Tras el anuncio de la muerte de uno de los iconos más importantes del heavy metal, recordamos y celebramos una vida al servicio de la música.

Hay una imagen brillante circulando en Internet que tiene a Lemmy Kilmister, frontman y líder de los rockeros británicos Motörhead, como un Cristo todopoderoso. Lo rodean varios iconos del heavy metal, entre ellos James Hetfield (Metallica), Rob Halford (Judas Priest), Bruce Dickinson (Iron Maiden) como los doce apóstoles. En la comedia Airheads (1994), donde Brendan Fraser, Steve Buscemi y Adam Sandler interpretan a integrantes de una banda de rock que toma control de una radio para pasar su demo, le preguntan a un representante de un sello: “Quien ganaría en una pelea, ¿Lemmy O Dios?” Tras sugerir que el frontman se alzaría con la victoria, Buscemi responde socarronamente “Error, estúpido. Era una pregunta capciosa. Lemmy es Dios”.

Hoy, el mundo del heavy metal está sacudido ante la muerte de este dios. Después de todo, el hombre seguía en pie a pesar de un par de abandonos de shows por cuestiones de salud. El anuncio cayó como balde de agua fría. Sin embargo, viendo los tributos, solo unos pocos se detienen en el dolor de la muerte. Por el contrario, todos resaltan cómo vivió, citando el slogan principal de Motörhead: “Born To Lose, Live To Win”, en castellano, “Nacido para perder, vive para ganar”.
Ian Fraser ‘Lemmy’ Kilmister nació en Stoke On Trent, Inglaterra, en la Nochebuena de 1945, toda una señal si continuamos con las conexiones teológicas. Bajo la fuerte influencia de los Beatles, comenzó a moverse tempranamente en el mundo de la música, hasta formar en 1965 su primera banda medianamente exitosa: The Rockin’ Vickers (Vicarios roqueros).
Tras abandonar el grupo, Kilmister se dirigió a Londres, donde forjó amistad con Noel Redding, bajista de The Jimi Hendrix Experience. Así se convirtió en plomo del grupo. Fue por esos años que consiguió su apodo, ya que siempre pedía prestadas cinco libras para comprar cigarrillos o drogas. “Lemme’ a fiver”, decía.

Tras varios proyectos, en 1972, Lemmy pasó a integrar Hawkwind, la banda de space rock. Fue allí que, inadvertidamente, se empezó a gestar el germen de lo que se convertiría en el grupo más potente en decibelios de la historia. Después de todo, Motörhead había sido compuesta para esa banda. Pero los problemas con las drogas, puntualmente en un caso en la frontera con Canadá, hicieron que su permanencia en el conjunto estuviera en jaque. Para 1975, estaba afuera. “Antes de irme me acosté con sus mujeres”, se rió tiempo después.

Tras trabajar con varios músicos, entre ellos nuestro propio Norberto ‘Pappo’ Napolitano, finalmente pisó fuerte con la banda de su vida. Fueron veintidós álbumes de estudio de Motörhead y casi cuarenta años de carrera, siempre viviendo la vida de sexo, drogas y rock and roll.
Pero nunca se creyó el estatus de estrella, porque muchos destacaron su amabilidad con quien se le acercara, con la humildad de los grandes. No había tiempo para la soberbia, para él, la vida era otra cosa. En sus palabras: “Me toca viajar por todo el mundo, acostarme con mujeres de todos los colores y creencias religiosas, tocar la música que me gusta y hacer que la gente esté más feliz que cuando llegué. Es una buena manera de ganarse la vida. Encontrame una mejor.”