luna Park.

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Es la muestra anual del fotoperiodismo de ARGRA, en el Palais de Glace. Un piso más arriba de donde se encuentra la exposición Los ángeles de Charly, se exhibe una fotografía capturada por Rodrigo Abd. Allí está la mirada de Juliana, tan apaciguante como aguda. Es el retrato de una joven de 20 años, combatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que descansa en una roca de la selva de Antioquia. La muchacha había huido de la pobreza de su hogar a los 16 y siguió el camino de un tío en las FARC después de haber sido violada por su padrastro.

Ahora bien, si en un día lluvioso de agosto uno sale del museo y camina pocas cuadras por las calles de Recoleta hasta llegar al hotel Four Seasons, puede encontrar otro pedazo de Colombia dispuesto a aportar una efigie complementaria. Allí está Juan Esteban Aristizábal Vásquez –mejor conocido como Juanes–, y también, su mirada, tan apaciguante como aguda: “Medellín [capital del departamento de Antioquia] es todo para mí, mi principio y mi final. Haz de cuenta que eres un pintor: si la quieres plasmar en papel, harías pinceladas bruscas, porque es una ciudad fuerte que ha vivido muchas cosas. Tiene mucho contraste; la belleza, la abundancia y la vida conviven con la dificultad extrema. Y eso influye sobre los que pisan esa tierra, y desde ya, sobre su arte”.

Al igual que a Juliana, al músico la ciudad lo marcó a fuego. Nacido en Medellín, pasó su infancia en parte allí y en parte en Carolina del Príncipe. Porque es más fácil ser sincero cuando se está iracundo que cuando se está calmado, es quizás que el guitarrista de 45 años encontró en el heavy metal su primera salvación. A los 15, fundó Ekhymosis, banda con la que publicó cuatro álbumes de estudio y le valió el reconocimiento en su escena local. Es que, a veces, el mejor escape es darse por vencido: no en un sentido pesimista, sino en lo que refiere a la aceptación. “Claro que, primero, mi conexión con este arte fue a través de la música popular. Aprendí a tocar la guitarra y a cantar canciones populares latinoamericanas, de Colombia, Argentina, Brasil, Cuba, México… Pero después, a los 13 o 14 años, descubrí el rock, el metal. Me volví loco con la velocidad, el sonido, la distorsión, la energía, la adrenalina, la rabia. Eso era lo que me representaba en ese momento”.

De hecho, tus shows son muy roqueros para un público que no va a ver especialmente un concierto de rock. ¿Coincidís?

– Mi música puede ser muy pop para los roqueros o muy roquera para los fanáticos del pop. Me gusta estar en ese limbo. Si me vas a ver en vivo, vas a encontrar una guitarra eléctrica, un poquito de distorsión, una batería: los elementos que componen la música básica y que se asocian con lo roquero. Pero mi manera de cantar y la forma de interpretar los instrumentos poseen ese flow más latino, que tiene más sabor. Eso es la mezcla de lo que yo soy ahora. No quiero clasificarme. Después de Ekhymosis, empecé a buscar una convivencia entre los elementos del rock, los de la música popular, el reggae, el funk, el hip hop… No quiero seguir tendencias. Solo quiero hacer la música que yo siento que está bien, y punto.

¿Ser latino te dificultó las cosas?

– A veces sufría con el estigma. Cuando me iba a Europa, me decían “Ah, ¡latino! ¡Latin lover!”. Pasan ese tipo de cosas. Y yo me quedaba como “No, yo vengo del rock, hago otras cosas”. En ese momento era raro, hace 10, 15 años. Hoy en día me parece lo máximo. A la música latina se la respeta cada vez más. Siempre he estado orgulloso de ser latino.

¿Por qué creés que Colombia es uno de los países de la región que más artistas popularizó a nivel mundial? Shakira, J Balvin, Carlos Vives…

– Colombia estuvo hermética por muchísimo tiempo. Además, tiene un conficto interno muy complicado. De alguna forma, eso provocó mucha inquietud en los artistas. Hay tantos… Shakira, Vives, Balvin, Maluma, Bomba Estéreo, Manuel Medrano, Diamante Eléctrico, Fonseca… Me hace feliz que arrasen en el mundo. Es un registro de que las cosas en Colombia han ido cambiando y mejorando.

“Cuando me iba a Europa, me decían “Ah, ¡latino! ¡Latin lover!”. Pasan ese tipo de cosas”.

La paz no es azarosa; se la debe asistir y proteger, y Juanes adoptó este principio. Lo cree, lo hizo propio, lo practica. De hecho, está en la Argentina para cantar en el evento anual caritativo Un Sol para los Chicos (el turno del show será el próximo 4 de octubre en el Luna Park), y se carga al hombro su fundación Mi Sangre, cuyos objetivos son propiciar entornos de paz y prevenir la violencia. A fines del año pasado, en Oslo, Noruega, participó –por tercera vez− junto con Sting y Halsey en la ceremonia del premio Nobel de la Paz que recibió el presidente colombiano Juan Manuel Santos. “Se están reconociendo los esfuerzos del presidente Santos de traer una paz duradera a mi propia nación. Esta es la oportunidad de los colombianos para construir la paz que merecemos. Gracias, presidente Santos”, dijo durante la celebración.

