Con su último disco, "Linyera", Daniel Melingo sostiene su reconocimiento en el plano internacional.

Daniel Melingo está en plena actividad con el Linyera Tour 2015, la gira de presentación del disco que editó el año pasado y que ya estuvo mostrando en Europa. El 27 de junio va a dar en el ND Teatro su último show en el país antes de volver al Viejo Continente, donde su nombre es reconocido desde hace diez años. Además, durante junio se proyecta en el Malba Su Realidad, la película surrealista de Mariano Galperín que documenta una de las giras de Melingo por Europa.

¿Por qué elegiste partir desde el concepto de “linyera”?

La palabra implica muchas cosas. Es sobre todo una palabra de nuestro acervo lunfardo, que proviene de un viejo dialecto italiano que quiere decir “pobre”, “errante”, un “buscavidas”. Lo que acá después fue el croto, el trabajador golondrina. Alguien que siempre hace algo en función de la libertad, que siempre es  permeable a los cambios. El cambio siempre fue el motor del linyera. Me pareció bastante acompañador este título, no solo por la canción.

La canción es una interpretación tuya de un clásico del tango…

Es una canción de Ivo Pelay los años 40, muy antigua. La mimeticé con Hit The Road Jack y con De Nada Sirve [Moris]. Pelay era un sainetista, letrista y periodista de tango. También era dramaturgo. La popularizó Antonio Tormo a comienzos de los años 50, y partir de ahí quedó en el imaginario popular. Yo la conocí por la orquesta de Enrique Rodríguez, que grababa tango y otros ritmos, algo tradicional en la década los 50.  

Es un disco que fusiona distintos momentos de tu carrera.

Es la vuelta a mis propias raíces. Sigo buscándome a mí mismo. Sigo dándole forma a mi imaginario, que se conforma no solo de tango, sino también de la música clásica y del rock nacional. 

¿Aprendiste más en el conservatorio o tocando rock? 

Con los Abuelos de la Nada hice un posgrado. Yo había estudiado, pero mi posgrado fue arriba del escenario. Aprendí con maestros como Charly García y Miguel Abuelo. Al igual que muchos otros que empezaron con ellos, como Andrés Calamaro, Cachorro López, el Vasco Bazterrica… 

¿Cuándo empezaste a tener buena recepción en Europa?

Hace diez años publicaron mi obra allá. Desde entonces vengo con una continuidad de dos giras anuales en todas las ciudades y capitales. Mis últimos discos fueron grabados en Buenos Aires en estudios ION, con el Portugués Da Silva, una fórmula ganadora que repito siempre. Pero los discos se terminaron de producir en Francia, en su mayoría con los músicos que me acompañan. 

¿Te importan más las ventas o el reconocimiento de tus pares? 

A esta altura mi búsqueda es interior, con mi grupo de laburo. Es una búsqueda musical de lo que me representa a mí, de lo auténtico, en lo que yo me vea reflejado. Ya estamos preparando el nuevo material, trabajando la dramaturgia con Vivi Tellas, una vieja colaboradora mía. Tengo una media de veinte canciones nuevas. 

FOTO: Gigriders