Sacudida por las elecciones e inspirada por la amplia plataforma que tiene en 'The Voice', Miley Cyrus está por emerger de un apagón en las redes sociales con música nueva, la vuelta a las raíces y una misión: conectarse con los fans del country y los votantes de Trump, mientras denuncia la misoginia en el hip hop y lucha por los derechos transgénero. “Le estoy dando un abrazo al mundo”, dice desde su casa en Malibú.

Cerca de la autopista del pácifico de California, hay una pequeña casa con una galería de madera pintada con los colores del orgullo. Afuera está decorada con sillas mariposa, una parrilla rosa brillante, girasoles y margaritas. Esto es Rainbow Land, el estudio de grabación donde su dueña, Miley Cyrus, se encuentra disfrutando de una soleada tarde de abril sentada frente a la consola, con su pelo largo y vestida con una remera vintage que dice “Malibú”.

Cyrus está por mostrarme diez canciones de un nuevo álbum que promete (otra vez) transformar una de las carreras más inimitables e impredecibles de la historia reciente del pop. De alguna forma, ella se siente serena y animada al mismo tiempo. Está claro, por como salen las palabras de su boca, que se encuentra terminando un “autoexilio” mediático que duró meses y lista para contar todas las cosas que piensa respecto de todo, desde su distanciamiento del hip hop y su interés en entablar una conversación con quienes apoyan a Donald Trump.

“Esto es loco –dice con su encantadora voz rasposa–, ¡pero no vengo fumando marihuana en tres semanas!”. Sentada frente a una pared que dice “Son las 4:20 en algún lado”, Cyrus se queda pensando “por un segundo” por qué decidió dejar. “Me gusta rodearme con gente que me hace querer ser mejor, más evolucionada y abierta. Y estaba notando que no es con la gente fumona. Quiero sentirme bien atenta y despierta, porque sé exactamente dónde quiero estar”.

¿Y dónde es eso, exactamente? Es, entre otros lugares, en el boscoso complejo de Malibú que incluye Rainbow Land. Cyrus, de 24 años, comparte la propiedad con siete perros, dos cerdos, dos caballos miniatura y un australiano: el actor Liam Hemsworth, con quien volvió luego de haber terminado la relación en 2013. El artista compró la propiedad en 2014, pero Cyrus se mudó con él y dejó su marca allí (también tiene una casa que comparte con su madre, Trish, en Studio City). Cyrus cuenta que cuando no está haciendo música o dos horas diarias de yoga Ashtanga, disfruta de salir a pasear sus perros o ir a comprar víveres. Por lo general, nadie la molesta. “Me encanta hablar con las personas, me acerco a ellas como diciendo ‘No me trates diferente, porque no lo soy’. Eso fue lo que empezó una evolución en mí, salir de mi fase Dead Petz”, afirma, refiriéndose a su álbum de 2015 en cuya gira usaba un disfraz de unicornio con un “cinturonga”. “La gente se me queda mirando, pero bueno, siempre lo hace cuando estoy vestida como un gato”.

El 11 de mayo, los fans y los haters recibieron una dosis de la nueva Miley con Malibu, el primer single del álbum todavía sin nombre que saldrá pronto en este año. Es una dulce canción de amor sobre Hemsworth de un estilo pop rock sin floreos, muy distinto a lo que ha hecho en su carrera, ya sea como Hannah Montana, la princesa punky de Disney que llegó en tres ocasiones al Nº 1 en el Billboard 200; o como ella misma en Bangerz, de 2013, que también fue Nº 1; o incluso con Miley Cyrus & Her Dead Petz. Cuando Cyrus canta “I never would’ve believed you if three years ago you told me I’d be here writing this song [Nunca te habría creído si hace tres años me hubieras dicho que estaría acá escribiendo esta canción]”, tranquilamente podría estar refiriéndose tanto a su música como a esta canción.

Si bien Bangerz y Petz tenían el sello inconfundible de sus respectivos colaboradores, Mike WiLL Made-It y Wayne Coyne, de The Flaming Lips, el nuevo álbum de Cyrus será el más autoproducido hasta ahora. Ella escribió las letras y las melodías, con el productor y compositor Oren Yoel (coautor del track Adore You, de Bangerz, que llegó al Nº 21 del Billboard Hot 100) toca todos los instrumentos.

