Con siete bandas en la marquesina, el domingo 7 de agosto se hizo la primera fecha del Noiseground Festival en Niceto Club. La segunda se hará en el Teatro Vorterix el 20 de agosto.

El Noiseground Festival es una celebración anual del legado, todavía vivo, de la música que Black Sabbath le dio al mundo. El stoner, el doom y el death se hicieron manifiestos en la primera sesión de un gran conclave en honor al guitarrista Tony Iommi y el sonido que supo crear.

Montañas, un cuarteto con un sonido sludge metal, fue el encargado de abrir la ceremonia. Combinaron riffs densos, por momentos brillantes, con una sección rítmica constante y una voz aullada y potente. Concluido el set, fue el turno  del trío instrumental Elefante Guerrero Psíquico Ancestral. Este grupo conformó el segmento progresivo de la noche, manifestándose solamente de manera instrumental, mientras alternaban jazz, psicodelia y la correspondiente herencia metalera.

Poco después, Sauron hizo de las suyas con los aullidos del Pato Larralde erigiéndose por encima de todo. La banda veterana, fundada en 1993, mostró un dominio completo y logró cumplir con las expectativas. Siguió Sick Porky, sólido y contundente, con un rock con tintes desérticos: tres guitarras, un bajo, una batería y una voz que enfatizaba el canto en lugar de los gruñidos infernales. No obstante, los rugidos fueron responsabilidad de Avernal, que tiene 22 años de trayectoria en uno de los subgéneros más interesantes del metal extremo: el death ‘n’ roll.

A las 23 horas llegó el turno de The Shrine, el grupo de rock riffero californiano apoyado por Chuck Dukowski de Black Flag. Tuvieron algunos problemas de sonido iniciales, por momentos la guitarra resultaba inaudible, pero rápidamente se acomodaron y encararon con determinación su set. “Nunca pensamos que íbamos a llegar hasta acá”, confesó el guitarrista Josh Landau.

Pasada la medianoche llegó el turno de Poseidótica, los encargados de cerrar el evento con su particular “rock expansivo”, como lo llaman sus miembros: un final épico para un festival que no estuvo exento de complicaciones en la previa.

Originalmente, la cita iba a ser en el Teatro de Flores, pero al no tener las habilitaciones correspondientes, el evento tuvo que cambiarse de lugar a pocos días de la primera función. Por suerte, con un gran despliegue de voluntad y rápido accionar, lo lograron. Así, la fecha del domingo, que originalmente cerraba el festival pasó a ser la primera. La del sábado fue pospuesta y trasladada al sábado 20 de agosto, en el Teatro Vorterix. En ese sentido, el “gracias por venir” de los músicos tuvo otra fuerza: esa noche, la sala llena de Niceto fue un claro símbolo de la cultura “del aguante”, un pregón propio del mundo del heavy.