'Solos en América', el álbum que marcó su despegue internacional como artista, cumple 30 años. El exlíder de ZAS decidió celebrarlo con una reedición remasterizada en CD, vinilo y digital, y una gira nacional que culminará el 18 de noviembre en el Estadio Obras, el mismo escenario donde lo presentó por primera vez.

Tras el éxito arrollador logrado, en primera instancia, por el tema Tirá para arriba, pero fundamentalmente mediante el álbum en vivo “Rockas vivas” (1985), Miguel Mateos trepó a la cima del rock argentino y, después de alcanzar su techo a nivel local, se propuso un nuevo e inquietante desafío: trasladar su música al plano internacional. Acompañado por su hermano e inseparable socio musical, el baterista Alejandro Mateos, y el tecladista Julio Lala, el por entonces líder de ZAS reformuló su banda hasta transformarla en un dream team gracias a los ingresos de Cachorro López en bajo y de Carlos “Negro” García López en guitarra.
Luego de un mes de estadía en Los Ángeles bajo las órdenes del productor Kim Bullard (Yes, Mr. Mister), dio a luz “Solos en América” (1986). Se trató de un disco doble que lo catapultó a lo más alto del rock en español en toda Latinoamérica gracias a giras monumentales y al gran impacto de Cuando seas grande, Es tan fácil romper un corazón, Solos en América, Llámame si me necesitas y Mi sombra en la pared, hits que hasta la actualidad no pueden faltar en la lista de temas de sus conciertos.
Hoy, a tres décadas de aquella gesta, Mateos está de festejo, y lo cristaliza a través de una reedición remasterizada del histórico álbum en formatos de CD, vinilo y digital, y de una gira nacional que lo llevó por San Juan, Mendoza, Neuquén, Rosario, Mar del Plata, Tucumán y Córdoba. Finalizará el 18 de noviembre en el mítico Estadio Obras de Buenos Aires, escenario donde hace 30 años lo presentó en vivo por primera vez.

“Solos en América” marcó tu despegue internacional como artista. ¿Ese era el objetivo que te habías propuesto a la hora de encarar la grabación, o todo lo que sucedió después fue inesperado?
– Solos en América significó el gran desafío de salir de un enorme suceso como fue Rockas vivas, un disco multipremiado y que rompió récords de venta en la Argentina, y ponerme a pensar en el álbum siguiente con una idea más global y una consistencia sónica. Yo podría haber seguido con ese sonido medio garaje que, de alguna manera, caracterizó a mis primeros discos. Aunque siempre estaba dando vueltas la idea de algo electrónico o de sumar otros aditamentos. Me imaginaba que, de lograrlo, podría llegar a ser entendido a nivel internacional, despegándome un poco de lo que había hecho antes. Yo no quería repetirme. Por eso, en el disco hay temas de dance pop e incluso funk. Pero lo que sucedió después, más que inesperado, fue algo que superó todas mis expectativas.

En México te siguen recordando porque dicen que fuiste uno de los primeros artistas de rock que, además de presentarse en las grandes ciudades, también lo hizo en pequeños pueblos remotos donde nadie había llegado antes. ¿Eso es así?
– Totalmente. Siempre fui un artista de show en vivo. Esas giras fueron monumentales, y cada vez que viajo a México no solo voy al DF, Guadalajara o Monterrey, sino que también vuelvo a lugares como Oaxaca, Mérida, Puebla y Tampico, entre otros. Además recuerdo que, en aquel momento, había que romper con el prejuicio de que el rock en español no se difundía en las radios de Centroamérica porque creían que era solo una moda pasajera. Solos en América irrumpe en las radios después de un año y pico de no parar de tocar por todos lados, incluso en esos pequeños pueblos a los que te referís. Gracias a esos shows, el público conoció los temas, los empezó a pedir en las radios y el disco se transformó en lo que fue.

Cuando en tus shows interpretás uno tras otro los temas de”Solos en América”, el público enloquece, algo que se repite hasta el día de hoy. ¿Qué es lo que tienen canciones como Cuando seas grande o Mi sombra en la pared para generar esa reacción y conservar tanta vigencia?
– Ante todo pido disculpas por pecar de vanidad, pero me parece que pasa porque son canciones buenas y consistentes [se ríe]. Yo soy lo que soy a través de mi obra; tengo canciones desde 1981 hasta el año pasado, que lancé Electropop. Pero muchos de mis temas de los 80, por alguna razón, han trascendido el tiempo y a distintas generaciones, y me siento afortunado por ello. Quizás tenga que ver con el hook, con el gancho. Si vos abrís un libro, leés las primeras dos o tres oraciones y te atrapa, seguro lo vas a leer hasta el final. Y creo que eso es lo que ocurre con aquellas canciones mías. Letras como las de Cuando seas grande o Mi sombra en la pared pueden haber sido muy representativas para un joven en los 80 e incluso en la actualidad. ¿Quién no volvió alguna vez a su casa, se encerró solo en su habitación y se puso a bailar como loco poniendo la música al palo? Es una sensación única que, creo, sigue pasando y no perdió vigencia.

¿Cómo vivías tres décadas atrás esa doble sensación de estar abriendo camino al rock argentino de manera exitosa, con extensas giras por Latinoamérica y gracias a la repercusión del disco, y al mismo tiempo recibir críticas, a veces un tanto vehementes, de parte de algunos medios locales, argumentando que tocabas esporádicamente en el país y que te habías olvidado del público nacional?
– Creo que fue una situación muy injusta porque, en ese momento, estábamos abriendo una autopista que hoy es frecuentada ida y vuelta por muchos artistas no solo argentinos, sino también chilenos, colombianos y mexicanos. Pero yo nunca bajé los brazos; sabía muy bien lo que estaba haciendo. Y cuando uno tiene en claro lo que quiere, le da para adelante. Difundir el rock en español no era una tarea de un día para el otro; fue un trabajo arduo. Había que aprovechar la oportunidad, y eso solo se lograba con las giras. Esa es la sencilla razón por la que no tocaba tan seguido en el país, pero jamás me olvidé del público argentino. En su momento, eso no se entendió, pero, por suerte, las cosas cambiaron y con el tiempo llegó a comprenderse. Así que para mí ya está, ya pasó.

¿Qué sensación te genera ver una escena actual del rock y el pop latino dominada por artistas colombianos, mexicanos y portorriqueños en lugar de argentinos, como ocurría hace algunos años?
– Me parece que nos tenemos que poner un poco más las pilas, pero no creo que sea por falta de talento. Eso siempre está. Lo que ocurre es que cuando vos dejás de ocupar un lugar, viene otro y lo toma. Podés seguir llenando estadios a nivel local, siendo siempre una banda de garaje, lo cual es muy respetable, pero no es lo único. Todavía hay sectores dentro de la música, muy minúsculos por suerte, que creen que cuando uno quiere perfeccionarse y ser más profesional, es menos roquero. Y no es así. Me parece que hay que explotar más el mérito. Nosotros hace poco tocamos en un festival con The Killers, y sinceramente, sobre el escenario no noté muchas diferencias a nivel profesional. Eso se logra gracias al intercambio con otros países, viajar, girar, comparar, ver cómo trabajan las bandas de afuera, tomar nota y adoptarlo para el crecimiento de uno