En los 90, Cambiasso dirigió Esculpiendo Milagros, revista dedicada a lo más experimental del rock. Ahora acaba de publicar dos libros que recopilan parte de su obra: Que cien flores florezcan, por el Gourmet Musical, y El oído inalámbrico, por Ubu Ediciones. Entre ambas recorre el mundo del pop y del avant-garde.

¿Cómo fue el proceso de pensar estos dos nuevos libros?
– Son compilaciones de artículos que escribí en los últimos 25 o 30 años. De hecho, en Que cien flores florezcan los más tempranos son de la época de Esculpiendo Milagros. Las dos ideas salieron casi en simultáneo, uno está más ligado a artículos vinculados a la música pop, y El oído inalámbrico a cierta clase de música contemporánea. Me di cuenta de que tenía una enorme cantidad de material, que parte resistía al paso del tiempo y era publicable. En el caso de Que cien flores…, me pareció que era la posibilidad de poner una cantidad de material que tenía que ver con cómo se hacían las cosas acá antes de la revolución digital.

En Esculpiendo… escribían en tiempo real sobre lo que pasaba. ¿Cómo se informaban?
– Era una cosa muy loca, porque estamos hablando obviamente de un momento previo al desarrollo de Internet. Nos encontrábamos muy al día para lo que se podía en la Argentina, porque teníamos mucha revista extranjera. Hay que reconocer que coincidió en buena medida con lo que fue la época del uno a uno. Fue una base material sin la que nunca podríamos haber hecho eso antes del download y el streaming. La gente iba a las disquerías con listas de lo que salía en la revista, y los disqueros la puteaban, pero cuando se empezó a repetir el asunto, los disqueros tenían que ir y buscar ese material. Fue un intento de poner al día una crítica que estaba en estado vegetativo. Eso nos valió durante mucho tiempo de acusaciones de elitismo, de las cuales siempre nos defendimos. Si hay tipos que se toman el trabajo de sacar una revista muy a pulmón, evidentemente quieren compartir la cosa y no encanutársela.

Esculpiendo… era más que periodismo, era crítica, algo casi académico. ¿Cómo se percibían ustedes?
– No era académico en el sentido estricto, pero sí nos asumíamos como algo más que meros periodistas. Estábamos especialmente fastidiados con una suerte de periodismo de rock que nos parecía meramente gacetillero. Lo que intentábamos cambiar era eso.

¿Creés que se puede replicar la revista en la actualidad?

– Hoy, la crítica ha perdido su tarea mediadora. Te encontrás con un mar de información en la web, pero con nadie que te pueda orientar. La ingenuidad de Esculpiendo… fue que nosotros creíamos que podíamos estar al día, después vino Internet, y uno ve lo que sale por minuto y se da cuenta de que es simplemente imposible. La ventaja de hoy es, primero, que hay un cambio generacional. Hay alguna gente más joven que tranquilamente podría escribir. Segundo, hoy es más fácil el contacto con personas de la región. Me gustaría hacer algo que implicara críticos que conozco y respeto de todas partes. Se podría hacer algo mucho más regional. Hay mucha música interesante apareciendo en la región y en el mundo. La evolución de las cosas le dio la razón a Esculpiendo... Nos decían “¿Por qué hacen esa cosa sobre punk finlandés?”. Hoy nada es un secreto, hoy alguien con curiosidad puede ponerse al tanto de la escena en Praga o en Tokio, y descubrir que está a la altura de cualquier cosa anglosajona.

¿Cómo va el segundo tomo de la historia del rock progresivo?

– Debo tener un tercio escrito y voy a tratar de ver si puedo ponerme con otro tercio de acá a unos cuantos meses. Van a ser los capítulos sobre Jethro Tull y Genesis.