Cyrus compuso una canción para Hillary Clinton y otra para las mujeres en el ámbito laboral, pero dentro de todo, el álbum es menos explícitamente político y más bien personal. Eso se extiende a la música, que agrega una dosis de vibración a la mezcla que incluye temas acústicos y pop épico. “Esta es Miley volviendo a sus raíces de una forma que nunca antes escuché –dice su padre, el cantante de country Billy Ray Cyrus–. Para ella, esto es honesto”. También es un lugar para desplegar su voz, una de las más expresivas en la música. “Mi preocupación no es la radio –dice Miley, que pasó tres semanas en el Nº 1 en 2013 con Wrecking Ball–. Ni la escucho”.

Cyrus decidió ir más allá de su círculo de “liberales vocales” y encarar a fans del country y votantes republicanos en 2016, cuando empezó como coach en The Voice, de NBC.Me gusta hablar con gente que no está de acuerdo conmigo, pero no creo que pueda hacer eso de forma agresiva –dice Cyrus–. No creo que esas personas se sienten a hablar conmigo si yo estoy con cubrepezones, ¿me entendés?”.

Luego de que Trump fuera electo presidente, Cyrus lanzó #HopefulHippies, una iniciativa de su fundación de activismo joven Happy Hippie que busca alentar a que la gente “convierta la emoción en acción”. Dice: “Me pregunto ‘¿Cómo voy a generar un cambio real?’. No puedo seguir hablando solo con la gente que está de acuerdo conmigo”. Cyrus espera, con el álbum nuevo, poder conectarse con el otro lado. “Este disco es un reflejo del hecho de que sí, me importa un carajo, pero ahora no es el momento para que no te importe un carajo la gente –sostiene–. Estoy dándole un abrazo al mundo y diciéndole ‘Ey, mirá. Estamos bien. Te quiero’. Y espero que vos puedas decirme que me querés también”.

¿En qué momento compusiste Malibu?

En camino a The Voice. Voy manejando a cualquier lado siempre, pero ese día decidí tomarme un Uber y estaba tratando de no cantar muy alto porque había alguien más en el auto.

La gente podría decir que es algo sentimental…

– Van a hablar de mí si salgo de un restaurante con Liam. ¿Por qué no poner de vuelta el poder en mi relación y decir “Me siento así”?

Después de que cortaron, dijiste algo como “Estoy tan metida en mi trabajo que no puedo ni pensar en esto”.

Sí, pero también necesitaba mucho el cambio. Y cambiar con alguien que no cambia de esa manera es muy difícil. De repente es como “no te reconozco más”. Tuvimos que reenamorarnos.

El álbum es muy cantautoresco, ¿no?

Sí. Pero no es hippie. No escucho cosas como Ed Sheeran y John Mayer.

¿Sentís que hay alguna influencia de la cantante folk Melanie Safka [con quien Cyrus tocó en 2015]?

Sí, crecí escuchándola. Pero también me gusta la nueva canción [Humble] de Kendrick [Lamar]. “Show me somethin’ natural like ass with some stretch marks [Mostrame algo natural como un culo con estrías]”. Me encanta porque no es “Come sit on my dick, suck on my cock [Vení sentate sobre mi po—ga, chupame la p–a]”. No puedo escuchar más eso. Fue un poco lo que me sacó de la escena del hip hop. Era mucho “Lamborghini, tengo un Rolex y una mujer sobre mí”. No soy para nada así. Me preocupaba trabajar con ciertos productores que me gustan. Siento que si no estamos en la misma página políticamente hablando… Mi disco es político, pero el tema no termina ahí. Quiero hablar a las personas de una forma compasiva, comprensiva, algo que la gente no está haciendo.

¿Qué fue lo que te atrajo de The Voice?

