El hombre detrás de los beats de artistas como Duki, Ysy A, C.R.O y Neo Pistea habla sobre el rol del productor, y Buenos Aires y Medellín como las capitales del sonido urbano latino. El 21 de agosto presentará un DJ set en Niceto Club previo al show de Neo Pistea.

“Las capitales de la música urbana en Latinoamérica son Medellín y Buenos Aires”, asegura el productor musical Tomás Díaz, a.K.a ONIRIA, nacido justamente en la ciudad paisa pero con acento porteño. 

El responsable detrás de los beats de #ModoDiablo y el álbum Antezana 247, protagoniza uno de los capítulos de los Podcast de Trap de Billboard, donde se busca entender cómo este género desestabilizó el estatus quo rockero nacional. Y su incursión en la historia de este torbellino musical no es mera casualidad. Actualmente, prepara una series de singles de electrónica junto a C.R.O, trabaja en el álbum de Duki y termina de darle forma su propio debut discográfico.

Entre discos de Dr. Dre, 50 cent y hasta Tupac, desde adolescente le llamó la atención como la cultura hip hop era tan grande afuera y en Argentina no lograba hacer mella mainstream. En la curiosidad del final de la adolescencia su oído se acercó a los mundos de James Blake y el post-dubstep, las propuestas del sello Hyperdub y hasta las extravagantes rarezas del venezolano Arca. “Los productores de la escena argentina vienen más de ese lado, de la electrónica y el post-dubstep. Y eso hace que el género no tenga una tradición muy marcada en su sonido, el trap en argentina no es tan lineal. La explosión de El Quinto y los freestylers fue el disparador pero el sonido vino desde otro lado”.

Es certero su razonamiento, si se entiende que, por ejemplo; 0-600 (productor de “Tumbando el club”) hizo escuela en la electrónica de Londres u Omar Varela, antes de producir “Loca”, editaba dubstep desde Mueva Records. 

Su desembarco en la escena trap argentina fue, precisamente, cuando los primeros cimientos comenzaban a construirse. “Cuando armamos Neuen nos metimos más por el lado de la publicidad. El haber estudiado composición y producción te da una versatilidad con la que podés hacer cualquier género si querés. Llegué a la escena urbana porque Fedi “Yesan”, mi hermano en la producción, estaba muy fan del freestyle y El Quinto”.

Sobre finales de 2016 y 2017, los productores presenciaron las últimas pinceladas de gloria del certamen de freestyle que se fundó sobre cinco escalones, y fue ventana para raperos como Duki, Ysy A, Lit Killah, Lucho SSJ y hasta Paulo Londra. “Fuimos un par de veces y no me gustó mucho para ser sincero, sentía que era muy deporte. A mi del hip hop me gusta la música, no tanto la cuestión competitiva, y el freestyle también tiene cosas misóginas en sus rimas que no me cierran. Igual, la re flasheaba con las rimas y la habilidad mental para decir cosas en el momento”, explica.

Su acercamiento a Duki se da a través de otro de sus socios en Neuen Arte, el colectivo artístico que lleva la vanguardia del sonido trap argentino. “Taiu Heredia nos hizo conocer a Duki. En esa época los pibes [Duki, Ysy] estaban muy verdes en sus shows en vivo, y Taiu me sumó como DJ”.

Para la primera fecha que hicieron juntos en La Plata, ONIRIA junto a Yesan y Ferlaflame (otro miembro de Neuen) hicieron de banda del Duko (al igual que casi un año después en el Luna Park). “Nos limamos, ensayamos las canciones y tocamos con banda, la gente no entendía nada. Era la primera vez que tocaba para tanta gente”.

Poco a poco empezaron a trabajar más fuerte con Duki, Ysy A y Neo Pistea. Hasta inventaron en la Argentina la figura del “Tune Doctor” (como la llaman ellos) para poder aplicar el efecto de autotune en los shows en tiempo real. “Era una figura que hacía falta. El autotune es parte del género. Los referentes de afuera experimentan mucho con el recurso, como puede ser Travis. Había que traer lo que sucedía allá para acá”.

El trap mientras esté dentro de los tempos y patrones rítmicos de la batería y los bajos, lo podés mezclar con cualquier cosa y va a quedar bien, porque a fin de cuentas es la base.

