De Mendoza a Buenos Aires, el sexteto construye su propia voz en el indie local. Se van a presentar el 15 de octubre en el Festival BUE.

“Yo laburo con una inseguridad muy fuerte, que a la vez es un motor de creación. No te deja frenar” dice Mariano Di Césare, cantante y guitarrista, para explicar cómo Mi Amigo Invencible es la única banda en el indie local que avanza a pesar de la nostalgia. En los últimos cinco años crearon una trilogía –a partir de Relatos de un incendio (2011) y La nostalgia soundsystem (2013)- que culminó, ¿quizás?, con el gloriosamente introspectivo La danza de los principiantes en 2015. Editado hace un año, La danza… agrandó la exposición cimentada a tope de cartel con varios Niceto a sala llena.

“Ese recital fue hermoso. No me lo olvido más. Nos cambió a todos ahí”. Cuando lo dice, Di Césare no se refiere a alguno de esos últimos shows. En realidad, el recuerdo es sobre Tidal, un ya difunto pero vibrante colectivo emocore alemán que en 2002 se embarcó en una breve –y algo accidentada– gira por Sudamérica. Fue en una fecha que organizó Mariano Castro, un amigo de su Mendoza natal, donde los dos también compartieron escenario con sus respectivas bandas. Desde aquel suceso premonitorio, ambos entendieron que el lenguaje del hardcore los estaba limitando. Así como No Demuestra Interés pateó el tablero del género en 1995 con el insular Mensaje no Preciso de Imagen, Castro y Di Césare formaron un nuevo proyecto, Goonies.

Para 2004, el quinteto ya tenía objetivos. Roy, guitarrista de Eterna Inocencia, había viajado a grabar el primer disco de la banda, Conseguir un buen lugar, que se editaría en Noviembre de ese año. Canalizando las coordenadas del punk emocional de The Get Up Kids y Superchunk, sonaba bien, tenía momentos prometedores, pero semanas más tarde se incendió República de Cromañón. Los instrumentos culturales del under entraban en jaque y el plan de alcance extra-cuyano se esfumaba detrás del humo de una bengala. No fue fácil recuperarse de esa.

Aún con el batacazo que sacudió al circuito independiente, nacieron otras ideas y ganas de cultivarlas. “Me había quedado mucha música que no entraba en los Goonies. Tenía otra búsqueda, un cambio muy rotundo” explica Di Césare. La excusa de estudiar cine lo empujó a dejar todo grabado y trasladarse a Buenos Aires. El resultado fue Guaper, la tenaza que corta el alambre del corral (2007), donde se encargó en solitario de toda la instrumentación. Aquel debut, a su vez plantea las bases del vocabulario sonoro central de Mi Amigo Invencible: un híbrido de post-punk, rock cinematográfico y folk, pero con identidad suficiente para escaparle a un único género. Con el crecimiento de los compromisos en vivo, se expandieron hacia un grupo estable completado por Castro, Arturo Martín, Juan Pablo Quatrini, Leonardo Gudiño y Nicolás Voloschin, y que un par de años más tarde se radicarían definitivamente en suelo porteño. “Armamos una presentación en Mendoza y de ahí no paramos de tocar” dice Di Césare.

Dentro de la música también corre en paralelo un imaginario que seduce. Tomando distancia del arrabal de Maxi Prietto o el vulnerable existencialismo de Santiago Motorizado, Di Césare y Castro, principales letristas, no parten de un ejercicio exclusivamente interno sino de una observación minuciosa del mundo que los rodea. En un álbum de MAI pueden aparecer: Nicolino Locche, Diógenes el cínico, un film de Roberto Rossellini, animales, un crooner fracasado, un bar o un antiguo roommate italiano con dificultades para hablar en español. Todos esos elementos forman una obra intertextual a lo largo de toda la discografía. “Hablamos siempre sobre lo mismo pero quizás con un color distinto. Nos gusta repetir y que las canciones dialoguen con las otras” dice Di Cesare. “Genera una ficción que es liberadora en cierta manera. Nos nutrimos de cosas cercanas pero no es que decimos: ‘Hay que hablar de Nicolino Locche’” completa Castro. Sin una agenda marcada, el segundo cantante prefiere sacarle presión a la entidad de los mensajes: “Lo dejo acá, fíjate que pasa”.