En 2008, los ojos hipnotizados de más de 400.000 personas siguieron cada movimiento de un Juanes vestido de blanco, en un escenario montado en el Puente Internacional Simón Bolívar, entre la frontera de Colombia y Venezuela. Era la primera serie de los conciertos gratuitos de la fundación Paz sin Fronteras, que organizaron y produjeron el colombiano y Miguel Bosé como respuesta a la crisis diplomática entre Colombia, Ecuador y Venezuela. El conflicto estalló con la Operación Fénix, una incursión en territorio ecuatoriano por parte de las fuerzas militares y policiales colombianas –lideradas en aquel entonces por el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos− para combatir la guerrilla. La embestida tuvo como saldo la muerte de Raúl Reyes, miembro del Secretariado y número dos de las FARC, y de 16 guerrilleros más. Entonces, Juanes convocó a Carlos Vives, Juan Fernando Velasco, Juan Luis Guerra, Alejandro Sanz y Ricardo Montaner para pedir por la paz de los países latinoamericanos. Después, cerca de medio millón de flores blancas y centenares de metros de tela del mismo color cubrieron los 350 metros de largo del paso fronterizo sobre el río Táchira, un episodio que recordó a las mariposas blancas del mítico concierto de los Rolling Stones en Hyde Park, en 1969. “Es importante que los gobernantes sepan, entiendan y vean lo que los gobernados piensan y sienten”, le dijo Juanes a Caracol Radio.

“Mi música puede ser muy pop para los roqueros o muy roquera para los fanáticos del pop. Me gusta estar en ese limbo”. 

En estos casos, las malas lenguas suelen hablar sobre estrategia publicitaria.

– Es todo lo contrario. Este tipo de eventos son los que más afectan tu carrera. No hacen que vendas más discos, sino al revés. La gente se molesta porque entras en un escenario que parece político y tiene la necesidad de etiquetarte. Cuando dimos esos conciertos, lo hicimos porque pensamos que la música y el arte son importantes para unir a la gente. Pero obviamente no todo el mundo lo comparte.

Un año después, se realizó la segunda edición de Paz sin Fronteras en la Plaza de la Revolución de Cuba, en La Habana: estuvieron Juanes, Bosé, Velasco, Olga Tañón, Danny Rivera, Víctor Manuel, Luis Eduardo Aute, Jovanotti, Amaury Pérez, Silvio Rodríguez, Orishas, Carlos Varela, X Alfonso, Cucu Diamantes & Yerba Buena y Los Van Van. El músico se reunió con la secretaria de estado Hillary Clinton para buscar un consenso en la realización del concierto, que fue el tercero más grande de la historia. Esa vez, 1.150.000 cubanos vistieron de blanco para apoyar la iniciativa del cantante de tender lazos entre Cuba y los Estados Unidos, y replicar un mensaje humanitario. “Vencimos el miedo para estar aquí esta tarde y esperamos que ustedes también lo puedan vencer. Vivimos metidos en una guerra ideológica absurda. Eso tiene que cambiar”, dijo Juanes desde el escenario. Días antes del recital, afirmó en una entrevista con The Miami Herald: “Nadie nos invitó a La Habana. No soy comunista ni estoy alineado con el Gobierno. No voy a La Habana a tocar para el régimen cubano. Nuestro único mensaje es de paz, de humanidad y de tolerancia”.

El concierto en Cuba no fue bien visto por los exiliados cubanos en Miami. Hubo una quema pública de tus discos, promovida por la organización Vigilia Mambisa, y se dijeron frases como “No hay espectáculo más repulsivo que el arte al servicio de un tirano” o “Juanes, amigo de los asesinos Castro”. Incluso, recibiste amenazas de muerte. Sos muy activista en causas filantrópicas. ¿Pasa seguido?

– No, no me pasa seguido. Pero eventualmente, aparecen algunos que me insultan y me dicen cualquier cantidad de cosas. Pero a mí no me importa, porque yo lo hago por amor. Creo en esto. Uno no puede dejar de hacer las cosas por lo que la gente diga. Siempre estás expuesto a que las personas te interpreten a su gusto. Pero lo que realmente mueve mi mundo es la música. Yo no estoy interesado en ser político, pero el poder del arte es algo transformador. No porque vaya a cambiar la forma de actuar de las personas, sino porque es como una cura. Es fundamental para cualquier sociedad. La música, la pintura, la literatura y las películas son un escape. El comportamiento de las personas tiene que ver con la educación.

“Yo no estoy interesado en ser político, pero el poder del arte es algo transformador”.

En varias ocasiones te pronunciaste en contra del fallecido presidente Hugo Chávez y del Gobierno de Nicolás Maduro. En abril, publicaste en tu Instagram un pequeño homenaje a Venezuela, en el que interpretaste Tonada de luna llena, de Simón Díaz. Con tu nivel de exposición [2,4 millones de seguidores en esa red social], ¿es una obligación moral marcar una postura?

Las redes sociales son un engaño, pero yo no quiero vivirlo así. Uno tiene que mostrar lo que uno siente, lo que uno es. Si te provoca hacer alguna cosa, debes hacerla. Si te provoca poner una foto con tus hijos, hazlo, pero si no quieres poner nada, no lo hagas. No hay una obligación o un manual exacto de cómo te tienes que comportar ahí, porque las redes sociales son un mundo paralelo a la realidad. Los followers o los likes son algo muy misterioso. Por eso prefero estar aferrado a los acordes, a las progresiones, a las melodías y a lo que me gusta. Ahí es donde estoy más a gusto.