ONIRIA.

Sin embargo, el enamoramiento final de ONIRIA con la escena trap se dio en la afamada mansión, donde vivían Ysy A junto a Duki. “Me acuerdo de entrar la primera vez, pasar una nube de porro y ver al Ysy con su computadora y dos parlantes de boliche como monitoreo de estudio al palo, pero absolutamente al palo, escuchando el último tema que habían grabado. Ya todo era demasiado colorido, sentía mucha pasión en el ambiente y me enganché enseguida”, cuenta.

Ese mismo día nació “Pastel con nutella” de Ysy A. La canción surgió de un freestyle, una toma entera que hizo el rapero y que Oniria junto Yesan hicieron canción. El tema arranca diciendo, justamente, lo que sucedía. “La Chula” (ex pareja de Ysy) le pasó la jarra de fernet, y de ahí el leitmotiv de la canción. “Basicamente, empezó a rapear la secuencia de lo que sucedía”.

Algo muy característico del género es lo real de las letras, ¿vos cómo productor lo notas?

Sí, es así. Eso es algo que a mi me costó entender porque venía de otros géneros, con otras letras, quizá más poéticas. Pero cuando vivís con ellos y salís de gira con ellos, te das cuenta que lo que rapean es lo que viven realmente. Eso es algo de la legitimidad del hip hop que acá el trap lo mantiene vivo. En el rap hay más ideales aún que en el trap. La gente que viene del rap dice a veces, estos pibes están hablando gilada. Y no. La posta es que ellos hablan de los que les pasa y viven todos los días. Eso es muy genuino. Son sus experiencias y lo cuentan de formas creativas. 

Desde el trap se puede atravesar de forma transversal cualquier tipo de género, ¿por qué tiene esa libertad popera sin ser pop?

Es algo con lo que a mi personalmente me gusta jugar mucho. Con el disco de Ysy una de las metas era tratar de mezclar cosas nuevas con mis raíces. En “Linaje” hay salsa colombiana, en “Muevelo” saqué un sample de una cumbia de antaño de Medellín. Pero en “Tamo loco’” fui a una cosa más agresiva del dubstep con muchos graves. El trap mientras esté dentro de los tempos y patrones rítmicos de la batería y los bajos, lo podés mezclar con cualquier cosa y va a quedar bien, porque a fin de cuentas es la base. Casi como el rock pero el rock tiene algo más tímbrico que es el sonido de la guitarra, es muy característico.

¿Qué diferencia a un productor de un beatmaker?

Hay una gran diferencia entre un beatmaker y un productor. Un productor es un músico que está pensando más allá de lo que él tiene que hacer, sino también piensa en lo que tiene hacer el artista y el concepto que quiere transmitir. El productor tiene que saber leer al artista para representarlo en forma de canción. Después como productor uno va desarrollando una dinámica para cada artista con el que trabaja, la clave está manejar las energías. Los productores son responsables por el éxito de una canción, no es solo el artista. Y lo bueno del hip hop como género es que viene a remarcar esa labor. 

Como productor, y al estar tan cerca del trap, ¿qué pensás del bajo 808?

Para mí es el sonido de esta época, es como antes era el timbre de la guitarra eléctrica. Los timbres de esta generación son el 808 y el autotune. Son los elementos que hacen época musical actual. En los ‘80 era un tacho con reverb o los sintes analógicos. Cada época tiene su sonido. Yo estudié composición, y después de haber escuchado a todos los grandes de la música y uno puede entender como evoluciona el sonido, y cuando se generan quiebres. Hoy uno siente que el sonido que produce es muy propio pero cuando ves la pantalla macro entendés que hay algo encima de eso. En 20 años quizá la gente no puede diferenciar mi estilo del de otro productor contemporáneo a mí. Todos los timbres y sonidos están en el mismo universo. 

¿Un productor de todos los tiempos?

Para mí uno de los mejores es Pharrell Williams, no es que soy fanático de lo que hace el chabón pero admiro mucho su trabajo. No me siento identificado con su estilo pero Pharrel me vuela la cabeza porque es un chabón que tiene un visión de las canciones y los artistas que va más allá. Les saca la ficha y sabe hacia donde llevar a un artista sin que el otro lo sepa.