Hacerse un tatuaje con Johnny Depp, pelearse con Bieber y un nuevo álbum… dos décadas después, Marilyn Manson todavía está furioso.

Marilyn Manson está muy dolorido. Esta no es la vulnerabilidad que uno podría esperar del autoproclamado “Anticristo Superstar”, que alguna vez alardeó de meterse agujas de coser debajo de las uñas para divertirse. Anoche, el subversivo del hard rock y su amigo cercano Johnny Depp se hicieron los mismos tatuajes de la tapa original de Las flores del mal, el libro de poemas de Charles Baudelaire: un esqueleto cuyos brazos se transforman en ramas de árbol. A pesar de su legendario consumo de absenta y narcóticos, Manson todavía parece estar gobernado por el mismo sistema nervioso que nosotros.

“Todas las cicatrices –musicales, físicas, mentales, emocionales– te definen”, dice Manson. A los 48, ya pasó por la muerte de sus padres, un divorcio con la bailarina de burlesque Dita Von Teese y la disolución de varias relaciones de alto perfil. “Si vas a enfrentar el mundo, lo cual ya hice, debés tener mucha espalda, más de lo que la gente cree, –afirma– No estoy alardeando, pero pesa”.

El oriundo de Ohio se encuentra en una suite del Hollywood Roosevelt, un hotel aparentemente embrujado. Viste con los colores del encargado de un cementerio: un saco y un pantalón negro; y botas de combate, también negras. Está afilado, es elocuente y pensativo como lo fue en su memorable participación en Bowling for Columbine, el documental de 2002 de Michael Moore.

El décimo álbum de Manson, Heaven Upside Down, que estará disponible a partir del 6 de octubre, inaugura un tercer momento de su vida, en el cual emerge como actor (Salem, Sons of Anarchy) y fuente de inspiración para las estrellas pop rebeldes, desde Justin Bieber hasta Lil Uzi Vert. La colaboración con el compositor Tyler Bates (Dawn of the Dead, 300) muestra a Manson fusionando Killing Joke y Massive Attack Due con la propulsión maniática de sus primeros clásicos. Al reflexionar sobre el camino al lanzamiento, Manson habla de política, estrellas pop que usan sus remeras y cómo los clubs de strippers y el vodka lo ayudaron a lidiar con la muerte de su padre.

El día de las elecciones lanzaste un pequeño videoclip para tu single Say10, en el cual estás sentado sobre un trono, presidiendo sobre una figura ensangrentada y decapitada que parece Donald Trump. Explique.

En cuanto a la política, el mejor momento para hacer arte es ahora, pero fue exactamente igual con [George W.] Bush, con [Bill] Clinton… con cualquier presidente. Obviamente, hice una declaración el día de las elecciones, que fue artísticamente puesta en un video, y estoy sorprendido de que la gente no estuviera enfocada en mí haciendo que lluevan hojas de la Biblia, sino en la figura con traje y corbata roja, que podría haber sido cualquiera. Lo hice en un determinado momento para hacer una declaración más que para votar. Mi trabajo es ser el caos en el mundo, no resolver problemas. Soy un tornado.

¿Creés que este es un momento más caótico que otras épocas?

Estas cosas pueden llevar a la locura a cualquier fanático religioso o político, o a cualquiera que ponga las emociones por encima de la lógica. Esa es una de las cosas que aprendí en estos últimos dos años: lógica por encima de las emociones. Porque habitualmente reacciono de forma ilógica, como aquella legendaria historia en la que puse una pistola en la boca de un editor. Lo único que puedo decir al respecto es que sí me escondí de ser arrestado por agresión en la Trump Tower. Y esta es la única vez que mencionaré su nombre en la entrevista.

¿Qué te parece haber pasado de ser el rebelde antiestablishment a ser celebrado como una figura ilustre, luego de que Lil Uzi Vert te llamara su “mayor influencia”?

Cuando conocí a Uzi, me dijo que [la remera de Marilyn Manson que estaba usando] tenía semen encima después de una experiencia personal, y que dormía con ella. Estaba gastada, no era faux vintage. Me recuerda a mí mismo cuando recién arrancaba. No creo que él sea del momento, sino que va a ser alguien que se hará cada vez más y más grande. En cuanto a gente como Justin Bieber, él estuvo usando mi remera en el escenario, pero no de la misma manera que Lil Uzi. Me lo crucé en un bar donde van muchísimas celebridades, palabra que detesto. Vi una nenita de pelo rubio con un buzo rosa y resultó ser Bieber. Me senté y le dije “Ey, así que usaste mi remera y todo en el escenario”. Es una de esas personas que se ponen difíciles cuando hablan. Y me contestó: “Yo te hice relevante de nuevo”.

¿Cómo le respondiste?

Le dije: “La idea que tuviste de hacer The Beautiful People mañana en tu show en el Staples Center es muy buena”. Y me contestó “Sí, lo es”, sin saber que le había dicho una idea que acababa de inventar. Su tour manager se sentó y le pregunté: “¿A qué hora es la prueba de sonido mañana? ¿A qué hora querés que esté ahí? Porque vamos a hacer Beautiful People”. Obviamente, cuando se hicieron las cuatro de la tarde del día siguiente, ni fui. Lo lindo fue que ni siquiera tuve que demandar a su empresa por hacer las remeras que usó con su nombre y mi cara. Fue como “Sabemos que estuvimos equivocados acá; agarrá los dólares que quieras”. Así que fue un doble fuck you, pero eso no habría pasado si no hubiera dicho “te hice relevante de nuevo”.

A principios de año, tu padre falleció luego de una larga enfermedad que mantuvo bastante en secreto hasta el final. ¿Su muerte afectó la creación de Heaven Upside Down?

Acababa de terminar Saturnalia, la última canción que me quedaba para finalizar el disco. Justo después hablé con mi primo en Canton, Ohio, que me dijo que tenía que ir a casa a ver a mi papá. Solo tuve la oportunidad de saludarlo, darle un beso, decirle que lo amaba. Media hora después, le agarraron convulsiones y falleció. Yo tenía una botella llena de vodka, y fue muy difícil; estaba de rodillas en un rincón llorando, tratando de manejarlo. De alguna forma, lo revivieron y lo pusieron en terapia intensiva, así que hice lo que mi papá hubiera querido: ir a un club de strippers con mi primo. Estábamos ahí y del hospital me llamaron para pedirme permiso para resucitarlo de vuelta [si llegara a morir nuevamente]. Les pregunté si había algo que pudiera hacer esa noche. La enfermera me dijo: “Bueno, podrías rezar por él”. Me enojé tanto que le dije “Chupala”, y corté.
A la mañana siguiente fui a las siete de la mañana y fue terrible. Le pedí al doctor que le diera mucha morfina. Mi tía estaba parada al lado de mi viejo y quería tenerlo de la mano cuando falleciera, pero él tenía su mano en su pito, así que no pudo. Se fue como un campeón. Y él habría querido que lo cuente de esta manera.

Pasaron 20 años desde que lanzaste el single Rock Is Dead. ¿Cómo cambió para vos?

El estilo de vida del rock and roll no está muerto, solo tenés que ser bueno haciéndolo. Debés ser profesional si querés ser una estrella de rock. Estoy seguro de que hubo momentos en que mi vida no era tan buena como debería haber sido. Y tengo que decir que quiero hacer un regreso. Este disco fue volver a las raíces: tiene el fuego, porque me siento de la misma manera. Cuando la gente me pregunta: “¿Qué te tiene tan enojado?”, yo respondo: “¿Qué es lo que no me tiene enojado?”.