Me encanta juntarme con Blake [Shelton]. Quiero aprovechar que está ahí, porque sus fans no me toman muy en serio como artista country. Primero, no les di esa música. Pero tengo un tatuaje del autógrafo de Johnny Cash que dice “I’m on your corner [Estoy de tu lado]”, que me lo hizo cuando era chiquita. Dolly Parton es mi madrina. El hecho de que los fans del country me tengan miedo me duele. Toda esta cosa de los cubrepezones la hice porque sentí que era parte de mi movimiento político, y eso me llevó a donde me encuentro hoy. Estoy evolucionando y me rodeo de gente inteligente que evolucionó.

Viste cómo le preguntan a Madonna y a Lady Gaga: “¿Otro disfraz?” “¿Otra fase?”.

Creo que [Madonna y Gaga] son unas iluminadas. Odio cuando la gente no se puede ajustar. Yo solía resistirme al cambio. Pero no fumé marihuana en tres semanas, lo que más duré sin ella. No estoy consumiendo drogas ni tomando. ¡Me encuentro completamente sobria! Es algo que quería hacer.

¿Es difícil no fumar?

Es fácil, man. Cuando quiero algo, es muy fácil para mí. Pero si alguien me hubiera dicho que no fumara, no lo habría dejado. Lo hice porque es mi momento. Sé exactamente dónde estoy ahora. Sé exactamente cómo quiero que salga este disco. Y no en el sentido de manipulación, de querer algo de mi público o mis fans, como si fuera algo grotesco, al estilo de “¿cómo puedo llamar la atención?”. Nunca lo pensé. Me shockeó que la gente se escandalizara por el twerking y el osito de peluche [en los MTV Video Music Awards de 2013, cuando tocó con Robin Thicke]. Es un momento muy distinto, y no creo que eso vaya a molestar a nadie ahora.

Nuestras percepciones de muchas cosas están cambiando a una velocidad increíble. Aún así, hay un porcentaje del público que está un poco asustado de vos, en particular aquellos que tienen una tendencia a denigrar al “otro”.

Estuve hablando de esto con mi hermana [Noah], que tiene 17 y ahora está haciendo música. Creció en L.A. No conoce otra cosa. Ni siquiera sabe que tiene una mente muy abierta, es el único tipo de mentalidad que conoce. Me sorprende que haya habido una controversia respecto a que tuviera bailarines negros detrás de mí. Fue todo un tema, con gente diciendo que yo me estaba aprovechando de la cultura negra, y con Mike [WiLL Made-It]… ¿Qué carajo? No fue cierto. ¡Eran los bailarines que me gustaron! Cuando conocí a Pharell [Williams], antes de Blurred Lines, antes de Happy, la gente no se reunía conmigo porque decían “No tuvo un hit en diez años”. Querían ubicarme con los Dr. Lukes del mundo, los Max Martins, y ponerme en la línea de ensamblaje, y dije “No, este es alguien que se preocupa por mí. Alguien con quien me siento a salvo”. Me dejaron afuera, tuve que confiar en mí misma. Lo que se siente bien para mí se siente bien para mis fans, porque saben que no lo hago porque me lo haya dicho un tipo en saco y corbata. Y ya que estamos, yo fui el que le trajo Wrecking Ball a Luke. Nadie me puso en un cuarto con él. Ya había hecho Party in the USA con él y pensé que él podía manejar ese sonido. ¿Alguna vez viniste a un show de Bangerz?

Sí, fui.

Me enloquecí tratando de hacer que el tobogán de la lengua funcionara. Estaba tan avergonzada de estar en la alfombra roja, con todos esos fotógrafos desagradables que me decían que tirara un beso. No sabía qué hacer con mi cara, así que saqué la lengua y quedó como algo rebelde y punk rock.

El tema BB Talk, de The Dead Petz, critica a un hombre por su baby talking. Parece rechazar ese estándar de género.

Me hubiera gustado que recibiera algo de atención. ¡Nadie vio el video! Era una verdadera puteada. Salir con un músico [como yo] es probablemente lo peor que te pueda pasar, porque siempre terminás con tus quilombos en canciones. Es inevitable. Pero soy así. Soy un poco machona, pero también puedo ser superfemenina y vestirme como un conejito. Con quien ando no tiene nada que ver con el sexo. Soy superabierta, pansexual, así soy yo.

