En Amántico, su álbum debut como solista, Mike Amigorena se sincera y busca despegarse de cualquier referencia a sus anteriores proyectos musicales.

Mike Amigorena es una metáfora de lo que John Berger entendía por la exhibición de la propia desnudez: “convertir en un disfraz la superficie de la piel, los cabellos del cuerpo”. Con su primer álbum solista, Amántico, el mendocino de 44 años se quiso mostrar “lo más natural posible”. Contrario a lo que hizo en MOX o en muchas de las canciones de Ambulancia, en las que cantaba en inglés, se volcó por completo a nuestro idioma, evadiendo también el maquillaje y los vestuarios excéntricos. “Ya no me tapo, tengo menos inseguridad. Intento ser lo más franco que puedo. Este es el Mike Amigorena más honesto”.

Todas las canciones de Amántico fueron escritas por el multifacético intérprete –algunas tienen autoría compartida–, mientras que Luis Cardozo, guitarrista principal, se encargó de componer la música y de seleccionar los diferentes instrumentos de cada tema. La industria ya premió a Amigorena con dos nominaciones a los premios Gardel (ambas por MOX, una en la edición de 2014 y la otra en la de 2016), un incentivo para seguir esforzándose por mejorar: toma clases de canto y hace un año que estudia piano. “Si lo podés visualizar, es factible. Siempre vi los teclados como un instrumento de gran dificultad, pero ya logré sacar a Mozart. En algún momento tocaré y cantaré simultáneamente”.

“Ya no me tapo, tengo menos inseguridad. Intento ser lo más franco que puedo. Este es el Mike Amigorena más honesto”.

Cuando hablás de inseguridad, ¿a qué te referís?

– El hecho de haber cantado en inglés demuestra que tenía cierta desconfianza en mí mismo. Tengo muy buena fonética, lo que me permitió disfrazar las palabras. En este álbum, al expresarme en castellano, no la puedo caretear y los errores son más evidentes. Cantás bien o cantás mal: no hay mucha vuelta que darle. Enfrento estos desafíos con otra edad, con otra necesidad de mostrar y de crear. Ya no me copa cantar en inglés. También me veía obligado a llevar un look mucho más llamativo. Necesitaba ser un faro, porque si no, creía que la gente no reparaba en mí, y si lo hacía, no me creía. Pero ahora me parece un torre no ser como uno. Es un doble trabajo tener que fingir.

Es curioso que cuando te disfrazabas en escena, salías a la calle de igual modo. Sin embargo, Amántico tiene una estética más elegante y sobria, y adoptaste un look similar para mostrarte públicamente. ¿Cuánto hay de auténtico en esa metamorfosis?

– Me disfrazo desde que tengo 12 años. Era el más chico de mi casa y siempre jugué con la ropa, pero más escondido. Todo fue sincero. No es que ahora, como no me disfrazo, no estoy mostrando mi verdadero yo. Ni viceversa. Siempre me expuse como sentí que debía hacerlo en ese momento. No tengo drama en ponerme una pollera mañana, pero no me sentiría cómodo en esta etapa de mi vida. Desde que nací hago lo que quiero, y por eso me considero exitoso.

“[Antes] necesitaba ser un faro, porque si no, creía que la gente no reparaba en mí, y si lo hacía, no me creía. Pero ahora me parece un torre no ser como uno”.

Amántico tiene un sonido distinto al que te identificaba hasta ahora. Pasaste del dance electrónico al pop romántico…

– Estoy más profundo. Amántico es más natural que cantar en inglés disfrazado en un boliche. Ahora les canto a los vínculos, e indefectiblemente está el amor ahí. MOX y Ambulancia eran puestas en escena, conceptos donde no interesaba mucho el otro. Mi nuevo álbum es con el otro, no funciona solo. Aspiro a sonar como una mezcla crooner de Tom Jones, Sandro, Palito Ortega y Rod Stewart. Es lo que tengo en la cabeza, andá a saber si lo es.

¿Te interesa separar el Mike Amigorena actor del músico?

– No, soy un artista entretenedor. Entre otras cosas, actúo, canto, pinto. Soy eso. En la televisión ves al actor que en el fondo es músico. Se complementan y coexisten todo el tiempo

“Aspiro a sonar como una mezcla crooner de Tom Jones, Sandro, Palito Ortega y Rod Stewart”.

Una vez dijiste que si tuvieses impunidad, matarías. ¿Lo seguís sosteniendo?

– Todos tenemos un costado que desearía matar, pero también tenemos la inteligencia, que nos dice que no lo hagamos. No podría matar, pero me gustaría hacerlo. No destruiría familias ni nada por hacerlo, y tampoco se me ocurre a quién me gustaría quitarle la vida. Creo que si tuviese que optar ahora para qué usar esa inpunidad, elegiría despedir gente. Y no me refiero a nada político, sino a cualquier ámbito. Antes hubiese querido matar, ahora preferiría decirles: “Chau, no te quiero ver más”.