Es periodista y rapero, tiene 23 años y acaba de publicar “En Formas Propias”, el libro donde describe su enfermedad: fibromatosis hialina juvenil.

Por Santiago Torres

El libro debut de Matías fue editado por Tusquets en la colección Mirada Crónica, dirigida por la escritora y editora Leila Guerriero.
Si bien cuenta su dolorosa historia, hace foco en el humor, lo que oxigena el clima del relato. “Soy periodista e intenté hacer esta fusión entre escribir letras improvisando y mezclarlo con el periodismo y la literatura, el humor negro. Agarro mi enfermedad y trato de descansar a medio planeta”, cuenta.

Eva de Dominici nos recomendó tu música…

La empecé a seguir por Instagram, le mandé un corazón a ver qué onda y me contó que había leído una nota sobre mí, de una profesora que había dicho que yo era producto de incestos y venéreas. Me contó que había flasheado un montón con mi manera de contarlo, empezamos a hablar, hicimos un par de videollamadas y quedamos en hacer un videoclip juntos cuando venga a capital.

¿Dicen cualquier barbaridad?

Cualquier barbaridad. De todo, mucho está en el libro “Formas Propias”, que acaba de salir por Tusquets, de Planeta.

¿Cómo armaste el libro?

Lo hice todo yo. Me lo propuso un profesor de la facultad el último día de clases de segundo año de Periodismo Deportivo. En primer año había publicado notas en La Nación, Perfil y Página 12, escribía notas largas, yendo bien hasta el fondo sobre otros personajes, deportistas. Venía siguiendo a un profesor que escribía crónicas, perfiles, de esta fusión de periodismo y literatura y quería escribir sobre mí. Me dio un poco de miedo…

Si bien me había ido del todo bien con mis primeros pasos, un libro es otra cosa. Pensarlo, trabajarlo… La idea es que hayan un montón de conceptos y que el lector pase por varios estados al leer. En ese momento, no me sentía capacitado o animado, venía de la secundaria, fumar fasito con los pibes, rapear, tener ataques de pánico, estar en una. De golpe era mirar la enfermedad de frente. Era parte de mí y ya está. Tenía que estacionar en el espejo, mirarme, hacerme preguntas y mostrar la mirada de los otros. Eso es muy loco.

¿Sos lector?

Leo mucho: con el celu, novelas, crónicas, cuentos. Soy periodista e intenté hacer esta fusión entre escribir letras improvisando y mezclarlo con el periodismo y la literatura, el humor negro. Agarro mi enfermedad y trato de descansar a medio planeta.

¿Escribirías un guion para cine?

¡Re estoy! Hace poco participé en un corto que estuvo en BAFICI y va circulando por varios festivales internacionales como Toronto, Ámsterdam, Cannes. Todo lo que tenga que ver con la escritura y el rap está conmigo. Duermo y sueño rapeando, estoy despierto escuchando historias de enfermeros vertiginosas y sangrientas. Me encanta estar quieto pero tener los ojos para retratar a los demás. En el libro me tocó retratarme a mí pero lo hice con todo el placer y las ganas de poder contarle a mis amigos.

¿Por qué rap y no rock, pop?

Estoy viendo si saco un disco o un tema, otro tema, otro tema. Pero sí, no hago trap, sino rap. Hay algo de rap, rock, punk, hay una mezcla de géneros y no pienso cuál es. Lo que sé es que rapeo, no soy un gran cantante: sé hacer rimas y escribir, manejo ese terreno.

¿Con quién trabajás?

Con Bruno, un amigo de mi hermano de la UNTREF. Es músico, sabe de armonía, piensa e intenta hacer un trabajo complejo, no ir por las bases de rap predecibles.

No interesa el hit, sino lo poético…

Sí, soy medio anti trap. O anti hegemonía. Me gusta demostrar que aunque esté todo roto físicamente la puedo pulir igual. Nos manejamos en términos de conceptos, le paso la letra, él me sugiere cambiar cosas, hace la base, freestyleo. Todo en mi pieza, que es mi propio estudio.

¿Por qué lo hacés?

Porque amo hacerlo y es mi trabajo. Y porque creo totalmente que en algún momento voy a vivir de esto. Estoy convencido. Creo mucho en la ley de atracción, me pasó con el libro. Lo tomó una editorial súper grande en menos de 10 días. Por cómo me estoy manejando, tengo 16 temas, creo que te pasé 4. Me estoy volviendo loco, quiero sacarlos todos y que se pudra.

¿Por qué dejaste la carrera de periodismo?

Siento que me aporta más hacer talleres de escritura con Juan Sklar, Leila Guerriero, Leila Suker, con escritores piolas que saben editar textos. Leila es la editora de mi libro, la number one de la crónica. Hice el libro solo, acompañado de otra Leila y después pensé en ella como editora porque es “la” cronista de Latinoamérica. Además de ser buena escritora es buena editora, no es lo mismo escribir bien que saber editar. Hay que saber editar a otro y decirle las cosas de una manera honesta, directa, ser tajante si es necesario.

¿Qué tiene que tener un artista que te interese?

No me interesa que ostente, que sea híper hegemónico y que hable del amor, a favor de la vida y la reproducción: lease putas, drogas, etc. No me representa. Tampoco me representa esto de colgarse de los lunfardos de otros países, de ser argentino y hablar como puertorriqueño. “Estoy en la “caie” chico quién eres tú”, teniendo un lenguaje argentino tan rico y estupendo, me parece un despropósito usar o copiar otras culturas, sabiendo que es algo nuestro. Respeto un montón de artistas que lo hacen, pero no me representa. Uno tiene que ser uno y no tiene que cambiar su vocabulario o forma de hablar para que los otros te escuchen o sigan. Prefiero ser yo mismo. Para mí es súper valioso lo argentino, el folklore. L-Gante me cae súper bien, por ejemplo. Dicen que inventó un lenguaje, pero no, habla como es él. Eso me representa a mí, la crudeza del barrio, los pensamientos introspectivos, las descripciones de los personajes que uno crea en sus letras o sobre uno mismo cuando canta, escribe, improvisa. Estamos trabajando con la palabra y tenemos que hacernos cargo de eso.

¿Cómo te llevás con los cuatro acuerdos?

Creo que la ironía y el humor negro es súper importante. Ser verdadero, uno mismo. En mi caso mezclo imágenes, pensamientos, escenas de barrio, hospital, sangre, enfermeros, con palabras. Con flow.

¿De qué barrio es Mati?

Flores, cien por ciento. La Plaza de Los Periodistas está a tres cuadras de casa.