¿Querés que tus tipos sean tipos?

Ni siquiera. Me desagrada. Siempre me meto en problemas por generalizar a los hombres heterosexuales, porque pueden ser mi peor pesadilla. Y eso que estoy con un hombre heterosexual. Pero él siempre dice “¡No me describas así!”. A veces le pregunto “¿Te gusta ser varón?”. Y él me dice “No lo pienso mucho”. Y es muy loco para mí, porque pienso sobre ser mujer todo el tiempo. Pienso: “Es raro ser una chica, porque no me siento mujer y no me siento varón. Me siento como nada”. Cuando alguien es muy masculino, me da asco. Pero al mismo tiempo, las chicas me ponen mal muchas veces, sobre todo ahora. Creo que la moda nos hizo retroceder un poco. Puedo hablar solo de los años que viví, pero no sé si antes era tan importante “encajar”. Ya no es más sobre destacarse o no. Y es raro, porque para los chicos realmente únicos e inteligentes de esta generación la cuestión es destacarse. Me encanta ver estos pibes en Instagram que se visten como los dioses. El mundo actual está realmente dividido, en el arte, la moda… todo.

El país está muy dividido.

Me gusta la manera en que pienso ahora. Pero también a los seguidores de Trump les gusta cómo ellos piensan. Tengo que ser abierta en la forma en que encaro a la gente con mis opiniones. Es la única manera de hacer cambios reales. ¡Y no es porque quiera vender discos! Ahora conozco las cosas que no funcionan. Fui muy dura con las elecciones. Pero al final del día, perdimos. Ganamos, pero como el sistema es una mierda, perdimos. Pensé “Ok, aprendí la lección acá”.

¿Tuviste que ir a The Voice justo después?

Al día siguiente. Quería ir a los ensayos. Liam me dijo “No vayas, no estás ahí, no sabés cómo se siente el resto en el set”. Somos todos de partes distintas del país, así que para él era como “No vayas y te metas con la gente, al menos no ahora”. Claramente porque lo que más necesitamos es unidad.

Posteaste un video en Instagram llorando el día después de las elecciones. Yo tuiteé “Te queremos, Miley”. Y me respondieron tantos tipos alt-right diciendo “¿Te la estás tratando de cog-r?”.

Eso son ellos sexualizándome, porque creen que no podés tomarme en serio. Lo primero que vi en mi Instagram cuando posteé eso fue gente preguntando “Dijiste que te ibas a mudar, ¿cuándo te mudás?”. No es el momento para que me vaya, man. Tengo que estar acá. Tengo que volver a unir este lugar, porque soy de Tennessee, y ese estado fue para Trump. Soy una soñadora y sé que muchas de las cosas que quise hacer fueron consideradas imposibles por la gente.

Leelah Alcorn –una chica trans de 17 años que se suicidó en diciembre de 2014– trajo una nueva visión sobre las cuestiones transgénero.

Sí. Estaba de viaje por Navidad y me quedé como “¿Cómo puedo estar acá por abrir regalos cuando alguien se suicidó?”. Empecé Happy Hippie porque nunca pensé que veríamos el día en el que las Laverne Coxes del mundo consiguieran no solo roles trans, sino roles femeninos. Por eso traje a Jesse [Helt, un hombre sin techo, a los VMAs de 2014], porque me parecía mal que yo fuera y me dieran un premio, celebrando que me desnudé y cabalgando una puta bola de demolición por un día. O sea, ¿qué podía decir? “Gracias, uh… gracias a Terry Richardson [el director del video de Wrecking Ball]”. Habría sido tan raro.

¿Creés que pudiste meter tus opiniones políticas en The Voice?

El estar sentada después de la elección vestida de pies a cabeza de rosa, considerándome una persona neutral en términos de género, una persona de sexo fluido, espero que haya sido un mensaje. Necesitaba un poco de brillo en mi vida, para permitirme manejarme. Irradiar amor es lo más importante para mí. Espero que eso signifique ser político.